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La Albufera recibe la mitad de agua que hace veinte años por la falta de lluvias y el riego
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La Albufera recibe la mitad de agua que hace veinte años por la falta de lluvias y el riego

La reducción de los aportes fluviales del Júcar, los cultivos y la presión humana merman la riqueza biológica del lago

MARINA COSTA

Miércoles, 5 de septiembre 2012, 02:23

La lámina de agua cristalina que fue la Albufera de Valencia siglos atrás es hoy un lago sitiado por muchos enemigos. La presión urbanística, los cultivos, la escasez hídrica de los últimos años y la herencia de vertidos incontrolados han dejado en la laguna un poso que tardará muchas décadas en desaparecer por completo.

La renovación del agua era antaño el mejor mantenimiento del humedal pero hoy la reducción de los aportes fluviales del Júcar y las presiones a las que se ve sometido han recortado las entradas anuales de agua y, con ellas, su renovación. Hace poco más de dos décadas la Albufera se regeneraba 22 veces al año. Ahora sólo la mitad.

Según datos de la Confederación Hidrográfica del Júcar, los aportes de agua tratada están aumentando pero éstos no son suficientes para compensar la caída de los registros fluviales. A comienzos de los años ochenta la entrada de agua anual al lago rozaba los 500 hectómetros cúbicos. A mediados de los noventa los niveles se desplomaron hasta los 100. Los últimos datos relativos a 2009 y 2010 no superan los 300 metros cúbicos, lo que implica 13 renovaciones hídricas.

La Albufera es un intrincado sistema biológico que funcionaba a la perfección en los años setenta, una de sus épocas doradas. A partir de entonces la laguna se sumergió en sus años más negros cuando la contaminación y la creciente presión urbanística e industrial cambiaron el color de sus aguas.

La declaración de Parque Natural en 1986 fue un punto de inflexión que comenzó a virar su futuro. La construcción de depuradoras, colectores y redes de alcantarillado y saneamiento han ido frenando la llegada de aguas no tratadas y contaminadas al lago. Pero, pese a estos ímprobos esfuerzos, en la actualidad el color que predomina en el lago es el verde.

Oscuridad

La culpa la tienen millones de algas microscópicas cargadas de fósforo y nitrógeno, que impiden que la luz penetre hacia el fondo. Esto ha acabado por aniquilar verdaderas praderas de plantas subacuáticas que eran, a su vez, refugio de muchas especies animales.

La oscuridad reina bajo el agua de la Albufera y eso indica que el oxígeno también resulta un bien escaso. Este mal llamado eutrofización ha traido consigo la pérdida de biodiversidad. Su 'marea verde' se extiende hacia el mar cada vez que las compuertas de una de las tres golas de la Albufera se abren para desagüar y ajustar los niveles hídricos en función del cultivo del arroz. Este verano lo han sufrido especialmente los vecinos de la playa de El Perellonet.

Ellos y otros colectivos vinculados a la actividad del lago, como los pescadores, han pedido en más de una ocasión participar en la gestión que lleva la Junta de Desagüe de la Albufera para aumentar o reducir los niveles hídricos del lago, que sigue las pautas del ciclo del cultivo del arroz.

Para devolver a la Albufera sus aguas prístinas, los ecologistas están trabajando en los llamados filtros verdes formados con vegetación típica de humedal. De momento hay tres funcionando, ubicados en Catarroja, Sollana y Sueca, pero su número resulta insuficiente para 'depurar' 3.000 hectáreas, ya que su eficacia es limitada. Estos 'cepillos' verdes pueden eliminar el 60% de los sólidos suspendidos y el 50% del fósforo y nitrógeno con un volumen de tratamiento de 80 litros por segundo. Expertos como Miguel Martín, miembro del Instituto de Ingeniería del Agua y del Medio Ambiente de la Universidad Politécnica, afiman que lo ideal sería componer un «cinturón u orilla de filtros verdes que actuara a modo de barrera o colchón de amortiguación de la Albufera».

Un factor a tener en cuenta es que este mecanismo necesita importantes extensiones de terreno y adquirirlo para su transformación resulta costoso. «Habría que ir incorporando arrozales abandonados o lugares que actualmente no se explotan». Pero no todo depende de la retirada de la contaminación. Los aportes de agua «de calidad son básicos». La Albufera tiene que regenerarse tras años reteniendo contaminantes. Si hubiera una mayor renovación de las aguas, «bajaría el nivel de algas y la contaminación sería menor». Una «permuta» de las aguas de riego del Júcar por aguas residuales tratadas sería, a juicio del investigador, otro paso en firme. «Es necesario aportar aguas de mejor calidad procedentes directamente de la acequia real del Júcar, que no estén tratadas».

Otro empujón necesario para devolver la vida a la Albufera pasa por la retirada de las toneladas de fango acumuladas en el fondo del lago. Un proyecto experimental aprobado por la dirección del Parque Natural, que se presenta el 6 de septiembre en Bruselas para obtener ayuda europea, permitirá extraer sedimentos acumulados en el fondo y favorecer la regeneración del agua mediante la construcción de una depuradora pionera.

Un reactor compacto enterrado a 65 metros de profundidad será el encargado de aspirar y tratar los restos con un impacto visual mínimo. La tecnología que implantará la empresa valenciana Grupo Yvú permitirá «revalorizar el residuo en el mismo lugar de su extracción lo que elimina todos los costes del traslado», explica el responsable del proyecto, Augusto Montamarta.

El fango tratado se reconvierte en un fertilizante natural totalmente inocuo. Esta instalación podrá tratar 1.200 metros cúbicos de fango y agua al día, una cantidad que durante un año de actividad permitiría transformar más de 300.000. Otro paso para dar oxígeno al maltratado durante décadas lago de la Albufera.

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