Dos guardia civles y dos voluntarios trasladan un cuerpo en Catarroja. JL. BORT

Una víctima de Catarroja a su hija una hora antes del SMS de la dana: «Voy a morir ahogada»

El sumario revela que decenas de los fallecidos por la dana murieron antes de que llegara el mensaje de alerta de las 20:11 horas

Héctor Esteban

Valencia

Jueves, 27 de febrero 2025, 00:46

El sumario del caso de la dana, que lleva el juzgado número 3 de Catarroja, recoge las denuncias y los testimonios de los familiares ... que durante horas buscaron el 29 de octubre a sus allegados. En esas denuncias se recogen parte de las comunicaciones que mantuvieron con muchos de los fallecidos, ciudadanos que quedaron desprotegidos ante la tromba de agua. Unas comunicaciones que se produjeron antes del mensaje de las 20:11 horas mandado por Emergencias para pedir que no se saliera de casa, un aviso que llegó demasiado tarde.

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Los casos están documentados y la magistrada Ruiz Tobarra, que investiga lo ocurrido, ya apuntó en un auto que si se hubiera actuado de otra manera se podrían haber salvado vidas. En el foco, la hora y la redacción del mensaje de Es-Alert, que no sirvió para proteger a la población.

En el sumario hay varios relatos estremecedores, que demuestran que hubo personas que murieron ahogadas mucho antes de que se avisara a la población del riesgo de una dana nunca vista.

Uno de los relatos más duros es el de la hija de M. L. Z. F., una señora que es una de las 227 fallecidas y que esa misma tarde, ante la imposibilidad de salir de su casa, supo que iba a morir ahogada. Así se lo transmitió a su hija por teléfono una hora antes de que llegara el mensaje alerta a los móviles a las 20:11 horas.

M. L. vivía sola en Catarroja y tenía una dependencia de grado 2. La hija ejercía de cuidadora. El 29 de octubre, sobre las siete de la tarde, habló con su madre, que vivía en una planta baja de Catarroja, tres o cuatro veces. En una de esas llamadas le dijo que iba a pasar a recogerla porque todo se había desbordado «y eso fue antes de la alarma».

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En un principio M. L. dijo que no pasaran a por ella, pero al ver que empezaba a entrar agua en casa pidió que sí que fueran a ayudarle a limpiar, algo que su hija le dijo que ya no podía ser al ser imposible el acceso y la respuesta de su madre fue: «Ay, pues me voy a morir ahogada».

La hija de M. L. pidió a su marido que sacara el coche del sótano, una misión ya imposible, por lo que se encaminó a casa de su madre. Ya no pudo pasar, los coches flotaban por la calle, y sabía que su madre iba a morir ahogada.

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A las dos de la mañana llegó a casa de su madre. Al abrir una ventana vio que el agua había llegado al techo y al no ver a su madre y pensó: «O a muerto o le han ayudado». En la vivienda sólo quedaba barro y lodo, y todo revuelto.

Volvió a su casa, en el trayecto se cayó dentro de una alcantarilla. A las nueve de la mañana volvió a casa de la madre y un vecino le dijo que M. L. no pudo salir y que la escucharon durante varios minutos: «Socorrro, socoro, me ahogo». La escuchaban pero no pudieron socorrerla. La Policía tuvo que arrancar la ventana del patio del deslunado y el cuerpo de M. L. apareció junto a la ventana.

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Antes de las 20:11

La historia de esta mujer de Catarroja es la de muchos de los fallecimientos que se empezaron a contabilizar al inicio de la tarde, especialmente en Utiel y en las carreteras cercanas a la rambla del Poyo, en el momento en el que se descontroló la situación. Una muertes que se produjeron sobre las cinco de la tarde pero en el puesto de mando se tardó en reaccionar y, en l'Horta Sud, se enfrentaron a una riada sin lluvia, y sin ser alertados de lo que se les venía encima hasta que se mandó el SMS de las 20:11 desde Es-Alert.

Este es el mismo relato que el de F. R. C. (Catarroja, 11/7/1950) que sobre las 19 horas bajó al garaje a por su coche. Lo hizo en pijama y zapatillas de estar por casa. Algunos vecinos sacaron los vehículos pero él, según testigos, se quedó en la rampa de salida del garaje dentro de su coche. El cadáver fue localizado por la UME el 31 de octubre.

