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B. LLEDÓ
Domingo, 26 de junio 2011, 02:14
Hace tres años Jéssica comenzó a estudiar Biblioteconomía y Documentación en la Universitat de València. Ahora, a falta de presentarse al último examen para conseguir la diplomatura, sus expectativas no son muy alentadoras. «Cuando empecé no sabía que las salidas profesionales eran tan complicadas. Ahora me arrepiento. De haber sabido que estaba tan difícil no la habría estudiado», admite desde un banco del hall de su facultad.
Ni siquiera era su vocación. Lo suyo era el Derecho, «pero hacer el Bachillerato especializado en Salud no me permitía acceder a esa carrera y me dieron Biblioteconomía».
Jéssica admite que le gustaron las asignaturas y que los profesores aseguraron a los alumnos que sí que tenía futuro. «Además las asignaturas no eran complicadas y decidí seguir».
Hoy asegura que apenas hay futuro laboral para estos titulados. «La oferta está mal. En las empresas privadas ahora mismo no hay opciones y las oposiciones para archivo salen al cabo de las mil», lamenta.
A sus 25 años, esta valenciana residente en Montroi echará currículum en editoriales, centros de documentación y archivos privados. Mientras tanto, está informándose para «adaptarme al grado del Plan Bolonia, aunque todavía tengo que enterarme bien de las ventajas que ello conlleva», explica.
Jéssica asegura que todas sus amigas que optaron por estudiar un módulo relacionado con el ámbito sanitario hoy tienen trabajo. Por ello, no duda en afirmar que tendría «que haberme decantado por uno de esos módulos».
De momento, vive en casa con su padre, aunque sus planes apuntan a campanas de boda en un par de años. «Ojalá encuentre antes un trabajo».
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