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DANIEL VALERO
Domingo, 28 de julio 2013, 16:16
«Los ratones son los amos de mi calle». Así de rotunda se expresa María Ángeles, vecina del número 60 de la calle Carcaixent de La Coma, que califica de «plaga» el problema de roedores y cucarachas que padece su zona. «En la plaza Llaurí llevamos dos años pidiendo una fumigación que nunca llega», añade Augusto Juan Epam. La asociación de vecinos del barrio, que ha comunicado estas quejas al ayuntamiento, denuncia que los desperfectos en las arquetas «no se reparan». «Hay problemas como para rellenar todos los días una hoja de reclamación», declara el presidente de la entidad, Tomás Moreno.
El Ayuntamiento de Paterna asegura que la desinsectización y desratización es idéntica a la del resto del municipio, y apunta a la «falta de tratamientos en casas particulares» como el posible detonante de una «presencia excepcional» de estos animales. «Las campañas de Aigües de Paterna son las mismas en La Coma que en el resto de barrios», subrayaron.
«En muchas ocasiones el problema estriba en que los focos de infección no están en la red pública de alcantarillado sino en las canalizaciones de las propias viviendas, que precisan de la aplicación de tratamientos por parte del propietario o inquilino del inmueble», apuntaron fuentes del consistorio.
Las mismas fuentes aseguraron que el último tratamiento en La Coma se realizó del 17 al 21 de junio «y no se detectaron problemas destacables en la red de alcantarillado del barrio». «Conocemos que hay presencia de roedores en algunas calles internas y zonas verdes comunes, pero se deben principalmente a la existencia de desperdicios en los mismos».
Pero a los vecinos no les convencen estas explicaciones. «Están por todas partes. Cruzan sin miedo por calles y aceras», asegura María Ángeles, que explica que se trata de ratones pequeños de entre cinco y siete centímetros y de cucarachas de color rojizo. «Ratas grandes también se ven, pero menos», admitieron. Pese a que sostiene que el problema en la zona es «generalizado», su caso particular sí responde a las características de los focos de infección descritos por el ayuntamiento.
«Mi situación se agrava por la suciedad del piso de arriba, que está plagado y bajan por todas partes. Los oigo correr por las paredes y por el techo de mi deslunado, y no hay manera de acabar con ellos», relata la vecina, que asegura que el problema le está afectando «psicológicamente». «Vivo encerrada en mi casa para que no entren, es una pesadilla», lamenta. La mujer insiste en que no ha visto fumigar al ayuntamiento en los últimos siete años. «No puedo hacer mucho más que poner cepos», afirma resignada.
Augusto, que padece una situación muy similar pero con las cucarachas en la plaza del Llaurí, explica que el problema se agravó hace un año. «El verano pasado fue el primero agobiante, aunque llevamos dos seguidos reclamando que se fumigue». El residente añade que en el barrio «no se reparan las cosas». «Esta plaza está sin alumbrado desde hace mucho tiempo», denuncia.
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