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Las salas modestas ofrecen una programación interesante. Pero también producciones propias de calidad a pesar de sus escasos medios, como el Teatro Círculo con uno ... de los textos más atractivos de la dramaturgia valenciana actual: 'La Tarara' de Josi Alvarado, Premio de la Crítica Valenciana en 2021.
La simpleza del escenario obliga a dar fuerza a las interpretaciones y a las simulaciones como la del violín. Los intérpretes Raquel Sanz, Maricruz Rodríguez, Miguel Ángel Cantero, Nef Martínez, Cruz Hernández y Domingo Chinchilla desarrollan con solvencia la historia de Rosa, la niña que con su violín sobrevive a un hecho traumático gracias al transexual La Tarara, Yasmín, que le habla de flores y le cuenta historias. Han desarrollado con prestancia los difíciles personajes, con esa Rosa adulta ávida de reconciliación con su madre, y el vaivén del pasado y el presente que irá revelando lo sucedido a cada uno.
Con el ritmo adecuado, extrayendo su poesía, la fuerza de la palabra y dando relieve a la ambientación con la iluminación de David Durán, la dirección de Ana Campos ha conseguido darle la limpieza y el tono pausado necesario al magnífico libreto, haciéndonos olvidar el estreno oscuro y espeso de Hika Teatroa de hace tres años, subrayando la vigencia de los mensajes y el canto a la maternidad.
La Màquina, otra sala modesta, ofrece el nuevo trabajo de la veterana compañía valenciana Bambalina. Curiosamente cambia los títeres y las adaptaciones de clásicos como 'Quijote', 'Celestina' o 'Èdip Rei', último Premio de las Artes Escénicas Valencianas, por el personaje humano con 'Alegría' de Pedro Montalbán Kroebel, autor actual que escribe teatro sin preocuparse de si la obra será representada.
Se trata de un monólogo donde una mujer, Alegría Alegría Alegría, reflexiona sobre la obsesión por la felicidad, convertida hoy en precepto moral, no como estado. Esto hace al ser vulnerable por el entorno social. Los ataques y burlas hieren hasta deteriorar los sentimientos. Comienza con la protagonista declarando ante el juez, justificando sus actos y pidiendo comprensión. Su rechazo a la situación creada provoca que incluso pida que no le se conceda la libertad porque es feliz en la prisión, donde hasta quien le sirve la comida le ha dado identidad por primera vez. ¿Qué delito injustificable cometió para ser encarcelada? He ahí la incógnita planteada con habilidad.
Paloma Vidal interpreta el monólogo con una enorme eficacia y convicción. Es una gran actriz y por fin la vemos como protagonista después de tantos papeles secundarios en el teatro y en el cine. Da una lección interpretativa haciendo creíble al personaje, marcando muy bien su inocencia, con toques de humor y simpatía. Su desarrollo es potente en el cuestionamiento de la autenticidad de la alegría. El remate con los dardos con hojas de la grosella es una respuesta liberadora conseguida.
La acompaña la composición musical de Gonzalo Manglano, habitual con Bambalina, y canciones interpretadas por Víctor Ortega como el villancico inicial, el «Himno a la alegría», «Don't worry be happy» o «Francisco Alegre», personaje aludido fundamental dado que es el carcelero que da existencia a la protagonista, aunque sea por su número de presa.
Vale la pena emocionarse con una interpretación excelente, un texto testimonial de un gran escritor y una dirección muy sacrificada a la actriz de Jaume Policarpo. Siempre convence todo lo de Bambalina.
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