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Planes

Sombras centenarias

El patrimonio natural bien merece un paseo. Mas de 300 árboles históricos y singularesse erigen en Valencia

Carmen Sánchez Adán

Sábado, 20 de julio 2013, 12:53

Cada domingo el abuelo Mario se reúne con su nieto Miguel en el Parterre. Allí, al cobijo del ficus, ambos intercambian batallitas y comparten juegos. La espectacular sombra del centenario árbol abarca una superficie de 1.000 metros cuadrados. Se plantó a mediados del siglo XIX. Es, junto a otro ejemplar de Sicilia, el más antiguo de Europa. Sus 22 metros de altura y los 37 metros de diámetro de copa le convierten en toda una autoridad. Es uno de los monumentos naturales de Valencia, pero no el único. En la ciudad del Turia se puede disfrutar de la sombra de 300 ejemplares arbóreos históricos y singulares, según un inventario del Ayuntamiento.

En el Jardín Botánico destaca una inmensa Palmera Datilera, conocido popularmente como la carcasa (Phoenix dactylifera). Tiene 20 metros de altura y 27 brazos. Es usada en medicina como emoliente y sus hojas se emplean para confeccionar las palmas del Domingo de Ramos. Originaria del norte de África, es también empleada en paseos marítimos gracias a su resistencia a la sal y al toque tropical que aporta.

La yuca, con sus hojas en forma de espadas y sus racimos de flores blancas, tampoco pasa inadvertida a los visitantes del Jardín Botánico. Ni la gran colección de Robles Mediterráneos, que en épocas pasadas servía como para la alimentación humana y del ganado. La visita de Mario y su nieto concluye en la sombra de La Lana, especie conocida como chorisia speciosa. Este árbol destaca por la fibra algodonosa que envuelve a sus semillas. Su nombre guarda gran historia, ya que Chorisia proviene de un artista de origen ruso, llamado Ludwing Choris (1795-1828), que viajó con varias expediciones de naturalistas por Sudamérica y Europa, mientras que el término speciosa significa bella, debido a la belleza de sus flores.

Mario y su abuelo continúan la ruta natural por el Jardín de Viveros, donde destacan las palmeras Washingtonia filífera, de 15 metros de altura, que en su día fue posada de reyes tanto de la taifa valenciana, como para los monarcas de la Corona de Aragón, los Austrias y los Borbones desde el siglo XI al XIX.

Al paseo por este jardín se incluye la visita al árbol almez. Este ejemplar está muy extendido en la región mediterránea y el sudoeste de Asia, plantado normalmente en parques y jardines, así como en alineaciones de calles por su tolerancia a la contaminación. Curiosamente sus raíces se han llegado a emplear para la fabricación de objetos tales como las pipas de fumar.

Antes de abandonar Viveros, abuelo y nieto visitan un conjunto de pinos carrascos de más de 20 metros de altura. Sus copas, de apariencia esclarecida, van evolucionando a lo largo de los años desde su planta, ya que durante su crecimiento toma forma piramidal y a partir de los 20 años va tomando forma globosa. El tronco es macizo y rugoso, de corteza gris rojiza siendo el conjunto del árbol muy resistente a la aridez.

La ruta por los monumentos naturales valencianos continúa por el Jardín de Ayora, donde reina el cactus arbóreo, un ejemplar propio de zonas montañosas. Bernabé Moya, el director del Departamento de Árboles Monumentales de la Diputación de Valencia, resalta el porte arbóreo del ejemplar. El recorrido verde prosigue por la Alameda. Conocida como el antiguo acceso al Palacio del Real desde el mar, reúne «magníficos ejemplares naturales centenarios», señala Moya, como la planta trepadora glicina, originaria de China, que se encuentra emparrada en una pérgola, ofreciendo durante los meses primaverales una floración de un intenso color morado dulcemente perfumada. También destacan los grandes ficus de hoja magnolia, que presentan una copa densa y voluminosa; los pinos canarios, árboles que resultan ser la especie empleada como símbolo natural de la isla de la Palma, junto con la graja; o el eucalyptus, cuyo aceite que impregna sus hojas tiene propiedades medicinales y que fue introducido en territorio español de la mano del misionero fray Rosendo Salvado, ya que durante su estancia en tierras australianas envió semillas de este ejemplar a su familia debido al valor ornamental dado su gran porte.

El último destino que el botánico Bernabé recomienda es la avenida del Antiguo Reino. A pesar de tratarse de una vía urbana, cuenta con frondosas palmeras que simbolizan las antiguas entradas de las masías valencianas. En esta vía se encuentra «tros de l'horta» en plena ciudad de Valencia, comenta el experto en árboles monumentales.

Las palmeras datileras de la avenida Antiguo Reino son de principios del siglo XX . Su fruto es un cultivo común en zonas áridas y tropicales de Arabia.

Mario y Miguel son dos personajes ficticios, pero el recorrido verde es real. Tan real como frondoso. Tan real como magnífico. Tan real como natural. En Valencia cualquiera puede arrimarse a un buen árbol, sólo es cuestión de elegir cuál: un ficus, una palmera, una yuca, un pino... Buscar una sombra centenaria está al alcance de cualquiera. En la ciudad del Turia, más de 330 monumentos arbóreos ofrecen la mejor alternativa para afrontar el calor.

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