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El Rey Baltasar a lomos de un dromedario en el recorrido de la Cabalgata por las calles del casco histórico.
Alforjas llenas para satisfacer a los niños

Alforjas llenas para satisfacer a los niños

Miles de personas presencian la entrada a la ciudad de los Reyes Magos en la noche más ilusionante del año

Joaquín Andreu Esteban

Viernes, 6 de enero 2017, 00:34

Los niños disfrutaron ayer de una jornada en la ciudad donde se hicieron realidad sus anhelos por ver a quienes cada noche del cinco de enero les agasajan con los regalos que en forma de juguetes les han pedido. Los Reyes Magos volvieron a poner en sus caras el entusiasmo por encontrarse ante ellos durante todo el día ya que Melchor, Gaspar y Baltasar tuvieron una apretada agenda desde primeras horas de la mañana. Así lo primero que hicieron Sus Majestades de Oriente fue acudir al Ayuntamiento para recibir las llaves de la ciudad y poder entrar en los hogares con sus presentes durante toda la madrugada.

El alcalde, Emilio Bascuñana, acogió tanto a los tres magos como a decenas de niños que no quisieron perderse la ocasión de verlos y tocarlos tras bajar de sus dromedarios. Los mágicos soberanos se mostraron receptivos a las últimas peticiones y tras estar en la casa consistorial acudieron al Teatro Circo también para escuchar de sus pequeñas bocas los encargos.

Después se marcharon de la ciudad para cargar sus alforjas y regresar por la tarde desde más allá de las Espeñetas, lugar desde el que generaciones de vecinos los han visto salir en la Cabalgata que tuvo lugar desde las calles tradicionales del Rabaloche hasta embocar en el centro urbano para culminar el periplo en la Glorieta. El cortejo no defraudó a los centenares de niños y miles de adultos que los arroparon ya que en esta ocasión fueron casi trescientos figurantes lo que llenaron las principales vías de música, danzas y el colorido que se presupone a una comitiva pensada para aportar ilusión a los más jóvenes de cada casa. El boato de los Reyes Magos se abrió con un animado espectáculo basado en los personajes del 'Libro de la Selva' y así se pudo ver desde Mowgli al oso Baloo acompañados del resto de protagonistas o un ballet de monos que hizo bailar a más de un niño.

Tras ellos llegó otra de las escenas de las que estuvo compuesta la entrada a la ciudad de los Reyes Magos donde se pudo ver una representación de oficios tradicionales como los del herrero con su fragua, panaderos, lavanderas o las casi extinguidas castañeras que antaño hacían su aparición con los primeros fríos del invierno. Tampoco faltó un nutrido grupo de pastores, rebaños de cabras, patos y ocas que precedieron a la representación de un belén sobre una plataforma tirada por una pareja de enormes bueyes, una estampa tradicional que se cerró con otro número musical de danzantes estrellas luminosas.

Pero los niños lo que querían ver era a esos tres míticos monarcas que colman sus expectativas en la noche más ilusionante del año y los magos no tardaron en aparecer con su cortejo de pajes y porteadores de los obsequios que ya de madrugada dejaron en los hogares. La comitiva la abrió el más anciano de ellos, privilegio que le corresponde a Melchor, el preferido de los pequeños. Gaspar también despertó numerosos aplausos de regalo y correspondió a ellos desde la altura de su dromedario para ser después Baltasar el que cerró el trío más reclamado durante doce meses por los niños. La comitiva se cerró con el reparto de regalos que hicieron desde un tren unos duendes que se sumaron al cortejo. Tras cumplir con el recorrido habitual los Magos de Oriente todavía tuvieron tiempo de atender a los últimos pequeños en la calle San Gregorio donde los magos desaparecieron para poder cumplir con su tarea de hacer realidad los sueños infantiles.

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