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PACO MORENO
Martes, 27 de septiembre 2011, 11:34
Hay un libro, según explicaba ayer el catedrático de Seguridad Vial, Luis Montoro, que se titula 'El dilema de la luz ámbar'. Es sólo uno de los ejemplos que puso acerca del debate eterno acerca del tráfico en las ciudades, los controles de velocidad y la colocación de semáforos para regular la circulación.
En todo caso, el presidente de la Fundación Española de Seguridad Vial se mostró tajante a la hora de valorar las pruebas que realiza la Policía Local en la avenida del Cid, donde ha colocado unas cámaras fotográficas para sancionar el cruce de los discos en rojo. El experto apoyó este sistema y consideró que deberían extenderse a otras zonas de la ciudad, al igual que los radares de velocidad. «A 55 kilómetros por hora un atropello es mortal», insistió de manera muy clara.
«Los conductores deben parar y guardar la distancia de seguridad. El ámbar está para eso». Las cámaras fotográficas entraron en acción en otros países europeos y en Norteamérica en los años 70. «En Londres mil cámaras y 400 radares, la misma cantidad que en toda España», aseguró.
¿Por qué no sucede esto en las ciudades españolas? La respuesta es doble: por una parte requiere una inversión, lo que ahora es difícil por la crisis económica. Y por otra, se sitúa el rechazo social, al entender los usuarios que hay un afán recaudatorio de la Administración.
Una tercera cuestión provoca el riesgo de rechazo a la proliferación de cámaras y controles de radar. En la última década, España es el país europeo donde se ha producido un mejor balance en la disminución de víctimas por accidentes de tráfico, aunque no ocurre lo mismo cuando se analiza el casco urbano.
«Entonces desciende mucho menos de lo que debería». Los «monstruos» que amenazan al conductor son las distracciones (hablar por el móvil) y la velocidad excesiva, donde el uso de radares sería decisivo para reducir este apartado.
Además, en cada ciudad existen unas costumbres a la hora de conducir y en Valencia la primera es saltarse el semáforo en rojo. Montoro dice sobre esto que este tipo de choques laterales son muchos más peligrosos que los frontales.
Y el tercer factor que explica la falta de descenso de los accidentes en las ciudades se debe a los atropellos de peatones, donde entran en escena la velocidad y la distracción. El catedrático explicó que si a 55 kilómetros por hora un atropello puede ser mortal, la cifra se reduce hasta los 30 kilómetros por hora en el caso de un todoterreno. «Son coches más duros y que hacen más daño».
Estas circunstancias justifican de sobra la colocación de radares y cámaras fotográficas. Acerca del debate que genera entre los conductores, incluso con voces que sostienen que aumenta el número de accidentes por los frenazos ante el disco en ámbar, subrayó la importancia de que se «respete a los investigadores», al margen de respetar cualquier opinión.
Es más, la legislación obliga a que la recaudación de las multas, incluso para los Ayuntamientos, se destine a mejoras en la seguridad vial, lo que redunda en beneficio de conductores y peatones. «Lo más importante es la vida y hay que guardar las normas», precisó.
Aportó una cifra esclarecedora: los accidentes de tráfico suponen en la Comunidad Valenciana un coste social de entre 1.000 y 1.300 millones de euros al año. «En las encuestas, los participantes son partidarios de que haya más dureza con todos estos temas».
Montoro aportó dos apuntes más para que la Administración refuerce los controles de velocidad del tráfico. «El 35% de los conductores desconoce la velocidad máxima a la que deben circular en la ciudad». Y sobre los problemas de mantener el tope de 50 kilómetros por hora en avenidas y bulevares, recordó que la Fiscalía trabaja ya en lo que denominó «acoso vial» de aquellos conductores que se dedican a hostigar a los que circulan a la velocidad adecuada.
La crisis económica ha incidido también en el tráfico. Los estudios demuestran que los vehículos pasan menos controles de mantenimiento y que los neumáticos no se revisan cuando toca. La conducción es más agresiva y los conductores van más distraidos, además de que han descendido las multas de tráfico, debido esto último a que ahora «pica» más la sanción en el bolsillo. El aumento de cámaras fotográficas y radares (en Valencia hay dos) sería pues útil en opinión del presidente de la fundación para reducir los accidentes.
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