

Secciones
Servicios
Destacamos
LOLA SORIANO
Domingo, 9 de mayo 2010, 03:25
La historia contada desde el otro lado. Los aparcacoches que cada día pasan ocho o diez horas buscando espacios libres para que los conductores aparquen su coches aseguran que preferirían tener un trabajo estable, «pero como no lo tengo y hay que llenar todos los días la barriga, pues me tengo que buscar la vida», indica un gorrilla.
Uno de ellos, que suele situarse cerca del paseo marítimo de Valencia, comenta que este año «ya me han puesto cuatro multas, y no sé si a la que hace cinco te mandan al juzgado y si hace falta a Picassent». Esta persona, vecina de Valencia, había trabajado toda la vida de peón, «pero me prejubilaron, tengo una pensión ridícula, que no pasa de 300 euros, y no me da para nada. Llevo 16 años ayudando a aparcar coches».
Este gorrilla comenta que ellos están pendientes de que salgan coches, «pero en ningún momento agobiamos. No les pedimos nada. Si nos quieren dar la voluntad bien y si no, tan amigos».
Otro chico algo más joven admite que se reparten las zonas. «Hacemos turnos, unos estamos de día, otros a media tarde y otros por la noche». Este joven relata su vivencia. Antes trabajaba como pintor, «pero es que no hay trabajo, ya no me llama nadie. Algo tendré que hacer para salir viviendo». Este gorrilla lleva dedicándose a buscar aparcamientos doce años.
Ambos apuntan que sacan al día cinco o diez euros. «Vas al supermercado, te compras una barra de pan, algo de fiambre y un refresco y, con suerte, el día que más sacas, tabaco».
Los sábados o domingos, cuando más gente visita espacios como la playa, es cuando más dinero pueden obtener de las ayudas que les da la gente. «El fin de semana mejor, veinte o treinta euros».
La mayoría duerme en la calle. Como el 'papi', apelativo cariñoso que emplea un compañero, un gorrilla madrileño (de Vallecas) que acude cerca del paseo marítimo. «Tengo 57 años y llevo 21 años en esto. Yo era camarero, pero ya no me buscan», indica Papi, un valenciano al que le encanta leer. Enseña una multa que le han puesto hace unos días. «Me multan por estar en la calzada cuando hay acera habilitada para ello y la multa es de 90 euros. Pero si no tengo ni para comer, ¿cómo esperan que pague esto? Son multas mal puestas, porque mucha gente va por la calzada en zonas próximas a centros comerciales y no los multan».
Su amigo, el madrileño, tiene 32 años y lleva 10 años de aparcacoches. «Trabajaba de seguridad, estuve hasta vigilando el estadio del Bernabeu. Pero me quedé sin trabajo. Hago un llamamiento a que me ofrezcan algún puesto. He tirado curriculums de trabajo en muchos sitios, pero no me buscan. Encima, resulta que no tengo ni teléfono móvil y vivo en la calle. Lo que hago es dejar referencia de una dirección del albergue donde voy a ducharme, porque soy muy curioso. Voy todos los días a la calle de la Barraca, en el Cabanyal».
Publicidad
Publicidad
Te puede interesar
Publicidad
Publicidad
Esta funcionalidad es exclusiva para suscriptores.
Reporta un error en esta noticia
Comentar es una ventaja exclusiva para suscriptores
¿Ya eres suscriptor?
Inicia sesiónNecesitas ser suscriptor para poder votar.