Acaba de instaurarse la última modernidad cultural: la 'Ruta de las Cuevas'. El alcalde de Paterna, en complicidad con sus responsables del área de Cultura y Turismo, ha creado la 'Ruta de las Cuevas', viviendas troglodíticas donde, en tiempos paqsados, habitaban las gentes más humildes en unas condiciones deplorables.
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A mediados del siglo XX había 509 cuevas en esta localidad. Posteriormente, con la llegada del desarrollo y del Seat 600, fueron desapareciendo. Eran viviendas insalubres, claustrofóbicas e incómodas. Yo visité, de niño -como Almodóvar, pero de verdad- las cuevas de Paterna y las de Godella. Estas últimas fueron erradicadas a mediados de los años 70 del siglo XX. Sus moradores, con apoyo oficial, constituyeron la Cooperativa de Viviendas el Fénix, cuya autorización ya había sido publicada en el BOE del 16 de febrero de 1956.
Se constata que la Administración es un lento elefante. Que dio otro paso en 1961, durante una reunión múltiple de todas las cooperativas existentes. Y paulatinamente la vivienda urbana sustituyó a las 'pintorescas' cuevas. Las 'pintorescas' cuevas fueron abandonadas por sus moradores, quienes se trasladaron a modestas viviendas, pero viviendas y no cuevas. Estoy seguro de que Almodóvar las saca sin haber vivido en ellas. Lo hace porque es un esteta. Él emigró directamente de Calzada de Calatrava (Ciudad Real) a Madrid en 1969.
Esta fiebre pro cuevas de Paterna se inscribe en el último filme o culebrón de Pedro Almodóvar, 'Dolor y Gloria', una parte del cual fue rodado en las -desde ahora- míticas cuevas. De todos modos, es más agradable una visita guiada por la 'Ruta de las Cuevas' que por los refugios republicanos o las fosas comunes.
'Dolor y Gloria' es otra impostada película más de Almodóvar. Alabado como genio y 'autor' por las personas que no saben de cine, estamos, como siempre, ante una gigantesca operación de marketing. Hay mucho estilismo tipo 'life style', de revista con papel 'couché' (así se definía el papel satinado y en color). Esto es exactamente el cine de Almodóvar. Un globo esteticista que pincha a los cinco minutos de terminar la proyección. 'Un pet unflat'.
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Es su autobiografía -lo niega pero está orgulloso de haber alcanzado, por fin, la 'Gloria'-. Billy Wilder jamás escribió cinematográficamente su vida en Viena o en Hollywood. Pero Almodóvar es un narciso, y como no tiene ideas nuevas -siempre fueron viejas: 'La ley del deseo', 1987, un grotesco triángulo homosexual, con errores de 'raccord' en la escena del faro- ahora ha recurrido a contarnos su vida, más o menos, plena de desesperación y tortura íntima.
Su álter ego es Antonio Banderas. No se limita a caricaturizar al genio de Calzada de Calatrava -recurso muy fácil, aunque a menudo no puede evitarlo-. Haciendo memoria de una de las escenas más esperpénticas de su filmografía, no se me ha borrado todavía cuando Carmen Maura le abre la puerta a su marido, Imanol Arias -militar en Bosnia- y aparece Arias vestido de botones de hotel. Un error de vestuario y de la falta de envergadura de Arias. Sucede en 'La flor de mi secreto' (1995).
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Otro momento sublime del John Ford de Calzada de Calatrava hay que buscarlo en 'La mala educación' (2004). Almodóvar está traumatizado por los curas -en 'Dolor y Gloria', ya integrado en un coro infantil-. Aún me río con una escena desternillante. El cura con sotana que toca la guitarra en un barranco con agua mientras un alumno canta 'Moon River', la famosa melodía de la película 'Desayuno con diamantes' (1961). El cura lo mira con mucha libido mientras está muy atento a los acordes de esta preciosa melodía de Henri Mancini y letra del gran Johnny Mercer.
Nunca ha tenido la menor vergüenza en 'inspirarse' en obras maestras como 'Los ojos sin rostro' (1960), del francés Georges Franju. Véase 'La piel que habito' (2011), con Elena Anaya.
El problema con Almodóvar es que no te lo crees. Yo al menos. Él lo intenta (millones de espectadores lo adoran), pero una vez que ha desaparecido el ostentoso diseño de producción y su proverbial oportunismo para aprovechar a una cantante de moda entre los 'progres' y los modernos (Rosalía), el 'The End' dicta su veredicto. 'Un pet unflat'.
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Y el 'lobby' internacional que lo respalda ya está desenfundando los premios.
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