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ESTHER BROTONS
Domingo, 10 de abril 2011, 15:31
Con el pelo recién salido de la peluquería -«me he hecho la permanente», comenta-, la coquetería es uno de los rasgos que mejor define a Natividad Martínez. A su edad, da gusto. «A mí me quiere todo el mundo», dice con orgullo. Simpática como ella sola y tremendamente cariñosa es una institución en Santa Pola. No en vano, la 'tía Nati, la modista' -tal y como la conocen sus vecinos- ha sido Reina de las fiestas de la Tercera Edad, le han hecho multitud de homenajes, ha recibido algún título por su simpatía y hasta tiene una plaza con su nombre en el pueblo. Muestra las fotografías que ilustran el momento.
«Voy a cumplir 105 años», sentencia. Sus hijos se echan las manos a la cabeza. «Que todavía te queda mucho». El 19 de diciembre celebró sus 104 años de historia. Y con un siglo a sus espaldas, la 'tía Nati' sentencia: «Pero este año los cumplo».
Esta santapolera es un buen ejemplo del aumento de la esperanza de vida de los alicantinos. Llegamos hasta los 81,10 años de media. Ahora bien, las mujeres tienen más aguante. Duran 84,11 años, casi seis más que los hombres. Así se comprueba también con los centenarios: siete de cada diez son mujeres, de un censo de 348 personas en la provincia. Todos ellos han cumplido 100 o más años. ¿Son muchos o pocos?
Si se tiene en cuenta que en 1996-el primer balance que recoge el Instituto Nacional de Estadística (INE) al respecto- eran sólo 70, la cifra se ha quintuplicado. Y si la comparativa se hace con el último año, el aumento también es significativo, de un 25%. Similar situación se produce con los nonagenarios. Hace 15 años eran 4.819 personas, ahora ya vamos por los 10.828 y este galopante envejecimiento no ha hecho más que comenzar. Una ancianidad que se acusará más en los próximos años con el descenso de los nacimientos que ya está experimentando la provincia por culpa de la crisis y la marcha de la inmigración. Una caída en picado de los bebés que va a poner en serios apuros a municipios, que ya de por sí lo tenían difícil para reflotar la población. Y es que el 44% de los pueblos de la provincia están saldándose con crecimientos vegetativos negativos. Es decir, tienen ya más muertes que nacimientos (sobre todo se da en el interior y en la Marina Alta).
Si se ha escogido a la 'tía Nati' es porque sus facultades están prácticamente intactas. Se ha contactado también con otros centenarios ilustres, -tenían entre 100 y 102 años-, pero sus familiares reconocían que sufrían importantes lagunas de memoria. Natividad, todo lo contrario. Según sus hijos, es la más anciana de Santa Pola y, seguramente, una de las pocas centenarias de la provincia que «esté tan bien».
Así se encuentra a las once de la mañana. Sentada en un sofá del comedor y preparada para que le fotografíen. Le gusta la cámara y también hablar, aunque advierte de que está un «poquito sorda», por lo que pide que las preguntas se hagan con voz potente.
«Yo soy de mi 'orihuelica' del señor», recuerda. En Orihuela fue donde nació, hasta que se 'ennovió', se casó y se fue con su marido a vivir a Santa Pola, donde nacieron sus cuatro hijos. Uno de ellos ya no está a su lado, al igual que su esposo. Pero no quiere hablar de los momentos amargos, que evidentemente los hay y le entristecen, y prefiere contar anécdotas y recordar a los viejos amigos.
Modista de profesión, dice que ha cosido ropa para la mujer del que fuera presidente de la Diputación de Alicante entre 1964 y 1966, Alejo Bonmatí González, creador del premio Azorín de literatura e hijo adoptivo de Santa Pola. Con cuatro hijos, once nietos, 15 biznietos y una tataranieta, ya van por la quinta generación. Y lo que le queda por ver. Porque la 'tía Nati' advierte: «Yo todavía no me quiero morir».
Esta centenaria vive con su familia, con su hija Nati. Sin embargo, entre los 80 y 85 años, un tercio de las mujeres y el 17,75% de los hombres están solos y necesitan cuidados. Una tendencia que evidentemente irá en ascenso debido a que los núcleos familiares cada vez son más reducidos y que el rol que todavía hoy desempeñan las hijas como cuidadoras de los ancianos tenderá a desaparecer. ¿Está el sistema público sociosanitario preparado y suficientemente desarrollo para atender a las generaciones que se avecinan?
El secretario general de Comunicación de CC.OO. en L'Alacantí-Les Marines, Salvador Roig, reconoce que se ha avanzado mucho en los últimos 15 años en cuestión de recursos. Sin embargo, hay que introducir cambios en el modelo sanitario, con mayor coordinación entre los servicios dependientes de los municipios y los de las consellerias de Sanidad y Bienestar Social y con el objetivo de crear un circuito eficaz dirigido al anciano.
Los geriatras aseguran que si se introdujera su figura en el sistema, Sanidad se ahorraría tiempo y costes porque se trata de un colectivo que está excesivamente medicalizados, -y no siempre necesitan tantos fármacos-, son los más pisan los centros de salud para recetas, realizando un romería por diferentes especialistas por la dolencias de todo tipo sufren. El problema es que en la provincia no hay unidades acreditadas para formar a estos médicos, que deben marcharse a otras autonomías para formarse. «Es necesario desarrollar esta especialidad, crear equipos multidisciplinares y elaborar planes integrales hacia los mayores para acabar con el peregrinaje y las derivaciones a los diferentes especialistas. La coordinación de los recursos sociales y sanitarios es muy importante», afirma Roig.
La ley de la dependencia es otro cantar. Según el informe del Imserso sobre 'Las mujeres mayores en España', se tiene que desarrollar la «totalidad» de esta normativa y promocionar nuevos servicios sociales para lograr, en definitiva, un «envejecimiento satisfactorio». Una conclusión que hoy por hoy es difícil de aplicar ya que la normativa está frustrando las expectativas de muchas familias, que están en lista de espera para acceder a los recursos que solicitaron.
Es cierto que la crisis y el paro tampoco ayudan y el sector privado no está pasando por un buen momento, con residencias que no consiguen llenar sus plazas, y con familiares que prefieren hacerse cargo del anciano y recibir los 400 y 500 euros de prestación por los cuidados. Una atención, que por muchos lazos de sangre que unan, provoca agotamiento y estrés.
Por eso, Natividad, mejor dicho, la 'tía Nati' es una afortunada. Porque puede seguir rodeada de sus familiares; porque dice que es «muy feliz»; porque sus hijos, a quienes intenta «no dar mucha guerra», son «mi tesoro», y porque «a mí me quiere todo el mundo».
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