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Culturas

A LA TERCERA....

CÉSAR RUS

Martes, 4 de diciembre 2012, 01:09

Han sido necesarios tres intentos para que Riccardo Chailly, por fin, debute en el Palau de les Arts. O por enfermedad o por desencuentros con la dirección, había cancelado ya en dos ocasiones.

La espera ha valido la pena y el maestro italiano no decepcionó. Desde los primeros compases Chailly se mostró entregado en esta 'Bohème' a la que impuso un aire fresco y dinámico. En los dos primeros actos, eso sí, los cantantes parecían relegados a un segundo plano ante una orquesta protagonista, pero eso se fue diluyendo en el tercero y el cuarto en los que la orquesta mostró la precisión y flexibilidad habitual a la hora de acompañar a los cantantes. En los dúos de ambos actos, la cuerda sonó con una calidad tímbrica y fuerza expresiva que solo Maazel había conseguido hasta ahora.

Además, destacó en toda la obra cómo Chailly supo destacar cada detalle orquestal de la partitura, incluyendo el último compás en el que el larguísimo regulador se vio roto por un sector del público que aplaudió antes de tiempo y un garrulo que gritó 'Viva Puccini' antes de que la música hubiese terminado.

Excelente trabajo el del director de escena Davide Livermore. Sitúa la acción a finales del siglo XIX que, si bien no es la época en la que se sitúa el original, sí es en el que lo hace el imaginario colectivo. Para evitar cierto aire a naftalina, se utilizan proyecciones con obras pictóricas del impresionismo que confiere modernidad a esta Bohème que se puede definir como clásica.

Por lo que respecta estrictamente a la dirección escénica, hay que destacar el dinamismo y la atención a cada detalle dramático, tanto en los protagonistas como en los papeles secundarios (impagable, por ejemplo, el niño del acto segundo zarandeado por la madre, que actuó y cantó como un pequeño maestro).

Aquiles Machado volvía a Valencia 13 años después de triunfar con este mismo papel en el Principal. La voz ahora suena menos fresca y más madura; el timbre, por tanto, conserva su preciosa claridad de tenor lírico con menos brillo, pero más sólido en las partes dramáticas. Destacó por los detalles líricos, prestando atención a las indicaciones dinámicas y cantando en piano cuando lo exige Puccini (algo que muy pocos hacen); para ello usó medias voces y eventualmente la voz mixta.

Gal James como Mimì supo transmitir la candidez y nobleza del personaje, especialmente en los actos tercero y cuarto, gracias a una voz lírica de nítido timbre cuya evolución puede dar buenos resultados. La valenciana Carmen Romeu encarnó a la perfección a la histriónica Musetta y dio muestras de una impecable técnica y facilidad, por ejemplo, en las últimas notas del vals. Massimo Cavalletti fue un noble y comunicativo Marcello. Gianluca Buratto como Colline cantó su 'Vecchia zimarra' con un exquisito gusto e impecable técnica, regalando una interpretación maestra.

Continúan las reivindicaciones de los trabajadores, incluyendo a la orquesta, que regaló un fragmento del vals de Musetta antes de la representación. Bella manera de reclamar lo que es justo, utilizando como medio la música.

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