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BELÉN HERNÁNDEZ
Domingo, 2 de enero 2022, 23:38
Con un proyecto pensado para «atraer talentos a la España rural», David Muñoz y Evaristo Pastor reinventan la forma de llevar a cabo un oficio de tradición milenaria. Una carrera por la digitalización que se está librando desde Silicon Valley hasta Israel y que promete transformar la apicultura. La firma valenciana Global Bee, originaria de Ayora, apuesta por la tecnología, cuya implementación en el sector «en cinco años será una realidad», según vaticinan.
Siendo conscientes de los problemas bióticos que experimentan los apicultores de primera mano, Pastor, al ser aficionado de la profesión, propuso a Muñoz combinar tecnología y tradición para destacar el trabajo, dedicación y valor añadido que hay detrás de la producción de un kilo de miel. Gracias a su sistema de monitorización, se puede conocer la evolución de la producción de los apiarios en tiempo real y la salud de las abejas que habitan en ellos. Entre sus logros identifican el ser capaces de medir de manera robusta y sistemática en el tiempo variables críticas de la colmena, así como extraer conclusiones relevantes en base a su interpretación.
El proyecto pasa por conectar con las necesidades reales de las personas que trabajan en el sector. «Estamos incorporando el conocimiento de apicultores profesionales, contamos con ellos para validar presunciones que vamos haciendo», comenta Muñoz. Una temática que concierne a todos los valencianos, teniendo en cuenta que la Comunitat se sitúa la segunda en la lista de distribución de la producción de miel en el territorio nacional con el 19,9%. «La iniciativa nació en la España vaciada, en Ayora, una población fundamentalmente apícola», comenta David Muñoz. Los dos integrantes de la startup han convivido de manera diaria con personas que se dedican a este oficio, lo que les dota de una especial sensibilidad hacia la problemática existente.
«Competimos con startups muy potentes técnicamente y dopadas financieramente en Silicon Valley (California) y en Israel. Y sin embargo hemos conseguido avanzar el proyecto tecnológicamente a un punto de eclosión que nos puede permitir ser líderes en este campo en el medio plazo», reflexionan.
La necesidad de una monitorización constante es más que evidente. Las abejas son acechadas en particular por los robos, las intoxicaciones por agroquímicos, la falta de alimento o de polinización. Por lo tanto, es importante «reconocer que tenemos activos a kilómetros de distancia. No duermes bien si la colmena se está muriendo o presenta enfermedades como la varroa», dice Muñoz con empatía hacia las históricas preocupaciones que atormentan a los apicultores.
El sistema incorpora, sin necesidad de modificar la fisionomía de la colmena, sensores de peso bajo las cámaras de cría y almacenamiento, y de temperatura y humedad interior y exterior, destacando por su facilidad de instalación. Un producto que «funciona a demanda» para adaptarse a las particularidades que exija cada activo. La inteligencia artificial, el Big Data y las herramientas de 'machine learning' permiten que sea posible este seguimiento y obtener «datos veraces». «Hablamos de prescribir, lo que significa entender lo que va a suceder en las colmenas y actuar para que ocurra lo que queramos», añade Muñoz.
Sus aspiraciones también incluyen la responsabilidad con el medio ambiente. «Estamos reduciendo las emisiones de gases de efecto invernadero con el transporte y teniendo en cuenta los factores abióticos y bióticos», explica. «Si incorporamos el concepto de blockchain, la agricultura tecnológica tiene un carácter ecológico y local», dice.
Con una perspectiva optimista, ambos sacan la cabeza de la colmena para contemplar que su proyecto suponga todo un universo de posibilidades para la España vaciada. «Tenemos la aspiración de que se creen puestos de empleos que generen valor añadido para que la población no tenga que emigrar a la ciudad», comparte Pastor. En sus palabras se percibe su compromiso por reactivar la parte rural del país. Global Bee Project nace de la ilusión por reincorporar una técnica histórica como la apicultura.
«Uno de los problemas que tiene el sector primario es que el precio no lo pones tú, sino que viene impuesto, sobre todo si no hay ningún elemento que diferencie tu producto con el de la competencia», afirma Pastor. «Para poder entender y revertir la situación primero hay que conocer exactamente tus costes».
Recalca la importancia de conocer los elementos clave para ser competitivos. «Para poder clarificar estos aspectos y ponerlos todos en un mismo plano incorporamos la tecnología que hoy en día se usa en el ámbito industrial, de manera que conocemos la situación real y podemos hacer un seguimiento exhaustivo».
Ambos empresarios encuentran en las abejas, más allá de su producción, múltiples enseñanzas. Recordando que se trata de una especie trabajadora, encuentran inspiración para compartir la importancia del sacrificio y de la cultura del esfuerzo. Casi a modo de fábula, comparten publicaciones transmitiendo cómo las relaciones sociales dentro de las empresas pueden mejorar siguiendo estos patrones de comportamiento. «La abeja es el único insecto que enamora, la gente está concienciada de su gran labor como ayudar en la producción de sandías y melones. Hay sensibilización», consideran.
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