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Nomadland | Nómadas en Valencia

Nómadas en la Comunitat

Campistas. La 'Nomadland' valenciana recibió el año pasado medio millón de campistas y está a la cabeza de España pese a la pandemia

texto: J. A. Marrahí / fotografías: T. Rodríguez

Sábado, 8 de mayo 2021, 00:32

Fern lo ha perdido todo en la recesión. Toma su camioneta y se pone en camino hacia el Oeste americano para explorar una vida fuera de la sociedad convencional, como una nómada moderna. Más o menos de eso va la oscarizada película 'Nomadland' y, salvando las distancias, que son muchas, en la Comunitat, también es posible hallar habitantes de caravanas. Aunque no se trate de personas arruinadas y solitarias que habitan en la casa sobre ruedas como último y económico remedio. Pero sí son, en cualquier caso, buscadores de libertad, naturaleza, proximidad al mar o huida del ruido y el estrés urbano.

Las cifras esenciales del fenómeno las encontramos en el último informe de la actividad en campings de la Conselleria de Turismo: más de medio millón de alojados en el año de la pandemia, un 45% menos que en 2019. La región es la segunda región con más aficionados a este estilo de vida y descanso, sólo superada por Cataluña. Uno de cada cuatro campistas que visita España se establece en la Comunitat, un territorio con 111 espacios en los que acampar.

Buena parte de los nómadas en tierras valencianas son centroeuropeos. 'Aves' migratorias de caravana que llegan desde Alemania, Holanda, Suiza, Bélgica... En general les mueve el clima. Hibernan en la templada orilla del Mediterráneo para luego regresar en verano a sus países.

1. En familia. Llegados desde Suiza, Cristoph, Mireille y las jóvenes Jeanne y su prima Flannah. 2. Deporte. La mayoría de las caravanas transportan bicicletas para poder moverse por el entorno más cercano. 3. Campamento. Biciletas y otros objetos de una familia Txema Rodríguez
Imagen principal - 1. En familia. Llegados desde Suiza, Cristoph, Mireille y las jóvenes Jeanne y su prima Flannah. 2. Deporte. La mayoría de las caravanas transportan bicicletas para poder moverse por el entorno más cercano. 3. Campamento. Biciletas y otros objetos de una familia
Imagen secundaria 1 - 1. En familia. Llegados desde Suiza, Cristoph, Mireille y las jóvenes Jeanne y su prima Flannah. 2. Deporte. La mayoría de las caravanas transportan bicicletas para poder moverse por el entorno más cercano. 3. Campamento. Biciletas y otros objetos de una familia
Imagen secundaria 2 - 1. En familia. Llegados desde Suiza, Cristoph, Mireille y las jóvenes Jeanne y su prima Flannah. 2. Deporte. La mayoría de las caravanas transportan bicicletas para poder moverse por el entorno más cercano. 3. Campamento. Biciletas y otros objetos de una familia

En Ribamar, en Alcossebre, encontramos al holandés Kees Out, un técnico en electrónica jubilado de 67 años que pellizca las cuerdas de su guitarra mientras su esposa Anne, funcionaria fiscal de 60, teletrabaja con el ordenador. Todo en su caravana Fendt. «Normalmente no hago nada», confiesa el hombre. El placer de la inactividad, como contrapartida a la «vida ajetreada, ruidosa y con mucha gente» de la ciudad de Kampen. «Mejor los pájaros» de la Sierra de Irta «que los motores de los coches».

Cuando se cansa de la mera contemplación se va su ordenador que hace las veces de TV y edita fotos, su otra gran pasión. «Como nuestra casa en Holanda también es pequeña no notamos demasiada diferencia con la caravana», bromea. Pagan unos 450 euros al mes por la parcela de acampada y sus servicios «cuando en mi país un apartamento pequeño está por los 1.000 euros. Y aquí tenemos el monte y la playa a nuestros pies». El mar es la pasión de Anne. «En mi país no podría bañarme todos los días en las calas como hago aquí. Además, a nuestra caravana no ha llegado el coronavirus. Cero contagios». La pandemia ha acortado su tiempo de estancia, pero normalmente habitan en su casa con ruedas entre septiembre y mayo. Y con su calendario nómada llevan ya seis años. «No nos cansamos, esto es disfrutar de la vida. Nos gusta vivir sin demasiada gente», resaltan.

A pocos metros de allí, otros campistas se preparan para el paseo en bici. Son el piloto comercial Cristoph, la anestesióloga Mireille, su hija y una prima de la adolescente. Ellos han aprovechado las vacaciones de las jóvenes para escaparse a Alcossebre. Pero en su cuaderno de bitácora de caravana han anotado ya su paso por Estados Unidos, Suecia, Noruega, Suiza y Alemania.

«La caravana es la mejor manera de pasar esta pandemia. Con hoteles cerrados y tantas precauciones, decidimos alquilar el vehículo y acampar juntos». ¿Ventajas? «Todas. Haces más deporte en bici, fotografía, lectura al aire libre, juego de cartas». La intimidad «no es un problema, somos todos familia y además hay duchas bien equipadas en el camping», apunta la pareja de Zurich. Además, las jóvenes aparcan «mucho más» sus pantallas y el aire libre, deporte o sus juegos de mesa, baraja y dados, eclipsan lo digital. «Esta vida es más flexible, más familiar, más espontánea», resume una de las chicas. La vida nómada requiere ir ligero de equipaje. Cristoph nunca olvida un par de libros, Mireille su tetera, sobres de te y flores. A Jeanne siempre le acompaña su baraja y Hannah nos muestra sus inseparables juegos de mesa. «Con estos viajes podemos descubrir muchos más lugares y el trato humano es mayor», destacan.Sueños de libertad que no son tan fáciles de llevar a cabo como en las película. El 8 de mayo entrará en vigor un nuevo reglamento que se pronuncia así sobre las caravanas: «No podrán producirse acampadas libres». Y entiende la norma por acampada libre «la instalación eventual de tiendas de campaña o caravanas», fuera de los campings. Hasta el nomadismo tiene límites.

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