
La quema de la paja se hace humo en la Albufera
La Administración y el sector agrario coinciden en apagar la polémica que otros años solía acompañar la eliminación de residuos ·
Secciones
Servicios
Destacamos
La Administración y el sector agrario coinciden en apagar la polémica que otros años solía acompañar la eliminación de residuos ·
Muy vinculado al debate sobre la convivencia entre la práctica agrícola y la preservación del entorno de la Albufera suele surgir otra derivada, también controvertida. ... la quema de paga procedente de la cosecha anual de arroz. Es una polémica que, según las fuentes consultadas para este reportaje, se ha ido apagando. Así lo estiman Administración y agricultores, de acuerdo con la gestión de la eliminación de estos residuos registrada en la última campaña. Se trata de otro de los capítulos del decálogo que el año pasado impulsó LAS PROVINCIAS para garantizar el futuro del parque, firmado por más de 150 personalidades y entidades de la Comunitat; entre ellas, asociaciones agrícolas, que según la Conselleria del ramo cuentan con su apoyo para esta polémica práctica: «A la gestión de la paja del arroz necesaria para evitar las quemas descontroladas y la putrefacción de las aguas contribuyen las ayudas de la PAC dirigidas a este cultivo», recuerdan desde Agricultura, «con especial relevancia de las ayudas de carácter agroambiental, incluido el ecorrégimen por el cual se realiza una gestión sostenible de la lámina de agua en el arrozal».
Las molestias que, en forma de humo y malos olores, acompañan la eliminación de la paja se fueron sofocando el año pasado, siempre según la versión que ofrecen tanto los agricultores como la Conselleria que se ocupa de la adecuada gestión de este particular, la de Medio Ambiente. Sus responsables aseguran que el modelo implantado en los últimos años «busca compaginar las diferentes alternativas para la gestión de residuos agrícolas como la paja de arroz». Y añaden: «En los últimos años ha quedado evidenciado que prohibir la quema no es la respuesta adecuada, ya que no siempre hay suficientes incentivos para que se retiren todos los restos por parte de los agricultores y su acumulación en el entorno genera aguas negras y problemas de oxigenación».
Su estrategia persigue por el contrario «compaginar la tradicional quema, adaptándola a los estándares con la aplicación denominada 'QUEPAR' que establece cuáles son los momentos para realizar la quema, en aquellos espacios en los que la retirada sea más complicada por la dificultad de los accesos, con otras medidas». Una política seguida en colaboración con Agricultura, al igual que otras actuaciones. Por ejemplo, «fomentar la venta de este residuo vegetal para que sea utilizado en granjas o en otro tipo de instalaciones ganaderas». «También se estudia un programa para subvencionar parte de esta retirada y así fomentar la economía circular para que se use incluso para pequeñas construcciones», explica la Conselleria.
El punto relativo a esta práctica en el decálogo impulsado por LAS PROVINCIAS y sellado por más de 150 personalidades y entidades compromete a los firmantes a lo siguiente: «Coordinar las exigencias de los agricultores en relación a las quemas agrícolas con la atención que merece el medio ambiente y la salubridad de los municipios colindantes, mediante su gradual sustitución por alternativas medioambientales más saludables».
¿Son medidas de suficiente alcance en opinión de los arroceros? «La Administración valenciana está atenta a las necesidades sobre la quema y gestiona cada año con medidas excepcionales en función de los informes técnicos», responde la DO Arroz. En su opinión, «no se conoce alternativas realmente viables». «Es muy difícil», reconoce, apuntando a un detalle relevante: el escaso tiempo que existe para recolectar la paja antes de que se realice la inundación invernal. «Los campos suelen además estar anegados dificultando mucho la extracción», observan los responsables de la Denominación. «Es cierto que quemar la paja ha sido una práctica cultural desde los orígenes mismos del cultivo», señalan, «que convive tradicionalmente con el cultivo y, por otro lado, no parece que haya a día de hoy una alternativa viable».
Según la DO, «la experiencia nos ha demostrado que dejar la paja en el campo puede llegar a ser muy nociva para el entorno natural». Un punto de vista coincidente con el expresado desde la empresa Arroz Tartana, cuyos dirigentes defienden la práctica de quemar la paja por ser «el método más natural y sano para los arrozales, y también para el entorno en el que se encuentran». «Si se han utilizar menos herbicidas y fungicidas durante el proceso de cultivo», prosiguen, « estaremos protegiendo también el espacio natural». Una tesis que se sostiene sobre otras evidencias que también se recuerdan desde esta empresa: «Lo más sano para el campo y para el cultivo es quemar los rastrojos, ya que es una manera natural completamente de sanear los arrozales». Y concluyen recalcando que «existe un diálogo mayor que hace un tiempo» con la Administración, subrayando que otras alternativas como la recogida de los rastrojos «es difícil de gestionar» e insistiendo en la conveniencia de que se mantenga esta práctica por su contribución, aunque suene paradójico, a asegurar la calidad del entorno: «La quema de la paja del arroz es lo mejor para el medio ambiente ya que se evita la putrefacción de la paja en el campo, las acequias y el lago y, por tanto, la mortandad de la pesca, y demás problemas ambientales que ocasiona».
¿Ya eres suscriptor/a? Inicia sesión
Publicidad
Publicidad
Te puede interesar
Publicidad
Publicidad
Esta funcionalidad es exclusiva para suscriptores.
Reporta un error en esta noticia
Comentar es una ventaja exclusiva para suscriptores
¿Ya eres suscriptor?
Inicia sesiónNecesitas ser suscriptor para poder votar.