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PACO MORENO
Domingo, 13 de marzo 2011, 13:33
«No puedo ni mirar». Elin Castillo, presidenta de la falla Salamanca-Conde Altea, asistía ayer a una de las ceremonias más tradicionales que se producen cada año en Fallas, la de aquellas comisiones que deciden hacer una plantà al tombe, es decir, a pulso y con riesgo de que se parta de cuajo la estructura de madera.
En esta ocasión, al igual que sucedió el pasado año, el rito se cumplió a la perfección. El artista, Juanjo García López, dirigió la maniobra en la que participaron una docena de persona. Hacía algo de frío y lloviznaba poco después de las once de la mañana, aunque muchos sintieron valor al ver cómo alzaban la pieza de 8,5 metros de altura y 500 kilos en apenas unos segundos.
Este año, el monumento está dedicado al Colegio del Arte Mayor de la Seda, que pasa por uno de sus momentos más difíciles. El artista explicó que contará con telas y un bastidor alto, para que tenga un aire de falla antigua. La base está decorada con reproducciones de los pavimentos cerámicos que hay en el suelo del edificio de Velluters, ahora en restauración.
Concha Gimeno, especialista en cerámica del siglo XVIII, es la que se ha encargado de esta parte del trabajo, que ayer se podía ver en el cruce cubierto de plásticos. La parte central de la falla representa la fachada del colegio, con el remate del dios Cronos, que simboliza el paso del tiempo. García López añade que se trata también de reivindicar el oficio de maestro sedero. «De un gusano ha salido todo», precisa sobre su falla.
Se trata de un monumento modesto, encuadrado en la categoría de Sexta C. La presidenta comenta que eso es lo de menos. «Se pone un presupuesto y ya está, después te ponen en una clasificación», para poner el acento en cuestiones como la recuperación de la plantà al tombe y otras tradiciones valencianas como el cant de l'estoreta.
En Valencia hay otras fallas que siguen esta ceremonia, aunque son las menos. La práctica mayoría prefiere la seguridad de la grúa, que permite además trabajar con grandes volúmenes. En Salamanca-Conde Altea lo tienen muy claro, a pesar de que a algunos de los asistentes no les llegaba el blusón al cuello. «¡Cuidado con el cable!» fue lo que se escuchó de varias voces cuando Cronos y los maniquíes llegaron a la vertical, al quedar peligrosamente cerca de un cableado aéreo. Después, con la fuerza de operarios y falleros, la estructura se movió hacia el centro del cruce, orientada como ordenó el artista.
Tras la complicada operación llegó el turno de falcar los 500 kilos de manera adecuada, primero con una buena cantidad de arena y después con cuñas de pequeño tamaño que equilibraron el conjunto. En los próximos días llegarán el resto de las piezas. García López planta en total cinco fallas este año, por lo que tendrá que repartir su tiempo hasta el próximo martes, cuando se celebra oficialmente la plantà.
Hasta entonces, tabal y dolçaina para todos, como disfrutaron ayer la fallera mayor de Valencia, Laura Caballero, y su corte de honor, quienes asistieron a la entrega del primer premio Edison Valls que entregó el Colegio de la Seda a la falla, un galardón que desean prolongar en próximos ejercicios a la comisión que difunda la entidad.
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