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F. P. PUCHE
Sábado, 9 de octubre 2010, 02:17
Se cumplen 50 años de la muerte de un músico español extraordinariamente popular, José Padilla Sánchez (Almería, 1889- Madrid, 1960), al que los valencianos debemos la genial inspiración de haber compuesto el pasodoble que lleva por título "Valencia". En un día como el de hoy, en que celebramos entre emociones nuestra fiesta autonómica, parece justo evocar la figura de este compositor andaluz que, después de nuestro José Serrano, es el que más acertó a la hora de crear una melodía que fuera capaz de identificar a nuestra ciudad y nuestra tierra en todo el planeta.
Docenas de artistas de todos los registros y estilos, hombres y mujeres, orquestas de fama y bandas mínimas, han interpretado, cantado y grabado en las últimas décadas una canción que saben tararear y que identifican cientos de millones de personas en el planeta. Pero el famoso pasodoble, que enseguida cobró vida propia en los escenarios y los discos, nació engarzado a una zarzuela, que se titula "La bien amada"; y que se estrenó en el teatro Tívoli de Barcelona en el año 1924. A José Andrés de la Prada, el libretista, se debe, pues, esa definición que nos identifica, traducida a no menos de cincuenta lenguas, como la "tierra de las flores, de la luz y del amor".
La canción "Valencia" nació para ser cantada por el coro de la zarzuela. Pero la gracia de su melodía, lo extraordinariamente pegadizo de su musicalidad, dejó atrás enseguida el marco original y pasó en solitario a los escenarios y los discos. En menos de tres meses se instaló en los teatros ligeros de París, --el Theatre de l'Avenue, el Champs Elysées, la Gaité Lyrique-- cantada por Mercedes Serós; pero fue la traducción de la letra que hicieron al francés Lucien Boyer y Jacques Charles la que hizo que una cantante querida por todos los parisinos, la Mistinguett, la incluyera en su repertorio. En los felices veinte, cuando los discos de 78 revoluciones hacían furor entre la juventud europea, Padilla se convirtió en el músico favorito de París.
Su letra está compuesta de metáforas floridas, de un barroquismo que llamamos tópico. Pero, nos guste o no, han creado una imborrable definición de nuestra tierra en el mundo entero. Aquí, como es sabido, "tus mujeres, todas tienen de las rosas el color"; y tenemos un paisaje festoneado por "la blanca barraca y la flor del naranjo". Y es que "Valencia" se codeó muy pronto con las mejores composiciones de Padilla, autor de melodías que identificamos como francesas aunque son de su mano: "Ca c'est Paris", por ejemplo, es llamada "La Marsellesa de los parisinos". Tanto es así, que la UNESCO declaró la música francesa del maestro como de Interés Universal y la ciudad del Sena reconoció en 2006, ante la casa del maestro, que había compuesto piezas capaces de representar a Francia y a París en el mundo. Con todo, Padilla es igualmente adorado en Portugal porque su "Estudiantina portuguesa" es tan emblemática, sino lo es más, que los más encendidos "fados".
Sin embargo, "nuestro" pasodoble, el que pregona que "amores en Valencia son floridos como ramos de azahar" llegó a reportar 25 millones de francos a su autor a los pocos años de su composición, compartía éxitos de ventas, con mérito propio, junto con piezas del maestro, tan populares como "La Violetera" o "El Relicario". Son las que primero cantó Raquel Meller y más tarde, en los cincuenta y sesenta, resucitó, con un éxito delirante, Sarita Montiel. Aunque la capacidad mimética de la música del maestro que construyó mundos musicales a la medida y, cuando quiso, triunfó con tangos, tan intensos y famosos como "El taíta del arrabal", "Tango al corazón" o "Vieja herida".
Tito Schipa, Mario Lanza, Titta Ruffo, Maurice Chevalier y Joséphine Baker se unieron a Raquel Meller y la Mistinguett y grabaron canciones del maestro. Como las hermanas Flores y Pastora Imperio compitieron con Sara Montiel. En Youtube, nuestra "Valencia" se puede escuchar en docenas de versiones de todo tipo, cantada en alemán, francés y castellano.
No tardó el cine, que se hizo sonoro al final de los años veinte, en asumir la genialidad del maestro. Por eso se pueden rastrear partituras suyas en más de 300 películas y en docenas de series de televisión, rodadas en Europa, América del Sur y desde luego Hollywood. Fellini, Riddley Scott, Arturo Ripstein, Martin Brest, Ermanno Olmi y Ersnst Lubitsch han incluido partituras suyas en sus producciones, que han cantado, por otra parte, desde Barbra Streisand a Francisco, pasando por Plácido Domingo y Alfredo Kraus. Si en origen fueron la Lacalle Spanish Band o la banda de Paul Whiteman las que incluían música del maestro en su repertorio de discos, más tarde dio la vuelta al mundo el pleito que Padilla interpuso a Charles Chaplin cuando usó "La Violetera" en la película "Candilejas" y no tuvo ni el detalle de poner su nombre en los créditos. El compositor, desde luego, ganó el pleito y una suculenta indemnización.
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