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Alumnos de diferentes facultades beben en el campus de Tarongers. :: JESÚS SIGNES
El macrobotellón obliga a suspender las clases en Tarongers para evitar incidentes
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El macrobotellón obliga a suspender las clases en Tarongers para evitar incidentes

La supresión de las paellas en el Grao acaba en un multitudinario encuentro de miles de jóvenes junto a las aulas de las facultades

C. FERNÁNDEZ

Viernes, 6 de mayo 2011, 13:26

Un macrobotellón obligó ayer a la Universitat de Valencia a cerrar el campus de Tarongers y suspender sus clases de la tarde en los aularios norte y sur, donde se encuentran las facultades de Derecho, Económicas y Ciencias Sociales. Las redes sociales volvieron a dar un ejemplo de solvencia de convocatoria, y en apenas unas horas cerca de 3.000 personas se concentraron en el campus vía mensajes por Internet y móvil.

La fiesta comenzó ya por la mañana. Los más 'madrugadores' estaban a mediodía sentados en el suelo tomando tranquilamente unas cervezas. El día tenía pinta de ser largo y había que tomárselo con calma.

A las 15.30 horas los decanos de Derecho y Económicas tomaron la decisión de cerrar el campus. «Los jóvenes estaban entrando en los edificios para hacer uso de los servicios y para evitar que se alterara más la situación se ha decidido clausurarlo», afirmaron ayer fuentes de la Universitat.

Tal y como avanzó LAS PROVINCIAS, estaba previsto celebrar esta semana la fiesta anual de los estudiantes en el Grao, pero ante los inconvenientes por obtener autorización para celebrar el evento, los alumnos decidieron acabar con la burocracia y se congregaron en los bajos de los edificios de Tarongers, junto a la Facultad de Derecho, convocados por el boca a boca y por las diferentes redes sociales.

La Asociación Valenciana de Estudiantes Universitarios (AVEU) se mostraba ayer muy molesta con la «mala gestión» de la Universitat. «Lo único que ha hecho la institución que dirige Esteban Morcillo es cerrar los aularios y suspender las clases y esto supone la demostración de la incapacidad para dirigir la institución académica», explicaba Víctor Soriano, vicepresidente de dicha entidad.

Los estudiantes están muy molestos porque esta fiesta alternativa se ha producido «por una suma de desinterés, incapacidad e intereses económicos», apuntó el presidente del colectivo, Ángel Mínguez.

El año pasado esta fiesta se celebró en el paddock de la Fórmula 1 y se sumaron los alumnos de las Universidad de Valencia y la Politécnica. Este año la empresa organizadora buscaba un enclave para montar el evento y solicitó al Ayuntamiento permiso para celebrarlo en el tinglado 2 del puerto.

Una petición que fue rechazada por lo que posteriormente quisieron organizarlo en los terrenos de Adif, en el paddock del circuito de F1. Fuentes del Ministerio de Fomento en un principio acordaron celebrar la fiesta, pero más tarde no llegaron a un acuerdo con al empresa y tampoco mostraron su disponibilidad por lo que los alumnos improvisaron su escenario junto al campus.

«Todo el año esperando»

Los jóvenes celebran desde hace muchos años la misma fiesta y no iba a ser 2011 el primero en que se fallara. «Llevamos todo el año esperando este momento y por culpa de la Universidad o de nuestros representantes, nunca lo sabremos, no nos vamos a quedar sin celebrar esta fiesta que no hace daño a nadie», afirmaba un futuro ingeniero con la camiseta llena de lamparones de vino. «El año que viene espabilarán y buscarán un lugar donde hacer las paellas porque les hemos demostrado que nosotros no vamos a dejar de hacer el día de la paella», decía Raquel con una cervecita en la mano y unas papas a modo de aperitivo.

Además, la mayoría ya tenía la bebida preparada y «no vamos a desperdiciarla», acertaba a explicar una alumna de Derecho, mientras esperaban a que la fiesta fuera cogiendo enjundia.

Cada vez iban llegando más alumnos al lugar de convocatoria con ganas de pasarlo bien. Cada curso se hizo una camiseta en la que ponían un lema gracioso; casi siempre relacionando sus estudios con el tema sexual 'Todo lo que te puedo enseñar no está en la wikipedia' o con sus ansias de pillar una buena cogorza 'Tanto estudiar Óptica para acabar tan ciegos'.

Los supermercados y el bar de la Universitat hicieron ayer el agosto, mes del que hacen gala los alumnos de Magisterio. Por delante de su camiseta: 'Tenemos dos razones para estudiar Magisterio' y por detrás '...julio y agosto'.

La fiesta iba cogiendo forma. El utensilio más usado antes de la gran reunión eran las tijeras. Las chicas las usaban para cortar el cuello de la camiseta. Había que mostrarse y escotes y sujetadores comenzaron a aflorar.

Una vez tenían el 'uniforme' preparado, había que ponerse a la faena, que no era otra que beber y, de vez en cuando, comer algo para fomentar la sed. Nadie echaba en falta el plato más valenciano: «Si la paella es lo de menos... el año pasado recuerdo que era bastante mala y acabó por tierra. Lo que queremos es que esta fecha tan señalada no se pierda», decía otro alumno con aspiraciones laborales unidas a las leyes.

Asistencia sanitaria

Todo valía. Hasta un pozal de fregar recién comprado les servía de cubitera donde poner las botellas de vino de dudosa calidad y los refrescos de dos litros. Y no bebían más porque una de las dos manos ya no se usa para beber sino para tener la blackberry siempre a la vista y esperando de noticias sobre los movimientos a realizar cuando la fiesta decaiga en Tarongers.

Los vecinos se temían lo peor. Barruntaban que en vez de buscar lugares alternativos a la fiesta en la calle el 'efecto reclamo' que la fiesta universitaria podía crear entre los jóvenes llevara al barrio de San José a legiones de jóvenes en busca de fiesta. Unos chavales que se pudieran unir a los que a última hora de la tarde ya protagonizaban escenas de vómitos, suciedad en cualquier lugar y asistencia sanitaria por intoxicación etílica.

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