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El caso de N. C. S. (Massanasa, 24/67/1962) fue similar. Bajó junto a su esposa al garaje sobre las 18:15 horas del 29 de octubre. Se agarraron a una barandilla por la entrada de agua. La mujer resistió pero su esposo se desvaneció y fue arrastrado. La mujer fue socorrida por vecinos ocho horas más tarde. El cadáver de N. se localizó el 31 de octubre en el mismo garaje.

A las 20 horas del 29 de octubre, minutos antes del mensaje de alerta, E. T. A. (Benetússer, 16/4/1977) escuchó gritos en su casa. Era policía y bajó al garaje a socorrer. Una furgoneta, que estaba siendo arrastrada por la riada, rompió la puerta del garaje y el agua entró a gran velocidad. E. no salió y al día siguiente fue localizado su cuerpo en el garaje junto a otros fallecidos del mismo edificio.

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La cuidadora se salvó

La hija de I. F. R.(Catarroja, 19/11/1932) llamó a las 19:10 horas a la cuidadora de su madre para advertirle de que se había desbordado la rambla del Poyo. En ese momento, la cuidadora le mandó un vídeo donde se veía que entraba un hilo de agua en casa. En cuestión de minutos, la vivienda se inundó, la cuidadora llamo gritando porque I. había fallecido y aseguraba que ella también iba a morir. Le dijeron que se suba a la terraza. A las cinco de la mañana del día 30 de octubre, la hija de I. y su marido fueron a casa de su madre y localizaron el cuerpo. La cuidadora se salvó gracias a que encontró refugio en la terraza.

La hija de L. M. V. (Catarroja, 6/4/1950) contactó por teléfono con él a las 19:30 horas. Le comunicó que había inundaciones y su padre le confirmó que no era consciente del calado de la riada aunque en su casa ya había cuatro dedos de agua. Se cortó la comunicación. La hija de L. se desplazó al bajo donde vivía su padre el miércoles 30 y hallaron su cadáver sentando en el baño.

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A las 19 horas, una vecina le dijo a L. R. Z. (Catarroja, 5/3/1955) que bajara al garaje a sacar el coche, que se lo había prestado un amigo. L., al ver el agua, trató de salir a pie por la rampa, pero se resbaló y se lo llevó la fuerza del agua. Fue hallado el 1 de noviembre con la documentación encima.

El cuerpo del vecino de Sedaví M. R. G. (21/9/1932) fue hallado por su hijo sobre las dos de la mañana del 30 de octubre. Con la crecida intentó acceder a la planta baja de M., que vivía en la misma calle, pero se quedó a escasos treinta metros de llegar, fue imposible. Confiaba en que su madre se resguardara en un escalera de la planta baja, de donde parece que cayó o se pudo desvanecer. M. iba en pijama y su cuerpo fue trasladado a Feria Valencia el 31 de octubre.

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El caso de F. D. G. (7/5/1945) en Benetússer fue muy similar al resto. Bajó en compañía de otro vecino al garaje a sacar su vehículo. No volvió a subir. A la mañana siguiente, la UME localizó el cuerpo de F. D. G. en el interior del vehóculo en el garaje.

La hija de J. L. V. L. (Massanassa, 4/5/1935) tuvo una última comunicación con su padre sobre las 18:30 horas del 29 de octubre. Un vecino, por la noche, se acercó al domicilio a informarle a un cuñado de la denunciante del fallecimiento de J. L. El cadáver se levantó el 31 de octubre sin ser informado ningún familiar.

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A las 19 horas llamó a su madre, M. L. Z. F. (Catarroja, 18/7/1945) para que preparara velas porque iba a llover mucho. Mantuvieron contacto continuo y sobre las 20 horas su madre le comunicó que no podía abrir la puerta de casa. Al día siguiente, el yerno de la fallecida fue al domicilio y los vecinos le informaron que escucharon a M. L. pedir auxilio, pero no pudieron hacer nada por ella. Hallaron a su madre en la habitación.

