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J. AGUADÉ
Martes, 26 de abril 2011, 02:42
La imagen del yoga como algo estático y unipersonal se desmorona cuando se llega al viejo cauce del Turia, a la altura de la estación del puente de Calatrava, y se ve a un grupo de personas haciendo piruetas en pareja. Es el Acro Yoga y como casi todo, hasta en esto de la espiritualidad, ha llegado desde Estados Unidos.
Carlos Kamal es un profesor de yoga que tiene su centro en Alginet, pero que también hace actividades los fines de semana. Valiéndose de internet supo del acro yoga una especialidad que nació en San Francisco en 2003 cuando dos yoguis se juntaron en una casa y comenzaron a hacer posturas de equipo. Les gustó y, a partir de ahí, hay ahora muchos centros repartidos por el mundo que lo practican.
Carlos Kamal, su nombre profesional, lo ha traído a Valencia y para mostrarlo ha decidido hacer «quedadas» en las que la gente puede aprender algunas posturas. Kamal se reunió el pasado domingo con un grupo de amigos y seguidores del yoga junto a la estación del metro del río. Allí comenzaron a hacer piruetas que quedaban de los más estéticas en el verde jardín. Pero por encima de lo plástico, Carlos destaca que esta es una actividad que, además de tener todos los activos que se pregonan con el yoga, permite el practicarlo en pareja: «Es una mezcla entre masajae tailandés y una serie de posiciones aéreas para conseguir que el cuerpo esté más relajado», decía el profesor mientras levantaba a una de las asistentes al curso sosteniéndola con los pies y usando el equilibrio.
José y Merche se habían enterado el sábado por internet de la queda en el río y vinieron desde la comarca de l'Horta para asistir a la clase de Carlos: «Es una actividad que sirve para profundizar en la confianza de la pareja», decía José que es el que se pone debajo para soportar el liviano y elástico cuerpo de su compañera.
Una de las sensaciones que más se destacan de esta actividad es que se trata de algo parecido a volar, claro que para el que está arriba porque el de abajo está pegado a la esterilla. Lo llaman conciencia espacial y es que el cuerpo hunamo no está muy acostumbrado a ciertas posturas que se adoptan en el acro yoga. Merche dice que se trata de una actividad que «te da mucha conexión con el que está abajo y te sirve para quitar muchos miedos que se tienen. Se trabaja mucho con las emociones y los pensamientos».
Carlos invita a la gente a venir a volar con ellos. No hay más que estar pendiente de su facebook para saber cuando serán las próximas 'quedadas' que el profesor advierte que «cuando haga mejor tiempo serán en la playa. Ahí es un buen sitio para hacer el acro yoga».
A lo mejor dentro de unas semanas se encuentran a un grupo de yoguis, cada vez más numeroso, haciendo 'vuelos' en La Malvarrosa.
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