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PAULA BORJA
Viernes, 20 de marzo 2009, 03:32
Como una de las protagonistas femeninas de sus canciones, a Joaquín Sabina siempre se le reconocido por tener "la frente muy alta y la lengua muy larga". Lo que hasta el momento sólo se intuía es que junto al cantautor había unos estupendos músicos y que todos ellos, con el maestro Sabina en medio, formaban una especie de discípulos laicos, con la buena música y las buenas letras como su religión. Después de años de -aunque Sabina prefirió ironizar con la palabra 'top' para titular uno de sus discos-, sus músicos han querido subir sólo ellos al escenario y realizar este particular homenaje a su maestro, compañero y amigo. Es así como surge Carabina 3030, un proyecto musical que los músicos han querido definir como "una reunión de amigos para subir al escenario y cantar nuestras canciones". Al fin y al cabo, por tantas veces tocadas sobre un escenario y por la labor anterior, en el estudio, las canciones de Sabina también son, en cierta medida, de ellos. No sólo han vibrado con ellas ante miles de personas. Antes, también han actuado de arreglistas, productores... Junto con Joaquín, claro está. Ahora, el escenario del Centro Cultural de Almussafes les verá subir, mañana sábado 21, a ellos, para entonar algunas de las canciones más emblemáticas. Lo más importante no es de quién sean las canciones -de los músicos solos, junto a Joaquín o en compañía de otros músicos-. En el concierto del próximo sábado lo más relevante es el modo en que se presentará Carabina 3030. "Escucharlas de la forma con la que las creamos, cantándolas en casa alrededor de un sofá", han comentado los músicos de Sabina. Así, es fácil imaginar ya a Pancho Varona, Antonio García de Diego, Jaime Asúa, José A. Romero y Pedro Barceló tranquilos, sosegados e iluminados con una cálida y tenue luz, ante los aficionados de la comarca que se desplacen para verlos. Incluso, a partir de la cuarta o quina canción, acompañar la melodía con el sorbo pausado de un vaso de whisky. Eso no hace daño, como diría Sabina. Para escuchar a la guitarra, el teclado y las voces que acompañan a Joaquín Sabina sobre el escenario, las entradas están a la venta con un precio de cuatro euros en el Centro Cultural de la localidad de la Ribera Baixa. La ocasión lo merece. Aún no "es demasiado tarde, princesa".
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