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Luis Candela
Jueves, 18 de diciembre 2014, 02:41
Cuando los policías locales lo redujeron pensaron que se encontraban ante una especie de militar en plena operación especial. Eso al menos aseguró ayer uno de los agentes en el juicio contra un hombre que habitaba en un transformador que la emprendió a cócteles molotov y a tiros de carabina contra otro indigente en una zona marginal de Benidorm. «Daba la sensación de estar fuera de sí, como si fuera Rambo», aseguró el policía que participó en la detención del acusado, que ayer se sentó en el banquillo de la Audiencia Provincial de Alicante.
Provocación. El acusado dijo que la víctima le hacía la vida imposible y le amenazaba de muerte.
Altercado. La Fiscalía asegura que el acusado ya roció con gasolina al otro indigente días antes.
Ataque. Francisco está acusado de lanzar los artefactos explosivos a la víctima el pasado 17 de marzo.
La Fiscalía pide para Francisco M.A, de 56 años de edad, una pena de hasta 20 años de prisión por dos asesinatos en grado de tentativa, pues su contrincante no se encontraba solo la mañana del 17 de marzo de este mismo año. Según sostiene el Ministerio Público, el procesado se dirigió a la chabola de su vecino, que se encontraba a unos 20 metros de distancia, en la partida Armanello de Benidorm y arrojó hasta tres artefactos inflamables caseros. Mientras, el sujeto profería frases como «rumano hijo de puta, sal que te voy a matar, hoy se te acaban los días».
El hombre reconoció ayer lo sucedido, pero sostuvo que tan solo quería dar un escarmiento a la víctima, que no apareció en el juicio al encontrarse en paradero desconocido. «Mató a mi gato y me dijo que me haría lo mismo si lo denunciaba», relató ayer el acusado entre sollozos, alegando que sufría una persecución por parte de la víctima. «Me pegaba y torturaba, se colaba en mi casa y hacía sus necesidades allí, además de que me exigía dinero», declaró ante el tribunal de la Sección Segunda.
Por su parte, la expareja de la víctima, que también sufrió el ataque, dijo que poco conocía al acusado, aunque sabía que tuvieron algunas trifulcas previas al suceso. De hecho, el Ministerio Fiscal hace referencia a que el indigente le lanzó gasolina días antes con la intención de prenderle fuego, como se recoge en el escrito de acusaciones. La mujer contó cómo despertó por los gritos de su expareja y vio cómo Francisco colocaba la carabina, que resultó ser de balines pero daba la sensación de mayor calibre, por un agujero de la puerta para liarse a disparos.
Presa del pánico, la mujer llamó al 112, pues la chabola carecía de más puertas y comenzaba a llenarse de humo. «Prefiero morir de un tiro que quemada», asegura que dijo en esos momentos de angustia, «porque estábamos atrapados como en una celda». Unos veinte minutos después de la alerta, la Policía Local se presentó en el descampado donde los fines de semana se ubica el mercadillo. Los agentes se toparon con un hombre que disparaba a la caseta y profería amenazas de muerte a los dos ocupantes. Pese a ello, el acusado afirmó desconocer que la mujer se encontraba en el interior.
Una vez lograron que el procesado dejase la escopeta en el suelo, uno de los policías se abalanzó sobre él, pues pensó que iba a lanzar otro cóctel molotov. Además de la escopeta, los investigadores le intervinieron al menos otras dos botellas con gasolina listas para ser arrojadas y un cuchillo.
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