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PACO MORENO
Sábado, 9 de abril 2011, 02:52
Después de años de negociaciones, varias empresas propietarias y modificaciones de proyectos, ha visto la luz la reforma de la antigua fábrica de Bombas Gens, en el barrio de Marxalenes. El emblemático inmueble, uno de los símbolos arquitectónicos de esta parte de la ciudad, albergará un hotel, un edificio de apartamentos, una galería comercial y un aparcamiento subterráneo.
Para encajar todo eso ha sido necesaria una larga negociación entre los promotores y la concejalía de Urbanismo, encabezada por Jorge Bellver, para pasar después por el filtro de la comisión de Patrimonio, que la semana pasada dio su visto bueno, según informaron ayer fuentes municipales.
Los vecinos recibieron la noticia con aplausos. Carmen Berlaga, de la asociación vecinal de Marxalenes, recordó que hace años «había más posibilidades de que el proyecto tuviera éxito. Nos alegramos porque los dueños actuales tienen voluntad de hacerlo».
Hace unos meses que la empresa promotora colocó una caseta para informar de la reforma, aunque ya ha desaparecido. La fábrica, al contrario de lo que ocurrió hace años, ya no sirve de refugio para indigentes, aunque la parte trasera es una selva virgen, llena de matorrales.
La nave está delimitada por la avenida Burjassot, la calle Reus y la calle Doctor Machí. El extremo más próximo a la línea 4 del tranvía es el que se encuentra en peor estado de conservación, aunque Berlanga recordó que esa parcela ya no forma parte de la promoción.
La intervención es muy «compleja», indicaron fuentes municipales, que recordaron el rechazo a la primera intervención, al incluir el derribo del muro trasero de la nave. A pesar de que la empresa se comprometía a reconstruirlo, la decisión fue pedir un nuevo diseño que salvara este obstáculo.
En cifras, se ha previsto un edificio de apartamentos con 30 viviendas en un inmueble de siete plantas, que incluye también otro 30 trasteros. El hotel tendrá ocho plantas y 116 habitaciones y dos suites, además de piscina y solarium.
Por lo que respecta al edificio comercial, los usos están por determinar, aunque se compone de un semisótano, planta baja y entreplanta, con una superficie total que ronda los 1.400 metros cuadrados. Por último, habrá un aparcamiento subterráneo para 522 vehículos, así como 61 trasteros independientes a los edificios.
El retraso en las obras provocó incluso una recogida de firmas entre los vecinos, para protestar por el abandono de los solares y su ocupación ilegal durante meses, con chabolas y otros refugios. No obstante, estos se encontraban fuera de Bombas Gens, en la parcela más próxima al gran parque.
Esta zona verde encierra otras construcciones protegidas, que en algunos casos han sido rehabilitadas. Dos alquerías han sido reformadas, mientras que sigue a la espera la vieja fábrica de aceite, destruida en parte por un incendio.
El conjunto de Bombas Gens tiene un nivel 2 de protección patrimonial, por lo que la legislación sólo obliga a mantener las fachadas. Estas se integrarán con los nuevos edificios, tres bloques de distintas alturas y un jardín en la parte trasera. Berlanga recordó como anécdota que una de las condiciones de Patrimonio era mantener un magnolio en esta pequeña zona verde.
«Con las dificultades que ha tenido el proyecto, con lo que hemos padecido los vecinos porque nunca parecía que esto se iba a aprobar, entonces salieron con lo del árbol». En su opinión, el emplazamiento es «inmejorable, cerca del jardín del Turia» y confía en que las obras puedan eludir la crisis.
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