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Antonio Rüdiger celebra su decisivo gol en la prórroga ante la grada del Bernabéu. EFE
La locura del Bernabéu programa un clásico o un derbi en La Cartuja
Semifinales | Vuelta

La locura del Bernabéu programa un clásico o un derbi en La Cartuja

Rüdiger mete de cabeza en la final de Copa al Real Madrid tras una prórroga extenuante que tumbó a una Real Sociedad bravísima

Óscar Bellot

Madrid

Miércoles, 2 de abril 2025, 00:30

La infinita capacidad que tiene el Real Madrid para salir airoso en medio de la locura resulta tan inexplicable como demoledora. Abocado de nuevo a otra prórroga extenuante propiciada a partes iguales por el coraje de una Real Sociedad que nunca se dio por vencida y por esa indolencia que lleva tantas veces a jugar con fuego a los blancos, el conjunto de Carlo Ancelotti logró alcanzar -ya en la medianoche del martes a este miércoles- su cuarta final de una temporada llena de vaivenes con un gol terminal de Rüdiger que sirve para programar un clásico o un derbi el 26 de abril en el Estadio de La Cartuja.

Hacia Sevilla viajará un Real Madrid bipolar que volvió a hacer aguas en defensa, pero que sacó a relucir su formidable pegada y capacidad de resistencia para evitar un tropiezo que mereció en muchos momentos por la apatía que le sirvió a la Real Sociedad para nivelar pronto la eliminatoria, reponerse de otro tanto de Endrick que volvía a conceder ventaja en el cruce al vigente campeón de Liga y de Europa gracias a dos dianas que tuvieron como colaborador involuntario a un errático Alaba y emerger una vez más casi sobre la bocina de la mano de un indesmayable Oyarzabal, después de que Bellingham y Tchouaméni golpeasen las esperanzas del cuadro de Imanol Alguacil, pero que acabó rindiéndose al máster en supervivencia de un Real Madrid de frenopático.

Real Madrid

Lunin, Lucas Vázquez (Modric, min. 79), Asencio (Arda Güler, min. 106), Alaba (Rüdiger, min. 91), Camavinga (Fran García, min. 91), Valverde, Tchouaméni, Bellingham, Rodrygo (Brahim, min. 106), Endrick (Mbappé, min. 66) y Vinicius.

4

-

4

Real Sociedad

Remiro, Aramburu (Traoré, min. 79), Zubeldia, Aguerd (Elustondo, min. 27), Aihen, Sucic, Zubimendi, Pablo Marín (Olasagasti, min. 91), Kubo (Mariezkurrena, min. 106), Oyarzabal y Barrenetxea (Sergio Gómez, min. 68).

  • Goles: 0-1: min. 16, Barrenetxea. 1-1: min. 30, Endrick. 1-2: min. 72, Alaba, en propia puerta. 1-3: min. 80, Oyarzabal. 2-3: min. 82, Bellingham. 3-3: min. 86, Tchouaméni. 3-4: min. 90+3, Oyarzabal. 4-4: min. 115, Rüdiger.

  • Árbitro: Alberola Rojas (Comité Castellano-manchego). Amonestó a Aramburu, Oyarzabal, Camavinga y Olasagasti.

  • Incidencias: Partido de vuelta de semifinales de la Copa del Rey, disputado en el Santiago Bernabéu.

Tener la final a un golpe de riñón no alteró el cuaderno de bitácora de Ancelotti, que mezcló a los centuriones que pasaron por la sala de rehabilitación ante el Leganés con un pelotón de habituales reservistas encabezado por Endrick, el artillero de la Copa. Si en el feudo donostiarra Carletto experimentó con Asencio como ortopédico lateral derecho, aunque sin éxito, esta vez fue a Camavinga a quien le tocó recuperar la condición de postizo lateral izquierdo para confrontar su exuberancia física con el duende de Kubo, un diablo con cara de ángel.

La apuesta de Imanol, en cambio, se rigió por la ortodoxia. El preparador de Orio refrescó los laterales, fortaleció la espina dorsal del cuadro donostiarra con el regreso de Aguerd al eje de la retaguardia y de Sucic al centro del campo y completó el frente ofensivo con otro retorno, el de Barrenetxea. Al mando de las operaciones, Zubimendi, foco de atención en el escaparate del Bernabéu.

El duelo se presentaba como un nuevo examen sobre la capacidad de alerta del Real Madrid, que demostró una vez más que es mucho mejor recaudador que administrador de rentas. Dieciséis minutos le duró en esta ocasión el botín que obtuvo en Anoeta, dilapidado en cuanto Barrenetxea volvió a desnudar las carencias defensivas de Lucas Vázquez. Superó por bajo a Lunin el extremo de la Real Sociedad para castigar la haraganería de los blancos y devolver la eliminatoria a su punto de partida.

Sucede que a la abulia de la tropa de Ancelotti acompaña un arsenal ofensivo que viola las estipulaciones de cualquier tratado de control armamentístico, lo que permitió al Real Madrid reponerse del mazazo con la facilidad acostumbrada. Bastó para ello que Vinicius levantase el periscopio, atisbase el desmarque de Endrick y metiese un pase con el exterior que dejó sin capacidad de reacción a Zubeldia y a Elustondo, relevo este último de un Aguerd que llegó entre algodones a la cita y la abandonó pronto para regresar a la enfermería. Recogió la asistencia magistral de su compatriota el cañón de Taguatinga y resolvió ante Remiro con una vaselina. Antes, todavía con 0-0 en el marcador, había facturado una chilena que salió rozando al palo.

Dos caras

La pegada del '16' y la ubicuidad de Bellingham levantaron a un Real Madrid chato atrás pero poderosísimo arriba. Y es que las algarabías ofensivas de la soldadesca de Ancelotti contrastaban con un pasotismo defensivo insultante que aprovechó la Real Sociedad para asestarle otro par de mandobles a los blancos que hundieron a Alaba. Tuvo mala suerte el austríaco en los dos goles que pusieron a la Real Sociedad a pensar en preparar el viaje a La Cartuja, aunque sobre todo quedó retratada la desidia de un conjunto que solo juega cuando le apetece.

Tuvo que verse de nuevo contra las cuerdas la escuadra de Ancelotti para sacudirse la galbana, meter la directa y cambiar la tragedia por el suspense. Salió al rescate primero Bellingham con la ayuda de Vinicius y apareció después Tchouaméni a la salida de una acción de estrategia para darle la vuelta de nuevo a la eliminatoria en un alocado tramo final en el que Oyarzabal devolvió a la vida a la Real Sociedad pulsando de nuevo la vulnerabilidad de Alaba y en el que Remiro impidió que Bellingham pusiese la puntilla a los donostiarras.

Se agarró a su formidable guardameta la Real Sociedad para alcanzar una prórroga que recrudecía el castigo físico de un Real Madrid que ya tuvo que afrontar otra en octavos de Copa ante el Celta y una más en octavos de la Champions contra el Atlético. Mucho se quejan los blancos del desgaste, pero en semejante peaje también pesa mucho la displicencia que les acompaña en tantos viajes.

Sacaron a relucir su capacidad de sufrimiento en el tiempo extra tanto el Real Madrid como la Real Sociedad, que debe agradecer que Alberola Rojas indultase a Olasagasti tras una intempestiva entrada a Vinicius que mereció la expulsión del canterano de Zubieta, pero que acabó rindiéndose a un cabezazo de Rüdiger que mete en otra final a un equipo que solo se engancha a base de épica.

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