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JOSÉ LUIS BENLLOCH
Sábado, 4 de febrero 2012, 01:19
La noticia taurina de la semana, si se cumplen los pronósticos, será la noticia de la semana, del mes y del año, ha sido la declaración a favor de la tauromaquia del ministro José Ignacio Wert en el Congreso, en donde ha hablado en términos necesarios y valientes en un momento crucial para el futuro de la tauromaquia. Wert anunció que el Ministerio de Cultura elevará al máximo la protección de la tauromaquia como disciplina artística y potenciará su reconocimiento como patrimonio inmaterial de la humanidad. «Este Ministerio participará activamente en las iniciativas nacionales e internacionales que en este sentido se emprendan», dijo en una defensa del toreo como no se recordaba en los anales del Parlamento. Se trata de una de las pocas noticias positivas que han recibido en los últimos tiempos los aficionados a los toros.
La buena nueva, acogida con gran alborozo por los aficionados, permite potenciar la faceta cultural y artística de la tauromaquia para poder utilizarla como mecanismo de defensa de la propia fiesta toda vez que parece aceptada la idea que asegura que el toreo es cultura o difícilmente tendrá futuro.
Entre las medidas previstas por el Ministerio y detalladas por Wert, están las de extender las ayudas de acción y promoción cultural a las asociaciones sin ánimo de lucro del mundo del toro y el diseño de una campaña de comunicación en colaboración con las comunidades autónomas, que ponga de manifiesto los valores culturales, socioeconómicos y medioambientales de la tauromaquia. El ministro, en su exposición, recordó una frase de Federico García Lorca para defender el valor cultural de los toros: «El toreo es, probablemente, la riqueza poética y vital mayor de España».
Que el representante de Chunta Aragonesista, Chesús Yuste, argumentase a la contra que «denominar cultura a la corrida de toros es como pretender que Auschwitz sea patrimonio de la humanidad» o que el diputado de ERC, Joan Tardà, advirtiese que «en Cataluña no habrá más toros a no ser que venga la Legión», habla muy a las claras del talante de los enemigos de la tauromaquia y del nivel de su discurso.
Mientras, y con consecuencias menos halagüeñas, la actualidad en el planeta toro sigue dominada por los efectos del G10, el grupo de figuras empeñadas en defender sus intereses. Mientras no se demuestre lo contrario, se trata de sus intereses exclusivos, por encima de la conveniencia general. La primera víctima de su presión ha sido el nivel de los carteles de Fallas que se han visto claramente disminuidos respecto a ediciones anteriores. Esa primera consecuencia se convertiría en afrenta directa a esta plaza y a esta afición si se llegasen a confirmar los rumores que apuntan a que en la negociación con las ferias de Madrid y Sevilla rebajarán sensiblemente su exigencia.
Lo último es una guerra de comunicados, en los que toreros y gestores de los toreros no sólo defienden su posicionamiento con generosa y ambigua retórica, sino que además acusan directamente a los empresarios en general y al de Valencia en particular de ejercer represalias contra ellos, lo que ha sido replicado inmediatamente por éste. Y en medio de ese fuego cruzado, desde México, llega la ultima perla, El Juli ha prohibido que se vean en España sus actuaciones en la Monumental plaza México, interrumpiendo así el calendario de retransmisiones de esta temporada. Sí se verá en cambio en aquel país. La decisión ha levantado ronchas de indignación entre los aficionados.
La guerra abierta entre las partes -toreros, empresarios, aficionados y operadores- a la que no se ve fin llega en un momento difícil para el toreo, al que están castigando tanto la crisis como las corrientes de opinión de los animalistas y demás oportunistas de la política que han visto en la polémica sobre el toreo un filón capaz de disimular otras carencias programáticas y sociales.
Pese a que en la base de la reivindicación de los toreros hay argumentos a tener en cuenta y perfectamente asumibles por todas las partes, las posturas en lugar de acercarse se encrespan y se alejan día a día de tal manera que cada vez parece más difícil que no salgan todos derrotados. Y no está el toreo para asumir daños colaterales como ese. Bastante tiene con sobrevivir a los enemigos externos.
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