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Manolo Valdés, frente a una de sus esculturas. :: EFE/JUAN CARLOS HIDALGO
«Nunca donaría mis obras a un museo para que las tuviese escondidas»
Culturas

«Nunca donaría mis obras a un museo para que las tuviese escondidas»

El artista valenciano prepara una muestra con 30 obras suyas que se expondrán en la avenida neoyorquina de Broadway Manolo Valdés Escultor y pintor

MIKEL LABASTIDA

Lunes, 28 de diciembre 2009, 01:11

Vive en Nueva York pero permanece conectado a todo lo que sucede en la Comunitat Valenciana. «Ya no hay distancias», afirma este escultor, que revolucionó el arte con Equipo Crónica y ha invadido ciudades de todo el mundo con sus populares meninas.

-Si Velázquez levantara la cabeza y viese sus Meninas callejeras, ¿qué pensaría?

-Espero que le gustasen, igual que a mí me gusta lo que él hizo. La Menina, de todos modos, forma parte de la iconografía española y, por eso, llama tanto la atención en mis exposiciones. Fuera de España no ocurre, se valoran otras piezas.

-¿Está trabajando ahora en alguna exposición al aire libre?

-Sí. En primavera inauguraré una muestra al aire libre con 30 piezas que se expondrán en la avenida Broadway en Nueva York. En ella estarán algunas de las obras más famosas de mi carrera pero también habrá creaciones nuevas. Además, preparo otra exposición de pintura y escultura que realizaré en Francia.

-Observar su obra bajo los rascacielos neoyorquinos debe de ser gratificante. ¿Qué sensaciones le ha provocado ver sus esculturas en vías de todo el mundo?

-Se han expuesto en espacios muy diversos y no siempre he podido comprobar cómo quedaban, aunque a veces me daba la sensación de que formaban parte del entorno. Fue maravilloso verlas en el desierto de Arizona, en los jardines del Palais Royal de París o en San Petersburgo en la época en que acontecían las noches blancas.

-Lleva más de 40 años en activo. ¿Nunca se acaban las ideas?

-Todo tiene un límite y yo soy consciente de ello. Lo importante para mí es no cambiar mis ideas básicas e ir introduciendo variaciones.

-Lo que supongo es más complicado es mantener el espíritu crítico y el compromiso político característico del Equipo Crónica.

-Es imposible. No tendría sentido mantener hoy en día aquel espíritu porque la sociedad ha cambiado. Nosotros luchábamos contra el franquismo, algo que afortunadamente ya no existe. Seguir en aquella línea sería como luchar contra molinos de viento.

-Sin embargo nada de lo que hicieron en aquella época ha quedado desfasado. Las obras de Equipo Crónica siguen vigentes y llamando la atención del público.

-A veces me sorprendo por ello y es algo que me alegra. El valor que tiene el trabajo de Equipo Crónica es el momento en que se realizó, las condiciones eran precarias y a Valencia no llegaba la cantidad de información de la que se dispone hoy en día. Creo que todo eso hace que nuestras obras se revaloricen.

-¿Echa en falta en el arte actual movimientos más arriesgados como fue Equipo Crónica?

-El arte nunca para, siempre hay gente innovando. Hay artistas demasiado extremos a los que no se entiende bien. Tiene que pasar un tiempo y tomar distancia para ver lo que merece la pena y pasar a la Historia.

-Hace unos días el también valenciano Miquel Navarro entró en la Academia de las Bellas Artes de San Fernando. Creo que ustedes se conocen desde hace años, ¿no?

-Efectivamente, somos amigos y admiro su obra. Le profeso un gran afecto personal y profesional. De hecho, en mi colección tengo varias de sus obras. Es de lo mejor que tenemos en la Comunitat. Cuando él comenzó otros de su generación parecían tener más futuro, pero él ha demostrado con su trabajo que es uno de los grandes. Él es un buen ejemplo de que los juicios nunca son buenos al principio de una carrera y que hay que ver cómo evoluciona el artista.

-¿Usted donaría sus obras a un museo como hizo él con el IVAM?

-No, nunca donaría mis obras a un museo para que las tuviese escondidas. Es algo en lo que no creo porque la mayoría de obras permanecen guardadas. Los museos en la actualidad se han inclinado por organizar exposiciones temporales y actividades y apenas muestran sus fondos, que están ocultos en almacenes y salen sólo ocasionalmente. Yo considero que es mejor que mi obra se reparta entre 20 o 25 museos y así es más factible que el público acceda a ella.

-¿Contará Valencia con más esculturas en la calle de Valdés?

-Me daría vergüenza tener otra, yo creo que la ciudad se ha portado muy bien conmigo y es suficiente.

-¿Qué pasó con la obra que iba a hacer para la Biblioteca Valenciana?

-Ni me acuerdo, hace tanto tiempo que no sé en qué quedo.

-Antonio López aseguró no hace mucho que la Comunitat está repleta de esculturas que son unas castañas. ¿Qué opina?

-Es su opinión y la respeto, pero creo que es una exageración, sobre todo, por la cantidad de obra pública que hay. Las habrá más bonitas y más feas. De todos modos, si él piensa eso le invito a que coloque una suya para mejorar el nivel.

-¿Se está notando mucho la crisis en el arte?

-No, creo que es un mundo en el que la situación no ha variado demasiado a juzgar por los espectaculares resultados de las últimas subastas o la buena marcha de ferias como la de Basilea. Quizá ahora entre los coleccionistas se observa un menor riesgo, van más a lo seguro. No obstante, si hay o no crisis no sólo se debe medir desde el punto de vista de ventas. La asistencia a museos no ha disminuido, siempre están llenos de gente. Hay costumbres, como leer, oír música o acudir a ver arte que no han perdido apoyo.

-¿Qué aporta Manhattan a su labor como creador?

-Es la tierra de la excelencia y también una urbe muy exigente. No todo lo de Nueva York es lo mejor, pero si hay algo bueno en el mundo pasa por aquí. Si tienes ganas de trabajar y estudiar Nueva York es el lugar perfecto. Pero nunca hay que bajar la guardia, porque por cada artista que sale de la ciudad, hay otros diez esperando para ocupar su lugar.

-Encontrará Valencia muy cambiada cada vez que viene, ¿no?

-Mucho, cuando yo me fui no existía infraestructura ni galerías, ni prácticamente nada. Hoy en día ha tomado otro rumbo y se ha volcado en la cultura.

-¿Le trata bien cuando regresa?

-No me puedo quejar. Llevo 20 años fuera y cada vez que vuelvo me siento como en casa. No le puedo pedir más.

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