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La Generalitat mantendrá en 2023 la aportación destinada a que los colegios concertados cubran sus gastos corrientes, lo que implica hacer oídos sordos ... a la petición histórica de que sea actualizada teniendo en cuenta que la última vez que mejoró fue en el curso 2009-2010.
Ni siquiera el desorbitado incremento de los precios de los suministros, con especial protagonismo de la luz y el gas, que se pagan con esa partida, ha influido en la decisión. Y eso que la situación es alarmante, teniendo en cuenta que hay centros donde los costes se han llegado a quintuplicar en cuestión de meses, lo que provoca una reacción en cadena: cualquier previsión de hacer mejoras en las instalaciones queda descartada. O incluso obliga a posponer tareas de mantenimiento no urgentes.
Los fondos públicos que libra la Generalitat, el concierto, incluye los salarios del profesorado, que abona directamente la conselleria al interesado, las cargas sociales y el módulo llamado Otros gastos, el que se utiliza para cubrir los costes de funcionamiento, ya sean los energéticos, el alquiler o la compra de material fungible. Se calcula en base al número de aulas del centro y el tipo de estudio. En los últimos años sólo se han actualizado los de FP, en pequeñas cuantías. Pero pese a la pujanza de estos estudios, todavía suponen una parte pequeña de la red concertada.
«No sólo estamos en la misma situación. Además se van añadiendo conceptos con cargo a esta partida», lamenta la secretaria autonómica de la patronal Escuelas Católicas, Vicenta Rodríguez, que se refiere a medidas como chequeos de salud del personal, evaluación de planes de igualdad o auditorías de eficiencia energética. La última carga en este sentido es la necesidad de hacer una revisión periódica de la instalación eléctrica, adicional a las de carácter plurianual. Son obligaciones que no existían o se han encarecido desde que se actualizó por última vez el concierto.
En un sentido similar se pronuncia Alberto Villanueva, presidente de la Federación de Centros de Enseñanza de Valencia (Feceval). «El problema ya no es sólo el incremento de la energía, sino la cantidad de conceptos que van a parar al módulo de Otros gastos, que ya no es únicamente el agua o la luz», dice Villanueva, añadiendo a la casuística anterior la actualización de programas informáticos y las medidas para garantizar la protección de datos personales. «Si trasladamos el escenario a un hogar, en el que tienes unos ingresos determinados pero están subiendo todos los gastos al final no puedes afrontar otras cuestiones necesarias», señala.
Sobre cómo paliar el creciente déficit, descartan que se opte por subir las cuotas voluntarias o los precios de las actividades que ofrecen, en el sentido de que las familias ya tienen suficientes cargas. «Lo asumen las titularidades», añade Villanueva.
LAS PROVINCIAS ha hecho un sondeo entre diferentes centros sobre la evolución de los costes energéticos y el incremento llega a resultar disparatado. Por ejemplo, en un colegio de Valencia con dos líneas, desde Infantil hasta Bachillerato, el gasto en gas ha superado los cuatro mil euros en la última factura, cinco veces más que en la recibida hace cuatro meses. También en la capital, y con un número de unidades similar, el recibo de la electricidad se ha incrementado en un 84%. En centros más grandes la tendencia sigue el mismo patrón: uno de 40 aulas ha experimentado un crecimiento del 142% en la luz, y otro de más de 30 del 389% en el gas. También hay casos del 55% en electricidad, como sucede en otro colegio que incluye todas las etapas y se ubica en Camp de Turia.
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