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LAURA GARCÉS
Miércoles, 19 de mayo 2010, 02:51
La familia como escuela de fe, el desapego de los bienes materiales y no oponer resistencia al mal fueron algunos de los valores que ayer defendió Kiko Argüello, iniciador del Camino Neocatecumenal, en la conferencia que pronunció en la Universidad Ceu Cardenal Herrera. Junto a él se encontraba al arzobispo de Valencia, monseñor Carlos Osoro.
Argüello, que pronunció sus palabras de pie con el micrófono en la mano, defendió que el «acto conyugal debe estar siempre abierto a la vida» porque «es un sacramento». Tras esta afirmación lamentó que muchos lo conviertan en «falso» por recurrir a «la píldora, el preservativo o retirándose».
Al hilo de estas afirmaciones criticó a las familias católicas que tienen «uno o dos hijos» y se preguntó cuántos cristianos más habría si esas parejas tuvieran más hijos. Este planteamiento le llevó a considerar que por ello «necesitamos a los musulmanes, traer inmigrantes...»
Como contrapunto a las parejas con uno o dos hijos hizo referencia a los miembros del Camino que están «contentísimos de tener 9, 10 y 11 hijos», una realidad que convierte al movimiento Neocatecumenal en un medio que «salva a la familia, a la Iglesia y a la sociedad».
La preocupación por la familia del iniciador del movimiento popularmente conocido como 'los kikos', ocupó buena parte de su conferencia. Señaló que en algunas partes del mundo «ya no hay familia» y afirmó que a «eso quieren llevar a España».
El desapego de los bienes materiales, «del dinero», fue otra de las cuestiones a las que Argüello hizo referencia con alusiones a la actual crisis económica.
«Mañana puede que caiga Grecia, y que le sigan España o Portugal», situación que consideró que no debe atemorizar a los cristianos porque ellos aquí son «exiliados. Nosotros somos de los cielos».
Más adelante volvió a pronunciarse sobre la conveniencia de romper las ataduras a bienes materiales e incluso a uno mismo. Para ilustrar esta consideración de nuevo citó como ejemplo a los miembros del Camino Neocatecumenal.
«Tenemos 700 familias en misión. Han dejado su trabajo. Antes de conocer el Camino me habrían dicho yo necesito el sueldo, las vacaciones, la televisión...» Insistió en que una vez se trasladan a los lugares de evangelización «son felices» porque dejan de «preocuparse» de ellos mismos.
También invitó a los cristianos a no oponer resistencia a las contrariedades de la vida y en varias ocasiones afirmó que el «infierno existe».
Casi al final de su intervención lamentó con fuerza el camino hacia la «secularización total» por el que se dirige Europa. Volvió a citar la labor de los miembros del Camino Neocatecumenal «que queremos presentar la belleza del amor que es Cristo» y por ello «tenemos que dar un testimonio público de amor».
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