Uno de los casos más terribles se vivió en Benetússer. A las 19 horas, la denunciante estaba junto a su marido, su hijo de 4 años y su hija en el bar que regentan en la población de l'Horta Sud. A las 19:40 el agua empezó a subir mucho y a las 20 horas decidieron pedir ayuda al resto de vecinos. Les tiraron una cuerda, que resultó ser corta, y luego pusieron una escalera. La primera que intentó subir fue H. S. la hija de 11 años, pero la fuerza del agua tiró la escalera y la niña fue arrastrada por la corriente. El padre se tiró al agua pero no pudo alcanzar a la niña y se tuvo que agarrar a un coche para salvar la vida. El padre, una vez bajó el agua, se dispuso a buscar a su hija con una fotografía en la mano. Preguntó a todo el mundo hasta que la policía le confirmó que el cuerpo apareció el día miércoles 30 en un centro comercial de Massanassa.

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R. C. M. de Catarroja llamó a su hermano sobre las 18:30 horas para comunicarle que estaba entrando agua en su vivienda. El denunciante le comunicó que llamara al 112 pero desde ese momento ya no tuvo más contacto.

El agua, por la boca

I. G. A. R. llamó a la policía y denunció la desaparición de su marido. Es madre de mellizos de ocho años. El 29 de octubre, sobre las 18:30 horas, estaban los cuatro viendo la tele y se fue la luz. Los niños se asomaron por la ventana y vieron que en la finca de enfrente estaban sacando los coches. Un vecino, a través del whatsapp del edificio, dijo que había que sacar los coches del garaje. El marido bajó sobre las 19 horas al sótano 2. Al sonar la alarma ya no estaba. Recibió tres llamadas de su esposo, la última a las 20:58 horas.

El marido llegó a sacar el coche del garaje pero quedó atascado a tres calles del domicilio y en una de las llamadas le dijo que no podía salir del coche ni por las puertas ni por las ventanas. Los vecinos, cuando pudieron, fueron con martillos a buscar el coche pero ya no estaba. A la mañana siguiente, testigos relataron que el hombre pudo salir del coche pero el agua le llegaba a la boca, logró cogerse a una reja, pero fue golpeado por los elementos que arrastraba el agua. La fuerza de la riada lo metió en un garaje, donde le escucharon pedir auxilio durante 40 minutos.

J. V. F. C. estaba junto a su esposa en la calle a las 18 horas. Hablaron con su hijo para ver dónde iba a aparcar el coche porque ya había agua. A las 18:40 horas, cuando llegaron a su calle, el agua les llegaba a la pantorrilla. La mujer se subió a casa y el marido fue al garaje. A su cuñada –hermana del fallecido– tampoco le arrancaba el coche y ya le llegaba el agua por las caderas. La cuñada realizó una llamada diciendo que no encontraba ni a su marido ni a su hermano. La cuñada se vio aprisionada por la riada contra la pared del garaje, tragó agua, se rompió cuatro costillas y el agua le llegaba por la mitad del cuerpo.

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Los coches flotaban, un vecino aseguró que había visto a su marido y que le iba a ayudar. La cuñada consiguió salir nadando. El marido de la denunciante también logró salir y se subió junto a otras personas a un coche. El vehículo se movió, se agarró a unos cables de la luz, según testigos, y le tiraron cuerdas. El hombre se ató a un respiradero de un garaje, le tiraron incluso un flotador. El hombre aguantó a pesar de que le pasaba el agua por encima de la cabeza. Los vecinos llegaron a atar dos escaleras con bridas, pero no las pudo alcanzar. Antes de ser arrastrado por el agua, gritó el nombre de su esposa, y el mensaje llegó mientras su marido intentaba salvarse. El día 3 de noviembre pudieron confirmar el fallecimiento.

Estas denuncias, recogidas todas en el sumario del caso de la dana del 29 de octubre, demuestran que muchas personas no tuvieron ni siquiera la oportunidad de escuchar el ensordecedor pitido de los móviles a las 20:11 horas que avisaba de una situación que ya no se podía controlar. Quizá, los primeros fallecidos no se pudieron evitar por lo sorpresivo de la tormenta pero los relatos confirman que mientras entraba agua a las casas nadie había mandado un mensaje de alerta para tratar de que la gente pusiera a salvo su vida.

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