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Este mismo jueves el Cecopi ha reducido el nivel de emergencia en toda la zona cero de la dana. De los 75 municipios que se encontraban en el primer nivel, 71 pasan a estar en postemergencia, mientras que los 28 municipios que todavía permanecían en situación 2 descienden a la 1. Con este nuevo marco, el Cecopi se disuelve -aunque Emergencias mantendrá reuniones semanales con los pueblos en nivel 1- y la Unidad Militar de Emergencias (UME) se retira. Sin embargo, ni mucho menos esto quiere decir que la emergencia haya terminado. En municipios como Paiporta o Catarroja, centenares de vecinos todavía acuden a las llamadas colas del hambre para ahorrar en la compra básica y así destinar la economía familiar a la reconstrucción.
Casi cinco meses después, son muchos los vecinos de la zona cero que todavía necesitan de la ayuda humanitaria para abastecerse de alimentos y productos de primera necesidad. Sin embargo, es importante remarcar que no se trata por falta de alimentos o supermercados en la zona. Las grandes superficies volvieron hace semanas. Pese a ello, las economías familiares en lugares como Catarroja o Paiporta es delicada, y que se sigan suministrando alimentos en la zona ayuda a aliviar los gastos para la reconstrucción.
Así lo contaban este jueves varios de los usuarios que hacían cola en un punto de acopio de Paiporta. «Toda ayuda es bienvenida. La gente ahora hace números para ver si puede pagar una puerta, pintar una pared o conseguir un coche. Si nos pueden ayudar con la compra, eso que nos podemos ahorrar en las cuentas», comentaba un vecino. Y es que, desde estos puntos vecinos y voluntarios se organizan para seguir abasteciendo al resto del pueblo.
Durante la mañana, los vecinos pasaban por un mostrador improvisado, donde una mujer apuntaba las necesidades de cada uno. Legumbres, pañales, lejía y agua mineral. Sobre todo agua. Mientras una de las voluntarias apuntaba las comandas de los vecinos, al mismo tiempo tachaba del inventario los productos que se agotaban con el paso de los usuarios. «Según la hora a la que llegas, tú pides de tu lista y te dan lo que les queda. Tratan de racionarlo para que todo el que lo necesite pueda llevarse algo», comentaba otra mujer que esperaba su turno. Este jueves, por ejemplo, no quedaba leche.
Pese a que los vecinos agradecen que existan grupos donde se sigue realizando ese acopio de productos, insisten en que el problema en su pueblo va mucho más allá. «Está costando mucho reponerse de esto. En esta cola hay gente que tenía el negocio en el pueblo y que ahora es un bajo sin paredes ni persianas. Los vecinos tratan de ahorrar cada euro para recuperar sus vidas, pero es complicado», señalaba otro hombre, que añadía, «esto es muy duro. Ves que los supermercados han vuelto, cierto. Pero seguimos sin comercio, sin tiendas. Según la calle por la que paseas es un pueblo fantasma».
Esta misma semana se hizo viral en redes sociales un vídeo de un punto de acopio en Catarroja. La fila para poder recibir alimentos de manera gratuita era muy extensa. Algunos, incluso, llegaron a criticar que la gente se aprovecha de la existencia de estas colas para llevarse comida gratis. «Si no es eso. Excepto en los primeros tres o cuatro días que ya todos hemos dicho que no vino nadie, aquí no nos ha faltado de nada gracias a la gente. La necesidad ahora es que hay familias que si se dejan un dinero en la compra, no pueden pagar su parte de los arreglos de la comunidad», insistía un vecino.
En este sentido, eran varios los vecinos que, cuando se les pregunta, no pueden evitar recordar lo que vivieron la noche del 29 de octubre. «Sales de casa y sigues teniendo un montón de muestras de todo el daño que causó. Los negocios, las casas aún sin puertas, hasta las pesadillas. Todos recordamos dónde estábamos cuando llegó el agua y la noche que pasamos. Sigue estando muy presente y no lo vamos a olvidar. El pueblo sigue con muy poca vida y eso hace mella. Por ello, mientras existan voluntarios que nos sigan prestando este tipo de ayuda -el reparto de comidas- se agradecerá. Alivian mucho a la gente».
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Lucía Palacios | Madrid
María Díaz y Álex Sánchez
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