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F. P. PUCHE
Martes, 21 de julio 2015, 00:00
Cuando se rueden episodios de 'Juego de Tronos' en Peñíscola habrá la natural expectación, un gran interés de la gente por aparecer en la película como figurante y una curiosidad natural ante el espectáculo del cine y su aparato. Pero en Peñíscola ya ha habido otras generaciones que han conocido el cine en vivo. Al menos dos grandes rodajes son recordados y han tenido a muchos vecinos como extras: 'El Cid', de Anthony Mann, y 'Calabuch', de Luis Garcia Berlanga. Y de ambos hay sobrados rastros en nuestra hemeroteca.
El director valenciano dio primero; no en balde veraneó siempre en la zona. En 1955 y 1956 rodó en las playas y calles de Peñíscola, un pueblo todavía 'virgen' para el turismo, su película 'Calabuch'. Cuando los misiles marcaban crecientes tensiones entre rusos y americanos, Berlanga, consciente de la guerra fría, situó en Peñíscola al idílico Calabuch, un rinconcito del mundo donde acaba refugiado un entrañable sabio americano, experto en cohetes nucleares, que se ha hartado ya de los problemas.
Endmund Gwenn, actor americano de pinta bonachona, hizo el papel del científico que encuentra en una España subdesarrollada toda la ternura, toda la candidez, toda la picardía y la sencillez que Berlanga puso en su película. Y con los actores secundarios 'de toda la vida' -alcalde, sargento de la Guardia Civil, farero, torero sin fortuna- compuso un friso humano, berlanguiano como pocos, y lleno de emociones divertidas.
¿Quién pudo reunir a gentes tan dispares como Charlton Heston, Félix Rodríguez de la Fuente y Ramón Menéndez Pidal para una foto? Pues fue Peñíscola. Heston interpretaba 'El Cid' junto a Sofía Loren; el naturalista aportó sus conocimientos como halconero para el rodaje y el experto medievalista y cidiano dio su bendición a un guión que habían hecho los americanos un poco a su aire y estilo. Desoyendo, desde luego, el que había preparado antes el valenciano Vicente Escrivá para Rafael Gil.
Peñíscola se transformó por completo. Los vecinos se pusieron cascos y tomaron lanzas, e incluso fueron protagonistas de llamativos 'gazapos', puesto que hay planos donde se ve fugazmente a un señor con boina. El paisaje, sin apartamentos, era espectacular. Los artistas falleros recrearon murallas que tapaban las casas 'innecesarias' y la playa se convirtió en palenque medieval. Porque, aunque parezca increíble, la Valencia que conquistó el Cid resulta que estaba 'metida en el mar', y Peñíscola fue el escenario perfecto para la productora Bronston.
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