
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La rambla del Poyo desemboca en su curso alto sobre varios polígonos industriales, donde ha sembrado también la destrucción total. Muchos kilómetros antes de llegar a l'Horta Sud, donde ha extendido la gran tragedia, y desembocar en la Albufera, esta rambla que se inicia en la sierra de Chiva discurre por un amplio cauce que, de repente, al llegar a la autovía de Madrid, desaparece prácticamente, por lo que, dada la gran avenida del pasado 29, el enorme caudal se desbordó por donde pudo y arrasó todas las empresas, viviendas y centros comerciales a su paso. Las aguas descontroladas volvieron a reunirse unos kilómetros más al sureste, para encauzarse de nuevo en el 'barranc dels Cavalls', y después en el de Torrent, y seguir su camino de destrucción hacia Picanya, Paiporta, Massanassa, Alfafar, Catarroja..., donde de nuevo el trazado de otra autovía, la llamada pista de Silla, hizo de barrera e incrementó los efectos dañinos.
Viendo lo sucedido sobre el terreno se comprende el desenlace: el agua que venía por el ancho cauce del Poyo se encontró con la autovía A-3 y una parte empezó a discurrir por su margen izquierda, arrasando El Oliveral y polígonos sucesivos; la otra parte pasó por debajo y por arriba de la autovía para seguir su curso teóricamente previsto, según los mapas; pero no en la dirección impresa, sino en desbandada, sembrando igualmente el caos.
Es evidente que falta un cauce suficiente que pueda canalizar en todo el trayecto una riada como ésta. Como apuntaba Pablo Salazar hace unos días, hace falta un segundo plan Sur para dar salida a estas ocasionales riadas y evitar desastres como el que estamos sufriendo.De hecho, hay estudios de diversa índole que apuntan repetidamente la inundabilidad del territorio afectado y la carencia de unos cauces suficientes para poder evacuar con tranquilidad grandes avenidas como ésta. Hacen falta obras que eviten riesgos y den seguridad.
Si abrimos el mapa y nos fijamos con algo de detenimiento caeremos enseguida en la cuenta de esta necesidad y del retraso de inversiones tan precisas, más aún cuando tenemos a la vista las pruebas del ingente sufrimiento colectivo.
Aunque llamemos oficial y coloquialmente rambla o barranco del Poyo a todo el recorrido de desagüe hasta la Albufera, la realidad es que tal nombre corresponde más propiamente al tramo alto, donde el cauce es amplio. Después recibe otros nombres, según trechos, como Cavalls, Torrent, Catarroja, y prevalece igualmente el del Poyo, con el denominador común de la insuficiencia de los cauces actuales para servir con eficacia de evacuación, como lo ha hecho el nuevo Turia, construido tras la riada del 57.
En el mapa puede observarse que la rambla del Poyo, una vez rebasa la autovía de Madrid, se estrecha paulatinamente hasta convertirse en poco más que una acequia, y, para más inri, al trazado se le imponen dos ridículas curvas en ángulo recto. Como si el agua, con una crecida, hubiera de respetar curvas y repechos. Encima, un poco más adelante se le suma el barranco del Gallego, que es precisamente el que ha ocasionado el derrumbe de la calzada del by-pass en ambos sentidos, por lo que queda claro que su caudal tampoco era para bromas.
Aguas abajo es cuando de nuevo se forma un barranco, como podemos entender por tal, profundo y con maneras de barranco capaz de conducir grandes 'barrancadas'. Que a todas luces no pudo y así mismo se desbordó, llevándose por delante fábricas, campos y el viejo puente 'dels Cavalls', que había resistido tantas embestidas y con ésta ya no pudo.
Luego, el 'barranc dels Cavalls' se convierte en el de Torrent, más profundo y capaz, que recoge a su vez las aguas del de Santo Domingo y l'Horteta, que a su vez recibe la confluencia de otros cauces, como Les Blasques, La Bota o Cortixelles, que drenan desde la sierra Perenxisa hasta Turís, municipio que registró el récord de precipitaciones el pasado martes, con 630 litros por metro cuadrado.
