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FERNANDO MIÑANA
Martes, 3 de julio 2012, 02:23
El Puesto de Mando Avanzado de Villar del Arzobispo es un enjambre de jefes. Desde allí se mueven las piezas para ganarle la partida al fuego, al monstruo que devora el monte desde que brotó en Andilla. La jerarquía es firme y muchos trabajadores no se atreven a hablar. «Dirígete a un cargo, a mí no me dejan decir nada». Hay gente de toda España, amantes de la naturaleza que se alistaron hace tiempo en el pelotón de los que defienden los paisajes. Son los rostros de aquellos que luchan contra el fuego.
«Es un incendio de 30-30-30, el peor de todos»
Javier Agudo es el sargento coordinador de Bomberos. A pesar de su experiencia está horrorizado por el desastre. «Es un incendio de 30-30-30, el peor de todos. Más de 30 grados, un viento de más de 30 km/h y menos del 30% de humedad. Es muy extenso y tenemos a la gente repartida por todas partes. Lo más importante es que no llegue a las dos reservas naturales. Estamos controlando el perímetro para que no se reproduzca». Ayer por la mañana era un poco más optimista, pero el sargento Agudo advierte de que nadie puede confiarse.
«El límite, en contacto con el fuego, es el sofoco»
Las cámaras rodean a Rubalcaba en Villar del Arzobispo. La opinión del político centra la atención que no reciben los que se pelean literalmente contra el fuego. Mientras él habla, bajan del camión los miembros de la Brigada de Refuerzo del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente. Llegan exhaustos, con el mono abierto, sudorosos y cariacontecidos. Javier Javares es uno de los mandos de este equipo llegado desde Tabuyo del Monte (León). «Hay mucho descontrol y, además, es un medio muy malo para trabajar, un combustible muy difícil. Está todo muy seco, tiene aceites y se caliente mucho. Nosotros estamos más acostumbrados a trabajar en el norte, sobre todo en Galicia». Javares está rodeado por sus compañeros. Javier, Fernando y Rubén explican que son los que trabajan en «primera línea». Esta brigada carga con una mochila de 20 kilos y forma una línea de defensa. «Allí dentro llegamos a soportar 60 grados. El límite, en contacto con el fuego, es el sofoco. Cuando no puedes más, sales y entra otro. Hace falta gente. Echan agua, pero si no hay gente debajo que complete el trabajo...».
«Es un explosivo, un fuego muy virulento»
Manuel Rivero es el único autorizado a hablar en la UME. Han venido de Bétera, Torrejón, Morán de la Frontera y Zaragoza. También se encontró un incendio especial. «Es el peor escenario posible con una climatología muy adversa: calor, el viento de poniente... Todo lo convierte en un explosivo, un fuego con mucha virulencia».
«Es complicado trabajar en situaciones tensas»
¿Y quién atiende a los que luchan contra el fuego? En muchas ocasiones la Cruz Roja, donde Fernando del Rosario lleva desde 1989. «Hemos montado más de 900 camas. Tenemos voluntarios con más de 200 horas de preparación y hacemos lo posible para que puedan descansar y comer la UME y otra brigadas».
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