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CHELO LLUESMA
Domingo, 13 de enero 2008, 02:29
la hermana Abradelo. "En el salón de mi casa organizaba misas. Hacía los rezos y daba la comunión a mi tía. La tenía frita a la pobre". María Abradelo de pequeña, "y aunque no lo parezca, por la profesión que tengo ahora", quería ser monja. Tanto se metía en los hábitos que estuvo apunto de costarle la casa a sus padres. "Encendía velas para ambientar y una vez un cirio se cayó sobre una silla de terciopelo". Un pequeño incendio sin mayores consecuencias que se solventó con ayuda familiar.
Dice la presentadora que eso de querer ser religiosa es uno de los vicios adquiridos de estudiar en un colegio de monjas, porque a su hermana mayor le pasaba exactamente lo mismo: "Mis padres ya no se asustaban porque tenían el precedente y me dejaban hacer". Estuvo en el Movimiento Eucarístico Juvenil y, aún hoy María guarda una fe muy fuerte. "Soy católica, no me escondo, es un buen mensaje y una buena forma de entender la vida. Tengo la Biblia en mi habitación y me tranquiliza leerla", admite orgullosa la presentadora.
La niña también quería dedicarse a profesiones más al uso para la edad. La primera, veterinaria, "hasta que un día acompañé a una amiga al médico, vi sangre y me desmayé". Ahí acabó una carrera que prometía, porque María había demostrado más que sobradamente el amor por todos los perros, pájaros, gatos y demás "animalillos" que la habían rodeado y empezó su andadura por la peluquería. "Todo lo que tuviera que ver con el maquillaje y los peinados me gustaba. De hecho recuerdo con mucho cariño que los Reyes me trajeron una muñeca que se podía pintar. El problema vino después cuando no había manera de desmaquillarla y ¡cogí una llorera!". Las prácticas las ampliaba con los moños de su abuela: "Hasta hace unos años aún la peinaba para los fines de año".
Y ¿cómo llega María, que quería ser monja, a colgar los hábitos en sus juegos y pasar a la televisión? "Era un niña ejemplar, súper buena, hasta que cambié de colegio, a uno mixto y comencé a hacer las pellas normales de la edad". Una de las que vivió con su amiga Blanca fue una aventura arriesgada, ya que robaron un caja de cerillas de un supermercado y las pillaron.
Y no es que esta trastada sea definitiva para entrar en la televisión, pero la nueva María, que no había querido nunca saber nada de la farándula, comenzó a interesarse por la vocación familiar. "Mi madre era cantante, tengo tíos escultores y pintores, mi padre trabajó en Radio Nacional y mi hermana también es artista". En definitiva, tenía los genes, sólo faltaba desarrollarlos: "La primera vez que salí a un escenario me temblaban las piernas. Tenía 12 años y, guitarra en mano, acompañé a mi madre en un villancico". Está claro que menos ella, todos en la familia sabían que llegaría a la televisión. "Mi abuela me cuenta que cuando era pequeña era muy mona, muy rubita y muy graciosa, que con dos añitos cantaba las canciones de mi madre por la calle", afirma.
Enciclopedia de la Comunitat
De sobra es conocido el gran esfuerzo que hizo María Abradelo para aprender valenciano cuando desembarcó para quedarse, allá por 1996, en Canal 9. "Lo hice porque quise. Nadie me dijo nunca en la tele que estaba obligada aprender el idioma y supongo que como a cualquier persona que empieza de cero, me salían las típicas ", explica. Aún hoy, la presentadora recuerda los primeros libros que leyó en la lengua autóctona, una colección de clásicos para fijar las normas de la lengua valenciana: ", la ..., un montón, incluso me leí y en valenciano".
Pero su relación con la Comunitat viene de sangre: "Tengo familia en San Juan, también en Alicante donde viví las Hogueras ya de niña, uno de mis tíos se llamaba Sagunto por la ciudad, un novio de mi abuela, al que después por el programa conocí, era de Mutxamel y además de pequeña veraneaba en Benidorm". Ese currículum familiar, además de los tours que se hizo con el por toda nuestra geografía, la han convertido en una enciclopedia valenciana andante: "Si el programa era por ejemplo en Xàtiva, estudiaba su gastronomía, su historia y así con los municipios y con todos los trabajos que hago tanto en Canal 9 como en Canal Sur o en Castilla La Mancha TV".
Por todas esas experiencias y por "la luz, la gastronomía, la calidad de vida y la gente que es estupenda y me quiere", María fijó su residencia en la capital. "Nací en Madrid, vale, pero soy valenciana, me siento de aquí -proclama orgullosa-- mi hija es valenciana, al igual que mi marido".
Desde que pisó Valencia por primera vez se sintió como en casa, por eso afirma convencidísima: "Ni me voy, ni me he ido, ni me iré nunca."
En la vida "tranquila y normal" que ha conseguido entre valencianos, María dedica la mayor parte de su tiempo libre a Dafne, su hija: "Cuando eres madre, la prioridad son tus hijos, así que después de trabajar salgo corriendo para estar con la nena, jugar o llevarla a natación".
La niña sigue a su madre en la práctica del deporte, uno de los vicios de la presentadora: "La vida sana, voy al gimnasio, hago spinning, corro, patino. Hay que cuidarse" . Y además, confiesa: "Me veo todos los partidos del Valencia C.F. La cosa ahora está mal, pero son rachas, ya mejoraremos. Hay que dar algo de confianza al nuevo proyecto".
Nuevo programa
María ha vuelto esta semana a la televisión pública con , un nuevo programa concurso de canciones para la sobremesa. "Con Canal 9 estoy encantada y no quiero que suene a peloteo, pero allí tengo muchos amigos y es un gozada trabajar con tan buenos profesionales".
Con todo el carrerón que tiene en televisión, María sólo tiene un asignatura pendiente. Dice que le gustaría hacer un programa en formato magacín familiar y con entrevistas. Ya llegará, y apostamos por que sea en valenciano.
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