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JAVIER MARTINEZ ,
Jueves, 29 de noviembre 2012, 04:24
La Policía Local de Valencia denunció el pasado fin de semana a los organizadores de tres macrofiestas, una de ellas autorizada por el director de un instituto de Educación Secundaria y celebrada en el centro escolar, por no disponer de los permisos correspondientes, incumplir las medidas de seguridad obligatorias para los espectáculos públicos y superar el límite de decibelios.
La primera de las fiestas ilegales tuvo lugar en la madrugada del viernes al sábado en un antiguo almacén situado junto a la ronda norte. El gran número de vehículos aparcados en el camino de Farinós, el alto volumen de la música y el riesgo de atropello para los jóvenes que cruzaban la calzada puso a la Policía Local en alerta.
Los primeros agentes que llegaron a la nave se encontraron con cierta hostilidad por parte de los organizadores de la macrofiesta. Uno de ellos les invitó a que se marcharan porque era una celebración privada del club de rugby de la Universitat Politècnica de València, pero los policías les pidieron los permisos necesarios. Tras una discusión que duró cerca de 15 minutos, los agentes comprobaron que no tenían ninguna autorización para celebrar una discomóvil donde presuntamente se expendían bebidas alcohólicas.
Un joven se identificó ante los policías locales y colaboró entonces para que pudieran levantar las correspondientes actas de denuncia. Las infracciones eran muy graves, según informaron fuentes del Ayuntamiento de Valencia, ya que incumplieron la normativa autonómica sobre espectáculos públicos y la ordenanza municipal de protección contra la contaminación acústica.
Ante las graves irregularidades detectadas y la falta de medidas de seguridad en la nave agrícola, la Policía Local desalojó el viejo almacén y aguó la fiesta a unas 130 personas que disfrutaban de la música. El reloj marcaba las tres y media de la madrugada. Los jóvenes salieron a la calle de forma ordenada tras apurar sus copas y se marcharon en sus vehículos, algunos de ellos mal aparcados. Uno de los coches casi acaba en una acequia por una maniobra incorrecta de su conductor, que fue multado tras dar positivo en el control de alcoholemia. Fuentes de la Universitat Politècnica de València se desmarcaron ayer de la fiesta ilegal, aunque reconocieron que la nave había sido alquilada por el club de rugby.
La segunda macrofiesta ilegal detectada el pasado fin de semana en Valencia también movilizó a la Policía Local, aunque los asistentes no fueron desalojados en prevención de posibles incidentes violentos. El espectáculo musical se celebró el sábado por la noche en el patio del Instituto de Educación Secundaria Francesc Ferrer i Guardia en el barrio de Benimaclet.
La fiesta contó con la actuación de tres grupos, una barra de unos 15 metros de longitud -donde se expendían bebidas alcohólicas- y una carpa para vender camisetas y otros artículos propagandístico de los Països Catalans y los Maulets. Tras las quejas vecinales por el alto volumen de la música, varias patrullas de la Policía Local acudieron al instituto y comprobaron que tampoco tenían los permisos correspondientes.
Aunque carecían de la autorización que la Generalitat Valenciana requiere a cualquier organizador de un espectáculo público, los jóvenes continuaron la fiesta hasta casi las dos de la madrugada. El único documento que presentaron a los policías fue un papel firmado por el director del centro, Manel Rodríguez, que autorizaba la celebración del concierto.
Según el informe de la Policía Local, los organizadores de la macrofiesta no adoptaron las medidas de seguridad que establece la normativa autonómica de espectáculos públicos, como prohibir el acceso a los menores, la contratación de vigilantes y otras relacionadas con las puertas de evacuación y los extintores. Durante las cerca de cuatro horas que duraron las actuaciones musicales se vivieron momentos de tensión. Varios vecinos, hartos del ruido y del alto volumen de la música, lanzaron huevos y hasta botellas contra los asistentes. La indignación vecinal fue en aumento conforme avanzaba la madrugada. Las llamadas se sucedían en la sala del 092 para pedir que la policía interviniera.
«Parece mentira que después de la tragedia del Madrid Arena no controlen más estas fiestas», señaló enfadado un vecino de la calle Emili Panach i Ramos. «Y encima venden bebidas alcohólicas en el patio del colegio», añadió Vicente M. Un folio colocado en una valla anunciaba la venta de entradas: 5 euros.
Tras reflejar en el acta de sanción todas las irregularidades, los policías realizaron también una prueba de sonometría dentro del recinto escolar y comprobaron que el espectáculo superaba el límite de decibelios. Otra denuncia más. Uno de los organizadores bajó entonces el volumen de los equipos de sonido, pero el agente siguió rellenando la propuesta de sanción.
Mientras los policías locales inspeccionaban el instituto, otras patrullas disolvían en los alrededores varios grupos de jóvenes que hacían botellón. Los porros y las botellas de alcohol pasaban de boca en boca cuando los agentes se alejaban. La macrofiesta terminó minutos antes de las dos de la madrugada. «Entonces se escucharon algunos gritos contra España y la policía», explicó Carmen R.
La mayoría de los jóvenes se marcharon a una discomóvil cercana para continuar la fiesta en la calle Enrique Navarro. Una agrupación musical organizó el espectáculo para honrar a Santa Cecilia, pero tampoco tenía el permiso correspondiente. Tras las protestas de los vecinos, la Policía Local desalojó la calle y denunció a la entidad cultural por una infracción de la normativa sobre contaminación acústica.
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