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HÉCTOR ESTEBAN hesteban@lasprovincias.es
Viernes, 16 de diciembre 2011, 03:16
Álvaro Pérez 'el Bigotes', uno de los testigos más esperados en el juicio de los trajes, compareció ayer. No lo hizo para declarar. Se acogió a su derecho de no hacerlo al estar pendiente de dos procesos más en los que una sola palabra ayer podría dañarle. Su abogada, Ángela Coquillat, tomó el micro para anunciar que su patrocinado no iba a declarar pero sí que quería manifestar algo. El juez Climent, tras resolver las dudas de las partes, dio su asentimiento. Álvaro Pérez se acercó al micrófono: «Me ratifico en mi declaración ante Flors (juez que instruyó el caso) y ni mi empresa ni yo hemos regalado nunca trajes a ninguno de los cuatro imputados en esta causa (Francisco Camps, Ricardo Costa, Víctor Campos y Rafael Betoret)». Fue la primera y última vez que se oyó en directo la voz del máximo responsable de Orange Market, la empresa valenciana vinculada a la trama Gürtel. Durante las más de dos horas que duró su (no) declaración, la voz de El Bigotes se reprodujo de las grabaciones del caso.
Por la Fiscalía intervino Myriam Sabadell, la que levanta más pasiones por ser tan aguerrida. Su acusación la basó en las conversaciones entre Álvaro Pérez y los cabecillas de la trama, Francisco Correa y Álvaro Pérez. Algunas de las grabaciones ya se habían escuchado en la sala en más de una ocasión. Un detalle que destacó el juez Juan Climent, que finalmente accedió a que se volvieran a escuchar ante un jurado que ya se las sabrán casi de carrerilla.
La primera conversación es la del 21 de enero de 2009, en la que un alterado Álvaro Pérez, al borde de la taquicardia tras ser asaltado por dos tipos en una moto en la acera de la calle Colón, le cuenta a Francisco Correa el «putadón» que les ha gastado Isabel Jordán y le comenta al líder de Gürtel han llamado al sastre José Tomás a declarar. En esta conversación es donde Pérez se refiere a Camps como «el curita», un apelativo que en directo se vivió con una mirada fija del expresidente del Consell a El Bigotes, que en ningún momento giró la cabeza para mirar de frente ni a Ricardo Costa ni a Francisco Camps.
Las estrategia de la fiscal Concepción Sabadell, sustentada en todo momento por las grabaciones telefónicas, se basó en tres pilares básicos: el hecho de que tanto Pérez como Correa sabían que iba a haber problemas tras el despecho de Jordán; la función de Pérez como conseguidor para Camps con la visita al gobernador estadounidense Bill Richardson y, por último, que El Bigotes sí que había regalado cosas al expresidente de la Generalitat y a su familia.
Sobre este último punto, la fiscal ha pedido la emisión de una grabación telefónica de 4 de enero de 2009 entre el máximo responsable de Orange Market y una empleada de un centro comercial. En la conversación, la trabajadora le pregunta a Pérez si al domicilio del presidente Camps hay que llevar alguna cosa más al margen «de la ropa y lo que me habéis traído aquí arriba ¿No verdad?. El Bigotes le dice que ya ha hablado con su superior, que se ha pasado por la sección de los videojuegos y que ya está todo arreglado.
Una última conversación en la que la habilidad de Javier Boix, el letrado de Camps, se ha puesto otra vez de manifiesto. El abogado, sin duda la sensación del juicio por su facilidad para hacer entendible los miles de folios y folios de la causa, aprovechó la declaración de Pérez para mandar un recado a las fiscales y darle mascadito al jurado la esencia de la vista: «Me llama la atención que una de las conversaciones propuesta por el Ministerio Fiscal no se haya escuchado entera. En la que al final se dice que se van a devolver los regalos a Álvaro Pérez».
De hecho, la defensa ha insistido en varias ocasiones durante el juicio que al día siguiente de la conversación del 7 de enero, los presentes que llegaron al domicilio de la familia Camps-Bas se llevaron a la farmacia que regenta la esposa del expresidente (que ya le advirtió al director de Orange Market que se había pasado «veinte pueblos» y que no los iba a aceptar) para que los recogiera El Bigotes.
Otra de las pruebas de la Fiscalía que buscó sacar al jurado del aletargamiento fue un mensaje de móvil del 24 de enero de 2009 con la talla del expresidente: «Medidas sr. Camps, americana 54 pantalón 48 largo pant 108 tiro a 79,50 saludos pastor». Hora y media después de comenzar su interrogatorio sin respuestas, y un segundo después de que el juez Climent le pidiera a la fiscal Sabadell que abreviara, el Ministerio Público se dio por satisfecho.
La acusación popular recogió el testigo. El letrado Virgilio Latorre, con un perfil más político, intentó vincular la gestión de Orange Market con la adjudicación de contratos por parte de la Generalitat. Hizo un repaso por varias consellerias para ahondar en los 6 millones de euros que se llevó la empresa de Pérez por los sucesivos stands de Fitur. Cuando intentó colar los regalos de la expresidenta de Les Corts y exconsellera de Turismo, Milagrosa Martínez, le pararon los pies. La duda está en por qué quiere saber a quién se le ocurrió el nombre de Parapipi para el barco que la trama tenía atracado en Calpe.
Boix, un lince, hizo valer que El Bigotes dijo que Camps era «muy legal» y recordó que el testigo siempre había mantenido la misma versión tanto ante el juez Garzón, la Policía y el instructor Flors. Además, apuntó que en ningún momento la mediación de Álvaro Pérez fue la que llevó a Camps entrevistarse con el gobernador de Nuevo Méjico, Bill Richardson. El letrado mantiene la máxima de que Camps devolvió cada regalo que le hizo El Bigotes. El turno lo cerró el abogado de Costa para que el jurado tuviera claro que el PP valenciano ya trabajó con Pérez antes de que su representado fuera secretario general.
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