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HÉCTOR ESTEBAN
Martes, 18 de junio 2013, 17:02
La república ha sido la chispa que ha hecho explotar el malestar contenido en la familia del PSPV. La reunión de la ejecutiva escenificó la ruptura de la dirección en bandos en una reunión cargada de reproches. La abstención del grupo en el último pleno en el debate entre monarquía y república, la fuga de votos, el órdago de Romeu y el posterior ejercicio de poder de Puig han devuelto a Blanquerías a su hábitat natural: el enfrentamiento.
La gente de Romeu (que no acudió a la reunión) como Wilson Ferrús y Elena Hervás abrieron fuego contra la postura del grupo en el debate. Durante sus intervenciones recordaron que en el congreso de Alicante se aprobó una resolución para defender los valores republicanos y llevaron la crítica hasta el extremo de criticar la concentración de poder en manos de unos pocos sin tener en cuenta al resto de la dirección.
Durante las intervenciones a la contra con la actual dirección, algunas de ellas muy pegadas al círculo de Puig, muchas críticas apuntaron a la pérdida constante de militantes, al fracaso de la campaña para sumar a nuevos afiliados y a la falta de democracia para la toma de decisiones. También se le afeó a Puig su interés por el federalismo «porque la gente está en otras cosas como conseguir trabajo. Eso no le interesa a nadie», apuntaron varias fuentes consultadas.
El diputado Juan Soto, el único que votó a favor del referéndum para decidir entre monarquía y república, argumentó su decisión y señaló que lo volvería a hacer. Intervino y recibió las felicitaciones de la gente de Romeu.
El cogollo de Puig ya tenía armado el contraataque. El primero en salir fue José Manuel Orengo, que hizo un discurso muy duro contra aquellos que rompieron la disciplina de voto. Incluso habló de sanciones de 300 euros que finalmente parece que no se aplicarán. El testigo de Orengo lo tomó Ciprià Ciscar, que hizo un llamamiento a respetar las decisiones del grupo y a no ir cada uno por libre. Los dos coincidieron en la necesidad de dar imagen de unidad para que los ciudadanos vuelvan a creer en el PSPV.
Orengo y Císcar allanaron el camino al secretario general, Ximo Puig, que según los presentes hiló un discurso durísimo en el que llamó «desleales e irresponsables» a aquellos que no acataron la disciplina de voto. Puig, el pasado viernes, ya le dijo a Romeu, que calificó de «burla» el voto del PSPV sobre la república, que en Blanquerías mandaba el secretario general.
Fuentes consultadas criticaron que el discurso del número uno fuera rupturista en lugar de pacificador tras lo vivido la semana pasada en Les Corts. Puig, que anunció un Comité Nacional para final de mes sobre el federalismo, optó por imponer su posición de número uno frente a una ejecutiva que en muchos casos se queja de no votar las decisiones «que deciden unos pocos».
Varios de los presentes apuntaron que después de la reunión de ayer la fractura es evidente y que habrá un antes y un después en la actual ejecutiva socialista.
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