Así pues tenemos un barranco, el del Poyo, que después de discurrir por un cauce amplio, desemboca donde hoy se aglomeran multitud de industrias, almacenes, talleres, fábricas, centros logísticos y comerciales y desparrama el agua para formar más adelante otro cauce que las reconduce. Es lo que en geografía se llama una cuenca endorreica, donde las aguas no tienen salida directa hacia el mar. Solo que en este caso, donde se desparraman hay infinidad de intereses y hoy las pérdidas son enormes. Antaño, en esta zona únicamente había campos y, cuando se registraban lluvias torrenciales, el caudal del Poyo también inundaba el terreno, pero iba pasando de bancal a bancal hasta recogerse de nuevo en el cauce 'dels Cavalls'. Los daños eran también muy grandes para la época, pero se limitaban a pérdidas parciales de cosechas, caminos rurales erosionados, acequias aterradas... La poca gente que habitaba o trabajaba en el lugar conocía de sobra el riesgo, se ponía a cubierto y luego poco a poco se iban arreglando las cosas. Donde está hoy el centro comercial Bonaire se formaban enormes charcos que llegaban a cortar la carretera de Madrid. De ahí que se denominara 'Les Basses', como puede verse en mapas antiguos. Pero se olvidaron los peligros de inundación, y, por más que se hicieron estudios de inundabilidad, se tendió a enmascarar las posibles consecuencias con pequeñas obras locales que ahora se ven muy insuficientes para la envergadura de la catástrofe. El desvío del barranco de La Saleta hacia el de Torrent, por medio de un canal paralelo a la autovía al oeste de Aldaia y Alaquás no ha servido para evitar la inundación en estas poblaciones, la autovía de Madrid ha permanecido cortada en ese punto y el centro Bonaire se ha inundado totalmente, a pesar del murete de contención que se trazó como defensa.
Luego, si nos fijamos en la parte final, donde el desbordamiento ha extendido una catástrofe histórica en las poblaciones de l'Horta Sud, volvemos a comprobar la insuficiencia del cauce, tanto en su recorrido como en su paso bajo la pista de Silla.
Es de esperar que la enormidad del desastre sirva para terminar de concienciar a las autoridades -de todas las Administraciones públicas- para que se pongan a trabajar en la corrección de estas carencias; que no se queden en lo que toca ahora, que es atender lo inmediato y procurar a renglón seguido que se vaya recobrando la normalidad. Pronto tocará corregir imprevisiones, y ésta es una de ellas, porque es histórica y las repercusiones están bien a la vista, sobre todas las conciencias.
Si en su día se trazó y aprobó el ambicioso Patricova (Plan de Acción Territorial para prevenir el Riesgo de Inundación en la Comunitat Valenciana), no tiene sentido que después sigan viéndose y sufriéndose tantas incongruencias que nos llevan a estas situaciones catastróficas.Una vecina de Alfafar clamaba ayer: «Aún no sabemos qué nos ha pasado». Sí lo sabemos, claro, en cuanto a lo que son las tremendas lluvias, la inundación repentina..., pero la mujer, en su lógica rabia e impotencia, venía a señalar la evidente falta de respuestas a tantos 'por qué'. ¿Por qué no se hicieron hace tiempo las obras necesarias para evitar estas cosas? ¿Por qué no se tuvieron en cuenta los grandes caudales posibles en caso de lluvias como la que hemos tenido? ¿De qué valen tantos estudios, informes, congresos... si a la hora de la verdad todo se ve superado por la trágica realidad? ¿Por qué se sigue permitiendo construcciones de todo tipo en zonas indudables? Y si no hay más remedio que desarrollar servicios allí donde los necesita la población circundante y en aumento, ¿por qué no se invierte antes en eliminar los riesgos potenciales que pueden afectar a esas zonas inundables?
Lo que no se puede permitir es que permanezcamos de brazos cruzados sin imprimir cambios estrictamente precisos para revertir tal estado de cosas y saber que lo que ha pasado, a la larga no volverá a pasar, porque se puede evitar con obras inteligentes.
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