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ZOA SANZ lasafor@lasprovincias.es
Viernes, 15 de junio 2012, 02:28
Veinte años tendrán que pasar para que los parajes verdes de Ador, Llocnou y Villalonga recuperen la rica y frondosa vegetación que las llamas empezaron a calcinar el martes de una manera voraz. Este pulmón natural, en el que predomina el pino mediterráneo, ya sufrió un devastador incendio en 1994. Sin embargo, en los últimos años se había regenerado. Ahora, desgraciadamente, habrá que volver a empezar.
De las 1.350 hectáreas que han ardido en siete municipios de la Vall d'Albaida y la Safor, 660 son terreno de esta última comarca. En Llocnou se han quemado 339 hectáreas; en Villalonga, 280; y en Ador, 40. Un auténtico desastre ambiental que ha encogido el corazón de sus habitantes. El ingeniero de Montes, coordinador del Fòrum 21 y miembro del colectivo Vernissa Viu, Xavier Ròdenas, explicó ayer a LAS PROVINCIAS que si se tiene en cuenta que el último incendio arrasó este lugar en 1994 y que el crecimiento de vegetación es exponencial, es decir, cada vez va a más, este paraje de la Safor volverá a estar como antes del asedio de las llamas en veinte años.
La recurrencia de incendios de manera natural está estipulada en 120 años, no obstante estos aumentan porque el hombre altera el proceso. En la Safor, según subrayó Ródenas, no hay ningún sitio natural que tenga más de veinte años. «Esto va contranatura», apostilló el ecologista.
Si bien es cierto que existen árboles que superan los veinte años porque debido a su tamaño no han podido ser vencidos por las llamas, no existe ningún espacio en la Safor que tenga más de 50 años de vegetación. «Lo que se está produciendo en la comarca es un infanticidio; se está quemando vegetación muy joven».
Cuanto mayor sea esta, más preparada estará para responder ante el fuego. Durante toda la evolución, los árboles se preparan contra las llamas. Por ello, según relató Ródenas, poseen las cortezas potentes, como es el caso del alcornoque; desarrollan un sistema antipoda y una serie de mecanismos para defenderse contra el fuego. Pero esto ocurre cuando son adultos, circunstancia que no se llega a dar en la Safor porque los continuos incendios lo impiden.
El fuego barrió auténticos parajes naturales. Uno de los más significativos es el Barranc del Frare, situado a los pies de la Cuta, en Ador. La imagen que presenta en la actualidad nada tiene que ver con la de antaño. «Era un barranco precioso, con arbolado, bancos de piedra y una decena de fuentes», indicó apenado el ingeniero de Montes.
Los excursionistas y los amantes de la naturaleza lo frecuentaban asiduamente, ya que había dos rutas, la senda para subir a la Cuta y el itinerario del Agua. Las llamas han arrasado con todo, hasta con los carteles indicativos de los recorridos.
Sin el valle de Castellonet
Los vecinos de la Safor también se han quedado sin los valles de les Foies de Castellonet de la Conquesta y de Alfauir. En el primero había un bosquetón de doce carrascas altas y muy grandes que ahora han sido convertidas en cenizas. Asimismo, había muchos pinos.
La finca de la Canaleta, la más grande de la comarca de la Safor, también se ha visto trágicamente afectada. Este espacio en concreto, situado en la urbanización Monte Corona, era muy querido por los vecinos de Ador, quienes solían acercarse a él hechizados por los pinos. La Finca de Castellonet también se ha echado a perder. Había una decena de fuentes naturales y varios itinerarios.
En cuanto a los ejemplares que han desaparecido, hay que destacar el serval, un enorme árbol de diez metros situado en la Font del Gauet, en la Foia de Castellonet. «Es muy importante por su singularidad, ya que es una especie mediterránea muy escasa», subrayó Ródenas. En la Font de la Cuta también han quedado calcinados pinos blancos muy grandes.
Desaparición de fauna
Con respecto a la fauna, el profesor Jesús Vilaplana lamentó la desaparición de numerosas especies de aves forestales las cuales, pese a escasear en la comarca, en esta zona eran abundantes. El experto se refirió a los arrendajos, las palomas torcaces, las currucas, los carboneros o las tórtolas. Y en cuanto a las aves nocturnas, a los búhos y cárabos.
En el Barranc del Frare había una pareja de búhos reales que estaban controladas por los agentes forestales de la Generalitat. Eran unas especies muy significativas que se encontraban en proceso de anidación.
Al quemarse el matorral, el fuego afecta principalmente a reptiles y anfibios, ya que no pueden escapar tan fácilmente como las aves. En este paraje de la Safor había culebras, lagartos, lagartijas, sapos comunes, sapos corredores, etcétera.
Y con respecto a los mamíferos, era un espacio en el que abundaban las musarañas, los erizos, los roedores e incluso las ardillas que en los últimos años se han introducido en la comarca.
Concienciación ambiental
El ecologista Xavier Ródenas, ante esta masacre en el entorno, quiso reconocer el esfuerzo de los colectivos como Vall de Vernissa, el Centre Excursionista de Ròtova o la Universitat Popular de Gandia (UPG), que día a día velan por la protección de la naturaleza. «No sólo enseñan a la gente a concienciarse sobre el medio ambiente sino que también buscan recursos para poder acometer inversiones. Ahora ven cómo su trabajo de tantos años ha sido destruido».
Por este motivo exigió a las Administraciones que aportaran dinero no sólo en repoblar sino también en sufragar a las asociaciones que están trabajando por mantener los paisajes de la Safor.
Mientras tanto, ayer, tercer día del incendio, los bomberos terminaban de sofocar el fuego, el cual quedó por la tarde controlado. Los más de 300 vecinos que fueron desalojados de las urbanizaciones de Ador y Villalonga pudieron regresar a sus viviendas después de pasar toda la noche en vilo y pendientes de que las llamas no se adentraran a sus hogares.
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