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M. LORENCI/C. VELASCO
Martes, 20 de diciembre 2016, 23:38
Fue él quien creó la imaginaria estrella de Ouka Lele, pintando su constelación en una de sus primeras telas. Y Ouka Lele fue el nombre artístico adoptado por Bárbara Allende, la fotógrafa y compañera de 'El Hortelano', pintor y agitador cultural, pionero y superviviente de la movida madrileña, fallecido este martes en Madrid a los 62 años a causa de un cáncer de pulmón. José Alfonso Morera Ortiz era el nombre real del autodidacta artista valenciano, precursor y referente de la movida uno de los más activos y en los efervescentes años ochenta.
«Quiero compartir con los que habéis conocido a nuestro querido amigo Pepito 'El Hortelano', que hace un ratito ha comenzado su viaje hacia el cielo y que ha sido tranquilo y en paz. Que siempre estará en nuestro corazón lleno de vida y alegría, Pepito Maravillas», escribió Ouka Leele, su primera mujer y cómplice de tantas y tantas aventuras plásticas, para comunicar la muerte del pintor y su viaje de vuelta a las estrellas.
Dueño de un estilo propio, a caballo entre la figuración surrealista y el cómic de inspiración naif y punkarra, 'El Hortelano' destacó entre los pintores de la movida, mucho más escasos que los músicos. Un grupo heterogéneo que conformaron Ceesepe, Guillermo Pérez Villalta, Sigfrido Martín Begué o Las Costus y que compartirían inquietudes, estudios, y en algunos casos incluso piso.
Nacido en Valencia el 6 de agosto de 1954, con apenas diez años descubrió su vocación de artista, tras superar unas fiebres de malta que le obligaron a pasar casi dos en la cama. «Yo fui a Maristas y era el típico niño-artista de la clase. En todo lo demás era malísimo menos en pintura y biología. Empecé en 'Récord', un periódico deportivo, allá por 1965, tenía 10 años, y hacía dibujos, y ya quería ser artista», recordó en una entrevista en LAS PROVINCIAS con motivo de la Medalla de Oro al Mérito de las Bellas Artes.
Una de las influencias artísticas de El Hortelano pasa por los cómics. «Yo vivía en la calle Císcar 48, y allí, frente a mi casa, vivía Ambrós, el creador de 'El Capitán Trueno'; y yo veía cómo dibujaba, y luego me pasaba el rato leyendo tebeos, y de ahí nace mi afición al dibujo, mi vocación y mi nombre, El Hortelano, porque es muy habitual en España esos cambios de nombre de los artistas, y para mí era una manera de entrar en el mundo del arte, como integrarse en una orden religiosa».
Dejó luego los estudios de Farmacia y creo en 1970 el personaje del 'El Hortelano' a imagen de sus admirados 'El Greco' y 'El Bosco'. Llegó a Madrid para hacer la mili con 20 años, en 1974, con Franco aun vivo y cuando los futuros protagonistas del la movida comenzaban a conocerse y agruparse en torno a los puesto de fanzines del Rastro y en legendarios bares como La Bobia. Irreverente y subido a la ola contracultura, había realizado ya algunas ilustraciones para la revista 'Ajoblanco' y dibujaría para publicaciones como 'Star', 'El viejo Topo' y 'Triunfo' y en mil fanzines de enorme fuerza y efímera vida. En su permiso de la mili contactó con el también pintor Ceesepe y con el fotógrafo Alberto García Alix a quienes admiraba desde Valencia y que vendían cómics en un puesto, la 'Cascorro Factory', en la Ribera de Curtidores, la arteria principal del Rastro.
Los tres se fueron a vivir juntos a un piso del Paseo Imperial, cerca del estadio Vicente Calderón y la Puerta de Toledo que se convertiría en una suerte de Factory de Arganzuela, cañí y castiza, en la que se cocinó en buena medida la estética que marcaría una época. 'El Hortelano' y Ceesepe con sus pinceles y García Álix con su cámara comenzaron a retratar la efervescencia de aquellos años y dar visibilidad a la 'fauna urbana' con la que compartían drogas, conciertos, escenarios, motos, estilo, ropas, inquietudes, juergas y garitos como 'El Pentagrama', 'La Vía Láctea o 'El sol'. Cineastas, músicos y artistas entonces en ciernes como Pedro Almodóvar, Alaska, Carlos Berlanga, Montxo Algora, Fabio McNamara, o la propia Ouka Lele que acabaría añadiendo otra e a su nombre cósmico para renacer como Ouka Leele.
Se conocieron en 1978 en Barcelona donde y Ceesepe el 'El Hortelano', con su primera beca, trataban de buscare la vida junto a otros principiante en el mundo plástico como Mariscal, Barceló, Broto, García Sevilla o el dibujante Nazario. 'El Hortelano' y muchos de sus colegas fueron los modelos de la pionera serie 'Peluqueria' que Ouka Leele expuso por primera vez en 1979 en la Galería Spectrum de la ciudad Condal. Becado también en Nueva York, compartiría de nuevo vivienda y estudio con Ceesepe, un antiguo almacén de telas en el bohemio barrio de Tribeca, al sur de Manhattan.
Sobrevivió al arte de los 80
Autodidacta, pasó fugazmente por la Facultad de Bellas Artes que abandonó pronto para convertirse en un catalizador e impulso de la obra de muchos colegas. En su variada obra alternó la pintura, la obra gráfica, el vídeo y el diseño de catálogos o portadas de discos. La ironía y la fantasía conviven en el universo plástico de El Hortelano que pinta las noches estrelladas de la movida, sus calles y sus gentes, a caballo entre el 'glam' y el 'punk' y que abre un abismo estético con los artistas de generaciones anteriores como Genovés, Canogar o el Equipo Crónica comprometidos y lastrados por la lucha antifranquista.
Cuando la movida languidece, su paleta evoluciona hacia colores más sobrios, con una técnica más elaborada tras superar una 'época naranja' teñida de romanticismo. Desde 2007 trabajaba en lienzos de gran formato para la serie 'Humano, su homenaje a la existencia del hombre sobre la Tierra.
En 2001 una retrospectiva en el Centro Conde Duque de Madrid lo rescataba del olvido y casi una década después se le reconocía con la Medalla de Oro al Mérito de las Bellas Artes (2009). Entre 2004 a 2006 el Ministerio de Exteriores y Seacex llevaron por un puñado de países una gran retrospectiva de su obra y en 2011 se le otorgó el Premio de Artes Plásticas Pop Eye.
El Hortelano se prodigó en Valencia. Una de sus últimas exposiciones en la ciudad del Turia fue 'Mare aigua' en la sala La Gallera en 2007. «Conocí a El Hortelano en Madrid, en los años de la movida. No sabía que era valenciano. Lo supe más tarde y de vez en cuando tuvimos ocasión, posteriormente, de vernos en algunas inauguraciones de Valencia. Era un buen pintor, con un mundo personal, surrealista, muy sensible. Personalmente era cariñoso, afable y comunicativo. Su muerte me ha sorprendido mucho», recordó ayer Miquel Navarro.
«Para mí el arte es una religión. Creo en la magia que nos permite estar en este mundo, presenciar cómo crece una judía... algo divino. Y yo me siento inspirado y trabajo con el fin de inspirar», declaró en la citada entrevista.
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