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CARMELA LÓPEZ ORDAZ
Jueves, 18 de julio 2013, 02:46
Con la llegada del buen tiempo y el aumento del control policial para evitar el consumo de alcohol en algunos de los parques de la ciudad; los jóvenes se han visto obligados a trasladarse junto con sus botellas, sus vasos y sus hielos al paseo marítimo de Valencia.
«El botellón está cogiendo un auge y un camino insoportable» declara Ángel Andreu, propietario del Hostal Chicote y vecino de la zona. Declara que está asustado por la cantidad de gente que se reúne, cada fin de semana, a las puertas de su negocio, porque con el escándalo que montan impiden a sus huéspedes dormir con tranquilidad. «Viernes y sábado son los peores días, aunque cada vez va a más», afirma. «Conforme está el paseo ahora no ha estado nunca, ni el año pasado, ni el anterior», comenta.
A la policía «se la ve pasando a menudo pero no controlan», sostiene la responsable del Gabbana Bar. Y es que, según Ángel, ésta «ni puede ni actúa en condiciones», ya que para poder imponer una sanción necesitaría analizar las bebidas para comprobar que lleven alcohol. Por lo que, las fuerzas del orden se limitan a controlar el tráfico. «Se sitúan en las rotondas, hacen un buen trabajo, pero a las tres, cuando acaba su turno, se van, justo en mitad de todo el follón», lamenta Andreu.
Cuando amanece, después de casi ocho horas de fiesta, el paseo marítimo se encuentra en unas condiciones «vergonzosas»: vómitos, orín, bolsas de plástico, botellas, cristales, líquidos esparcidos por el suelo... Y así se mantiene hasta que pasa la brigada de limpieza. La mayoría de los empresarios de la zona consideran que ésta pasa «temprano» y que es «eficaz», pero que en ocasiones, y debido a los recortes en materia de limpieza, «hace una pasadita ligera» y «es tanto lo que hay, que no se lo lleva todo». Por lo que los propietarios se ven obligados a adecentar las calles ellos mismos.
También con la luz del sol, a los hosteleros les llegan las quejas de sus huéspedes y el perjuicio económico que eso supone. Después de toda noche sin dormir, algunos deciden marcharse antes de tiempo, mientras que otros valoran negativamente el local a través de las páginas web, condicionando así el futuro del negocio.
El presidente de la Asociación de Hoteleros de las Arenas, José Miguel Bielsa, considera que estas concentraciones son «la asignatura pendiente» del gobierno valenciano. «Esto en otros lugares no ocurre, pero Valencia se ha convertido en la ciudad sin ley», expresa.
Sugiere a las autoridades una multa «de 200 euros» a cualquier persona que monte escándalo a partir de medianoche, y propone que se acondicione «un espacio lúdico» en el que los jóvenes puedan divertirse, pero sin molestar a nadie. Además, Bielsa quiere hacer un llamamiento a las familias de los jóvenes, al considerar que ellas podrían mejorar la situación, porque en gran parte "es cuestión de educación". Desde la asociación, reclaman al ayuntamiento que se realicen controles policiales más fuertes en la zona marítima, como los que se vienen haciendo en otros anteriormente conflictivos como Tarongers.
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