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J. A. Z.
Miércoles, 26 de diciembre 2007, 04:04
Un paseo por el Bajo Segura, especialmente por Torrevieja, permite comprobar aún hoy las consecuencias del terremoto que el 1 de marzo de 1829 sacudió esta y otras localidades. Las secuelas, especialmente la falta de edificios altos, son todavía visibles pese a que han pasado casi dos siglos.
El seísmo, de 6,6 grados en la escala Richter, el más grande que ha sufrido la Comunitat Valenciana en toda su historia, dejó casi destrozadas Torrevieja, Almoradí, Benejúzar y Guardamar. Poblaciones que tuvieron que ser reconstruidas prácticamente en su totalidad.
A raíz de este movimiento sísmico, el más fuerte de los cerca de 200 que sacudieron esta zona en apenas seis meses, la forma de construir cambió radicalmente. En el nuevo planeamiento urbanístico para reconstruir las ciudades había un elemento común: todas las casas sin excepción alguna eran de planta baja.
Debido a los cerca de 400 muertos que se produjeron durante el terremoto, todos los nuevos inmuebles estaban dotados con un corral interior para que al menor temblor sus habitantes pudieran salir a un espacio abierto o a la calle para evitar futuras desgracias.
Esta preocupación por la construcción de las nuevas viviendas ha llegado incluso hasta nuestros días. De hecho, aún hoy son muy pocos los edificios altos que se han creado en Torrevieja.
Los promotores que trabajan en esta ciudad prácticamente no se atreven a construir edificios altos. Sin embargo, sigue habiendo valientes que sí que llevan adelante proyectos de este tipo.
Material especial
En este caso, emplean en la construcción "materiales especiales que resisten mejor los temblores y que pueden considerarse antiterremotos", señalaron fuentes municipales. En la inmensa mayoría de los edificios, se emplea una correa de hormigón armado para que los efectos de los movimientos sísmicos sobre la estructura de los edificios no sean tan dramáticos como resultó en 1829.
A eso también ayuda la diferencia en la calidad de los materiales empleados en aquella época y los que se usan en la actualidad, que son mucho mejores.
En la época actual es cuando, gracias al empleo de estos materiales, esta localidad alicantina está recuperando la construcción de edificios de gran envergadura.
Y es que hay que estar preparados por si vuelven a producirse terremotos de esta magnitud. Algo que no es tan descabellado. El director de la Unidad de Sismología de la Universidad de Alicante, José Giner, calcula que en un periodo de 500 años "existe una elevada probabilidad de que vuelva a ocurrir algo similar". El seísmo de Torrevieja se produjo en 1829.
Eso sí, será difícil que se repita una situación tan importante. Desde el 13 de septiembre de 1328 y durante el siguiente medio año se contabilizaron más de 200 temblores cuya violencia se dejó sentir en todas las poblaciones de la comarca. El más importante fue el citado de marzo del 29 en el que fallecieron casi 400 personas. La mayoría de los muertos estaban en Almoradí, el 50%, y después en Rojales, con un 25%, y Benejúzar, un 12% del total.
Los otros seísmos más importantes que han afectado a la Comunitat Valenciana en toda su historia son el de diciembre de 1396 en Tavernes de la Valldigna, en el que se hundieron 200 viviendas, un número elevado para la época, y cuya magnitud fue 6,5 grados, y el de Estubeny en 1748, de 6,2 grados, y que afectó a la localidad, Montesa y Sellent.
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