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V. LLADRÓ
Lunes, 5 de enero 2015, 00:04
Muchos naranjos ornamentales que pueblan las calles de Valencia presentan sus naranjas (como puede verse en la foto) con la piel repleta de caparazones de 'poll roig', una cochinilla que es una de las principales plagas de la citricultura valenciana, hasta el punto de que centra campañas de tratamientos específicos en el campo durante dos épocas concretas de la temporada: final de mayo-principio de junio y entre agosto y septiembre.
Sin embargo, en la ciudad no es combatida esta plaga, entre otras cosas porque los naranjos que adornan muchas calles son 'bordes' y a sus naranjas, amargas, no se les da valor comercial (en otros sitios sí que las recogen y venden para mermeladas y esencias), por lo que no hay interés en librarlas de insectos que las deterioran. No las estropean del todo en este caso, pero sí que las afean, como puede apreciar cualquier viandante que se fije en el aspecto deplorable que presentan.
No obstante hay un problema añadido. Independientemente de que las naranjas urbanas tengan o no valor comercial, e incluso dé igual que queden afeadas por el 'poll roig', lo cierto es que al no tratarse la plaga, los árboles se convierten en magníficos focos de reserva para que la cochinilla viva y se multiplique a sus anchas, lo que extiende la preocupación entre los citricultores. Mientras se ven obligados a redoblar esfuerzos para evitar este problema en sus campos, temen reinfestaciones al comprobar que en la ciudad se mantienen graves núcleos de reproducción de la cochinilla.
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