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LOLA TORRENT
Lunes, 24 de diciembre 2012, 08:49
Llegará un día en que ver a un robot intervenir a un paciente en la mesa de operaciones será algo habitual. Aunque parezca ciencia ficción, se trata de una técnica bastante generalizada en Estados Unidos que en España comenzó a extenderse en el año 2007. Veintidós centros hospitalarios españoles cuentan hoy en día con unidades de cirugía robótica. El Hospital San Jaime de Torrevieja, del grupo Quirón, ha sido por el momento el único de la Comunidad Valenciana en sumarse a este nuevo concepto de cirugía.
El robot lleva por nombre Da Vinci, en homenaje al genio italiano. La Unidad de Cirugía robótica consta básicamente de dos elementos: una sofisticada consola de imágenes tridimensionales que es manejada por el cirujano, y un robot con cuatro brazos articulado. Desde la consola, el cirujano opera de manera virtual sirviéndose de unos sofisticados mandos que recuerdan a los 'joysticks' de los videojuegos. Con ellos, el médico transmite los movimientos de sus manos a los cuatro brazos del robot que se encuentra situado junto al paciente. Cada uno termina en una pinza de tamaño milimétrico portadora de diversos instrumentos con los que ejecutar las órdenes remotas del cirujano. Los brazos tienen el diámetro de un lápiz grueso, y se introducen en el cuerpo del enfermo a través de una pequeña incisión. El robot corta, separa, pinza, coagula y sutura como si tuviera manos humanas, pero sin su temblor característico.
El uso de cirugía robótica se limita a operaciones de gran complejidad relacionadas normalmente con la extirpación de tumores cancerígenos. Pedro Bretcha, especialista junto a José Farré de la Unidad de Cirugía Robótica del Hospital San Jaime, explica que el uso del Da Vinci permite una invasión mínima y una precisión en el proceso quirúrgico que facilita al enfermo oncológico una recuperación más rápida. Así, en el caso de tener que aplicarle un tratamiento complementario como quimioterapia o radioterapia, las sesiones pueden comenzar antes aumentando de esta manera su efectividad.
Según relata José Farré, su utilización suele reservarse a patologías que afectan a determinadas zonas corporales cuyo difícil acceso dificulta el trabajo manual de los cirujanos. Es el caso, por ejemplo, de la cirugía de próstata y pelvis. «Hay ocasiones en que las manos no nos caben bien y la robótica nos permite trabajar a profundidades difíciles de abordar de otra manera. Esta técnica aumenta mucho nuestro margen de movimiento y, además, la precisión es absoluta», explica. Cada año se realizan más de 2.000 intervenciones de cirugía robótica en España.
Uno de los inconvenientes de esta técnica es la pérdida del sentido del tacto. El uso del Da Vinci lo compensa en parte al permitir una mejor visión que la cirugía laparoscópica convencional, pero no completamente. Sin embargo, la tecnología relacionada con la simulación del tacto, mediante la aplicación de sensores en el instrumental, parece que evoluciona con rapidez. En opinión de Farré, «en la próxima generación de robots recuperaremos el tacto que hemos perdido». A finales de noviembre, se celebró en Alicante una Jornada Multidisciplinar de Cirugía Robótica que reunió en el Palacio de Congresos del Colegio de Médicos a un centenar de especialistas interesados en esta novedosa técnica. Allí se puso de manifiesto que el elevado coste del robot Da Vinci - 1'5 millones de euros- no debería suponer un freno para su generalización, ya que se deberían también tener en cuenta aspectos como el ahorro que conlleva una menor estancia hospitalaria, menos complicaciones, fármacos y trasfusiones, así como un porcentaje menor de reingresos.
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