

Secciones
Servicios
Destacamos
JOSÉ C. MARTÍNEZ
Jueves, 14 de febrero 2013, 02:53
«Si un día vienen a echarme de mi casa, me sacarán con los pies por delante». Jorge Ponce lo había advertido en público varias veces en los últimos meses en el barrio alicantino de Los Ángeles, donde residía en régimen de alquiler desde hacía más de cinco años. La última vez que lo pregonó a los cuatro vientos fue el pasado martes, solo unas horas antes de su muerte.
Los vecinos se resistían a tomarse en serio la sentencia, pero ayer este ciudadano de 46 años de edad, parado de larga duración y con un subsidio de 400 euros como único ingreso, cumplió con su siniestra amenaza. Justo cuando se percató de la llegada de la comisión judicial encargada de ejecutar el desahucio, corrió el pestillo para demorar el acceso al interior y decidió quitarse la vida, según relató el cerrajero presente en el rellano, quien notó que alguien se movía tras la puerta.
Con la sangre fría de quien, fruto de la desesperación, se siente ya más muerto que vivo, Jorge -a quien sus conocidos también llamaban Jordi por sus raíces catalanas- cogió unos cables y se ahorcó apoyándose entre la puerta de su habitación y el mueble ropero. Cuando la entrada pudo ser forzada, ya no había nada que hacer por él. Durante los últimos cinco años había acumulado una deuda de 24.000 euros, a razón de 400 euros mensuales en concepto de alquiler.
La muerte de Jorge no guarda similitudes con las que últimamente se han producido en España como consecuencia de desalojos forzados por incumplimientos con los bancos. En esta ocasión la persona que instó el desahucio fue el propietario de la vivienda donde Jorge, separado y con dos hijas, residía en el número 25 de la calle Poeta Sansano, en la ciudad de Alicante. A ello cabe añadir un supuesto estado depresivo de la víctima que también pudo influir en su determinación, según se desprende de las primeras pesquisas policiales.
Francisco Pérez, el dueño, había intentado en repetidas ocasiones recuperar su inmueble. Sin embargo, por diferentes circunstancias, no se había podido hacer efectivo el desalojo, a pesar de haber llevado el caso a los juzgados y de haber contratado los servicios de hasta tres abogados. «Yo también tengo mi hipoteca y ahora mismo estoy en el paro. Este piso está aún sin pagar, no podía hacer otra cosa», expuso ayer a este periódico mientras, en compañía de varios familiares, observaba el evidente deterioro del interior de su vivienda, a la que no había vuelto a entrar desde hacía más de un lustro.
La comisión judicial, junto con un cerrajero y agentes de la Policía Nacional de Alicante, se personó en el piso pasadas las 11 de la mañana. Lo hacía para cumplir con un procedimiento de reclamación por impago de alquiler que había recaído en el Juzgado de Primera Instancia 5 de la capital alicantina, tal y como confirmaron fuentes del Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Valenciana (TSJCV). Pero lo que, en un principio, se afrontaba como un desahucio coordinado por el Servicio Común de Notificaciones y Embargos se tornó en un levantamiento de cadáver a causa de la muerte del inquilino. A partir de ese momento, hacia las 12 de la mañana, fue el juzgado de Instrucción número 7 de Alicante, en funciones de guardia, el que asumió las diligencias relacionadas con el suicidio.
La noticia del fallecimiento de Jorge corrió como la pólvora por el barrio de Los Ángeles, un vecindario situado en zona norte de la capital en el que casi todo el mundo se conoce. «Era un buen hombre. Nunca hemos tenido ningún problema con él. Sabíamos que no pagaba, pero es que no podía. A pesar de su situación, siempre ha sido educado y respetuoso con nosotros. Quién puede vivir con 400 euros», expuso Gabriel, un vecino que reside justo enfrente del piso que ocupaba Jorge.
Otro inquilino de una vivienda de la planta inferior, Juan, agregó: «No se metía con nadie. Era reservado, eso sí, pero una bella persona. Creo que estaba deprimido. Intentaba ganarse algún dinerillo haciendo algunas cosas, como trasladar muebles o hacer algunos arreglos».
Los propietarios de un bar ubicado junto al edificio donde residía la víctima se mostraron ayer muy apenados por el suceso, ya que habían tratado con regularidad al ahora fallecido y le apreciaban. «Desde hacía unos meses se le veía mal. Había cortado la relación con el barrio. Lo que ha ocurrido lo había anunciado. Debía de tener problemas familiares importantes», comentaron.
Estos pequeños empresarios intentaron ayudar a Jorge para que obtuviese algunos ingresos con los que pudiese salir adelante. «Para sobrevivir, hacía mudanzas, tapizaba sillas,... Era muy mañoso. Sabía hacer casi de todo. Nosotros le encargamos que nos arreglase unas mesas», dijeron mientras se preparaban para servir el menú del día a clientes del barrio.
El despliegue de unidades de la Policía Nacional fue palpable en la calle Poeta Sansano hasta pasada la una de la tarde, cuando se efectuó el levantamiento del cadáver. Después, la normalidad regresó al barrio Los Ángeles, aunque el tema de conversación ya no varió en toda la jornada: la polémica sobre los desahucios en España.
Publicidad
Publicidad
Te puede interesar
Los libros vuelven a la Biblioteca Municipal de Santander
El Diario Montañés
Publicidad
Publicidad
Esta funcionalidad es exclusiva para suscriptores.
Reporta un error en esta noticia
Comentar es una ventaja exclusiva para suscriptores
¿Ya eres suscriptor?
Inicia sesiónNecesitas ser suscriptor para poder votar.