El héroe de los 39 asesinatos
EL ESTADO DE LA COMUNITAT ·
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EL ESTADO DE LA COMUNITAT ·
Sólo las víctimas plantan cara a los etarras. Sánchez se arrodillaYo he visto a Francisco Uceda temblar y llorar como un niño al recordar algo que pasó hace tres décadas. He estado al lado de ... un guardia civil, todo un tiarrón de Quart de Poblet, convertido en un amasijo de nervios y angustia al rememorar como tres granadas de ETA se colaron hace nada menos que 33 años en su cuartel en Llodio (Vizcaya) y él salvaba la vida de milagro.
Yo he escuchado quebrarse la voz del teniente coronel Esteban Company al recordar cómo su coche literalmente volaba al estallar los 150 kilos de Goma 2 que los asesinos etarras colocaron bajo un puente de la autopista Bilbao-Behobia. Un hombre recio palpando con miedo la pierna que aún hoy tiene destrozada y que sabe que un día lo llevará a una silla de ruedas.
Yo he visto los ojos de Carlos Casañ repletos aún de amargura al echar la vista 30 años atrás y contemplar otra vez el instante en el que descubrió el cuerpo de su hermano José Edmundo tirado en el suelo de su despacho en Ferrovial, ensangrentado y con un tiro en la cabeza.
Yo he estado en casa de los familiares de Carlos Alonso Palate, entre llantos, lamentos e interrogantes de '¿por qué?'. Él era un joven ecuatoriano que se ganaba la vida en Valencia y que tuvo la mala suerte de estar en el sitio equivocado en el momento más trágico: el instante en que ETA hizo volar por los aires la terminal T4 de Barajas durante la tramposa tregua de 2006.
Humillados. A todos ellos les insultan Pedro Sánchez y Fernando Grande-Marlaska cuando no mueven ni un dedo para evitar los homenajes que hoy se han sucedido por el País Vasco clamando por la liberación de Henri Parot. El presidente del Gobierno y el ministro del Interior escupen también en la memoria de la docena de crímenes etarras que siguen sin resolver en la Comunitat Valenciana, como bien recuerda Jorge Alacid en un reportaje incluido en esta edición. Poco se acuerda Marlaska de cuando era juez y prohibía conciertos, reuniones y hasta partidas de mus del entorno abertzale por tratarse de actos empleados en realidad para ensalzar a etarras. Cómo ha cambiado hoy el cuento.
Parot, el asesino de 39 personas convertido en un héroe, en un martir, sin que el Estado mueva un dedo por evitarlo. Sólo la rocosa oposición de las víctimas ha evitado lo que hubiera sido una auténtica infamia con el homenaje previsto inicialmente en Mondragón. Ellas, las víctimas, son las únicas que luchan para mantener vivo el recuerdo del horror del terrorismo. El Gobierno no mira atrás. Política de tierra quemada, que sólo otea el frente para mantener pactos de Gobierno con proetarras e independentistas catalanes. Maquiavelo puro. Lo dice siempre que puede Consuelo Ordóñez, hermana de Miguel Ángel y valenciana de adopción. Desde la capital timonea el Colectivo de Víctimas del Terrorismo (Covite) y arremete con verbo de hierro contra las clases políticas. «Negocian con nuestra memoria y con nuestro derecho a la Justicia».
Casi tres décadas. Eso es lo que tardó Valencia en tener una calle dedicada a Miguel Ángel Blanco, el concejal de Ermua ejecutado por ETA en 1997 y origen del unificador espíritu de las 'manos blancas'. Fallaron los que gobernaban antes, que tampoco movieron un dedo, y también ahora el equipo de Ribó. Cuatro años se pensó el Consistorio aprobar la propuesta (del PP), hasta dar el visto bueno a la calle en 2014. Para cambiar luego por pura ideología nombres que apenas nadie conoce sí se actúa rápido. Qué pena de desmemoria.
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