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M. GORDILLO
Domingo, 19 de abril 2009, 04:07
Cuando, el 28 de septiembre del año pasado, Jorge Alarte se coronaba como nuevo secretario general del PSPV, se extendió en el partido la sensación de que la percepción de la realidad valenciana en Madrid iba a cambiar. La buena sintonía que destilaba el líder de los socialistas valencianos con destacados miembros del Ejecutivo de José Luis Rodríguez Zapatero (la vicepresidenta Fernández de la Vega, sin ir más lejos), y los esfuerzos invertidos por la dirección del PSOE, conducidos por Leire Pajín, en la victoria del alcalde de Alaquàs, contribuyeron a acrecentar ese optimismo respecto a que, a partir de entonces, la Comunitat pesaría más. Seis meses después, los últimos acontecimientos han dado una bofetada al ego del PSPV. El comité federal del PSOE aprobó ayer la lista definitiva a las elecciones europeas del 7 de junio. De los 50 aspirantes, el PSPV puede presumir de estar representado en cuatro nombres: Andrés Perelló, María Ángeles Avilés, Vicent Garcés y Beatriz Domènech. Pero sólo los dos primeros tienen posibilidades de obtener escaño en Bruselas al figurar entre los 20 primeros puestos de la candidatura (el 12 y el 15, respectivamente). Ambos responden a sendos objetivos finales de los que Pajín, coordinadora de la confección del listado, sale directamente beneficiada. En primer lugar, porque el senador deja su escaño por la Comunitat para que lo ocupe la secretaria de Organización, que hasta ahora no tenía presencia institucional en las Cortes Generales. En segundo término, porque la concejala de Hacienda en Elche suponía una amenaza para el Gobierno local de Alejandro Soler, amigo y profeta de Pajín en tierras valencianas. La inclusión de Avilés fue una petición directa del alcalde ilicitano a Alarte. Para facilitarle las cosas a su número tres (Soler también es vicesecretario general del PSPV), el líder socialista ha tenido que renunciar a su única propuesta propia para la candidatura, Rafael Rubio. La salida europea del portavoz del partido en la Diputación de Valencia habría permitido el ascenso de Carmen Martínez, secretaria general de la provincia, en la corporación, ya que habría recibido el altavoz institucional y se habría podido posicionar como candidata a la presidencia de la Diputación en las próximas elecciones municipales. La paridad fue el argumento esgrimido por la dirección del PSOE para justificar el descenso de Rubio hasta puestos más allá del número 30, por lo que Alarte prefirió retirar de la lista el nombre del también concejal en Valencia. Se trata del primer pulso entre Blanquerías y Ferraz, del que los socialistas valencianos han salido escaldados. El desaire que ha significado la decisión de Pajín tuvo muy mala recepción en el entorno del líder del PSPV, donde resuena en los últimos días eso de "arrieros somos...", y se apunta que se exigirán responsabilidades si, derivado de la investigación judicial del pago de facturas del partido por parte del Ayuntamiento de Elche, Avilés resulta imputada de algún delito de malversación de fondos públicos. De los dos segundos, Garcés (número 26) fue incluido a propuesta de la corriente interna Izquierda Socialista, de la que es máximo representante, y Domènech (puesto 42) responde a la petición del secretario general del PSPV de Castellón, Francesc Colomer, de que la provincia tuviera un hueco en la lista, aunque se daba por hecho que sería hacia el final de la misma. Tal vez el resultado de la confección de la lista del PSOE a las elecciones europeas no habría dado tanto que hablar en la Comunitat si no hubiera coincidido, con sólo diez días de diferencia, con la remodelación del Gobierno central en la que el PSPV también vio menguada su presencia en Moncloa. De los tres ministros valencianos de los que se rodeaba José Luis Rodríguez Zapatero, sólo una, María Teresa Fernández de la Vega, se salvó de la quema. Pedro Solbes y Bernat Soria fueron sustituidos (no sin estupor en el segundo caso) por Elena Salgado y Trinidad Jiménez. El segundo escalón del Ejecutivo, en el que ya ha entrado Inmaculada Rodríguez-Piñero, es la esperanza de los socialistas valencianos. Este último movimiento, propiciado por el nuevo ministro de Fomento, José Blanco (que deja a Pajín el mando del PSOE), ha provocado además un efecto dominó del que se han beneficiado el concejal en Valencia José Luis Abalos (que ocupará el escaño de Rodríguez-Piñero en el Congreso) y su primer suplente en la lista municipal, el Francisco Carsí. Una circunstancia que no ha pasado desapercibida para las malas lenguas, que apuntan a la ventaja obtenida por ambas familias en la ciudad frente al tándem Rubio-Alarte. Aunque el primer asalto haya decantado el marcador en favor de Pajín, la batalla final no se librará hasta las autonómicas de 2011. Y en esa contienda, Alarte no tiene intención de ceder posiciones en su carrera hacia el Palau de la Generalitat.
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