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cambio, los cauces han cambiado y las inundaciones han afectado incluso a parajes naturales como una cascada de una veintena de metros de altura que ha quedado cegada. El alcalde de la localidad, Alejandro Portero, señala estos ejemplos como signos del destrozo pendiente de eliminar.
Ocurre algo similar al cercano Sot de Chera, donde la oferta turística ha desaparecido como por ensalmo, como publicó ayer LAS PROVINCIAS. No es tan grave, dijo Portero, aunque señaló que la principal área recreativa, con un aforo de acampada para 250 personas, ha desaparecido. «Hay que tener en cuenta que en la dana cayeron 450 litros por metro cuadrado y en las últimas lluvias también una buena cantidad», señaló el primer edil.
En la zona de acampada quedaron destrozados los aseos, las fuentes de agua no potable y otras instalaciones. El embalse de Buseo domina toda la zona y el alcalde señaló que el agua subió tres metros por encima del punto de coronación, mientras que en la riada de 1957 fue de 1,60 metros, según la información que maneja el cronista local.
«La gente iba de acampada a esta zona o simplemente a pasar el día», dijo, para señalar que el nivel de destrucción es de tal calibre que ahora es muy aventurado internarse con un coche por esas zonas. Esta red de caminos es también necesaria para los campis de aceitunas. «Tenemos una almazara que necesitaba acceso los primeros días y pusimos ahí todo el esfuerzo», dijo. El primer edil consideró que hay voluntad de «arreglarlo todo pero es que hay mucho», señaló. Eso sí, consideró que la parte de los caminos y las zonas turísticas y para senderistas «van con bastante retraso» en la reparación.
La carretera que conduce a Sor de Chera seguirá cortada varios meses, mientras que la destrucción se extendión a las balsas y acequias, todas de propiedad municipal. «Ahora mismo vengo de ver el estado de una, será complicado el desbroce y limpieza pero en eso estamos», comentó.
Citó como ejemplo que el sistema de captación de aguas para su potabilización «tenía más de 200 años y ha quedado destrozado por completo». Estuvieron sin luz eléctrica al completo cerca de tres meses y las tareas de los responsables municipales se enfocaron a que los mayores tuvieran las necesidades cubiertas.
Unas cuevas visitables, las de La Garita, quedaron también dañadas, mientras que por el contrario las inundaciones han abierto algunas zonas de baño nuevas. «Todo ha cambiado, algunas zonas están incluso mejor», dijo.
La salida del municipio hacia Requena está abierta, lo que supone un fuerte alivio. «Desde los primeros días tuvimos maquinaria para limpiar pero es mucho trabajo», explicó. Uno de los puentes sobre el río Reatillo, el que conduce precisamente a la ciudad citada «se movió varios centímetros y debe ser revisado».
En cuanto a las pérdidas, en una aldea donde confluye el término con Requena y Siete Aguas, hay varias casas afectadas, por lo que están pendientes del reparto de las ayudas de la Fundación Amancio Ortega.
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