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AGUSTÍN VILLANUEVA
Domingo, 4 de enero 2009, 03:11
tribuna La ministra Aido hace unos días manifestaba en relación con el aborto que había que buscar lo mismo que hacen en Europa. Miembra del ejecutivo a que Europa se refiere: la Europa que se dibujaba como la gran alternativa de defensa frente al Islam; la Europa que identifica a la cristiandad romana; la Europa en cuanto Universitas cristiana, que era la suma de cinco naciones: Italia, Alemania, Francia, España e Inglaterra, a las que Roma reconoció la existencia de cinco entidades nacionales, a las que llamó diócesis (vivir juntos). En 1948, Salvador de Madariaga decía que Europa, a pesar de sus diferencias, tiene ese aire de familia que le hace a uno decir: esto es Europa, un aire de familia que absorbe y resuelve los matices y acentos nacionales en una unidad neta y clara. Y nacerá Europa cuando los españoles digamos "nuestro Chartres", y los ingleses "nuestra "Cracovia", y los italianos "nuestra Copenhague", y cuando los alemanes digan "nuestra Brujas" y retrocedan de horror a la mera idea de poner sobre ella manos asesinas. Ante todo, manifestaba Madariaga, amemos Europa sonora de las carcajadas de Rabeais, luminosa de la sonrisa de Erasmo, del ingenio de Voltaire de Miguel Angel, de lanza en ristre de Don Quijote, de Hamlet que busca en el pensamiento el misterio de su inacción, . Entonces Europa vivirá, porque entonces, el Espíritu que guía la Historia habrá pronunciado las palabras creadoras: Fiat Europa. Que Europa amiga Aido, la que buscaron tres amigos que unieron Europa: Robert Schuman, Alcide De Gasperi y Honrad Adenauer. Los tres fundadores de Europa que se comprendieron y quisieron; fueron hombres de fronteras y al mismo tiempo sin fronteras; los tres fueron hombres de fe, fe que heredaron pero que supieron también supieron cultivar. En sus propias vidas, como señala Ana Gonzalo Castellanos, en sus propias vidas, y no solo en sus palabras, echa Europa sus raíces Los tres conocieron la persecución y en esas circunstancias gestaron sus ideas de fraternidad entre sus pueblos. Schuman será encarcelado por primera vez en 1940 tras la invasión alemana en Francia. De Gasperi será encarcelado en 1927 por cuatro años y escribe la frase bíblica: Quién siembra con lágrimas recogerá cantando. Adenauer conoce la celda por primera vez siendo alcalde de Colonia en 1933, y lo declaran "indigno de confianza". R. Schuman propone tender la mano al enemigo de ayer, no sólo para reconciliarse sino también para construir juntos la Europa del mañana. La Europa de la que usted habla debe ser la que Dalmacio Negro manifiesta en su libro "Lo que Europa debe al Cristianismo": en todas las civilizaciones han existido escépticos, ateos, impíos, no creyentes. Pero jamás se había planteado en el seno de una civilización una lucha para erradicar la religión. La lucha por la cultura se ha convertido en la lucha por la religión o contra la religión. No ya el ateísmo sino la increencia se extiende de manera casi incontenible con ayuda directa o indirecta de los poderes públicos, que hacen suyos la amoralidad antirreligiosa, los valores antirreligiosos y las actitudes antirreligiosas y todo lo posible para desenraizar la fe. ¿Podrán seguir existiendo la cultura y la civilización europea sin la religión? Hasta ahora, sostiene Dalmacio Negro, la religión ha sido la clave de todas las culturas y civilizaciones conocidas. La fe religiosa informa el êthos que les da la vida atribuyéndose su sentido. Europa, cara Aido, muy debilitada espiritualmente y en manos de una clase dirigente adocenada, todopoderosa y corrupta, no sabe qué es, no está segura de su identidad o carece de ella. Es lógico. La identidad presupone la memoria y, como dice George Steneir, desde mediados del siglo XX, la memoria está cada vez más atrofiada en la cultura y en la educación europea; lo mismo que el sentido común. Goethe decía que el propio, único y más profundo tema de la historia universal y de la humanidad, al que se subordinan todos los demás, es el conflicto entre la fe y la increencia.
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