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A. CHECA
Domingo, 26 de abril 2015, 09:07
Tras el trágico suceso del instituto de Barcelona, las asociaciones de familiares de personas con problemas mentales o discapacidad pusieron el grito en el cielo por la vinculación entre trastorno psiquiátrico y delito. Sobre todo porque la supuesta planificación del crimen del profesor por parte del menor de 13 años no parece muy compatible con el brote psicótico todavía no confirmado oficialmente por un facultativo. Y las estadísticas demuestran que la indignación de las asociaciones y familiares de enfermos psiquiátricos está justificada.
Los datos no pueden ser más claros al respecto: sólo un 1% de los menores que acaban cometiendo un delito sufren algún tipo de dolencia psiquiátrica que actúa como detonante, como subrayan expertos en Psicología o el informe 'Situación del menor en la Comunitat del hoy extinto Centro Reina Sofía para el estudio de la violencia.
El año pasado, la Fiscalía asumió 5.438 casos de menores infractores. Aunque en realidad fueron algo más de 4.000, pues 1.105 tenían menos de 14 años y resultaron penalmente inimputables. En el capítulo de delitos llama la atención los más de 600 expedientes abiertos por supuestos malos tratos a familiares o los 1.200 casos de hurto.
Desde la Fiscalía también destacan el «significativo incremento» de menores que padecen un Trastorno de Déficit de Atención por Hiperactividad (TDAH), un trastorno del comportamiento caracterizado por episodios de distracción moderada a grave, conductas impulsivas, inestabilidad emocional...
Según el psicólogo Javier Urra, «solo en algunos casos se puede estimar el TDAH como un trastorno de origen neurológico».
Mayor visibilidad
Más allá del campo delictivo, los expertos consideran el TDAH como una psicopatalogía que ha adquirido mayor presencia entre la población adolescente. «En mi práctica profesional no he observado que los trastornos en la población infantil y juvenil hayan sufrido un incremento significativo en los últimos años. Sin embargo, sí se ha dado mayor visibilidad a problemáticas que no se identificaban como tales, como el acoso escolar, el trastorno por déficit de atención e hiperactividad o la depresión infantil», indica la psicóloga y criminóloga Rosa García Martínez.
Javier Urra pone sobre la mesa algunos factores que, en la observación diaria de los padres pueden servir para detectar posibles «futuros violentos» en un adolescente. Por ejemplo, «que se sienta atraído por temas fanáticos o violentos, lecturas de esta índole o videojuegos. Y, al mismo tiempo, que se vaya encerrando en sí mismo».
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