GUILLEM SANCHIS
Sábado, 27 de diciembre 2014, 23:30
valencia. Álvaro jugó ayer los últimos pelotazos de su gloriosa carrera deportiva. El adiós del 'bou' de Faura llenó hasta los topes el trinquet Pelayo de Valencia. Fue una despedida a lo grande, el broche de oro soñado por el jugador, que cuando se planteó el anuncio de la retirada ya tenía en mente todos los detalles. No le ha podido salir mejor la gira de despedida, y ayer la familia de la pilota fue unánime en el reconocimiento a un pilotari que ha cambiado para siempre este deporte por su obsesión por la preparación física.
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Mucho antes de que empezasen los homenajes y reconocimientos, la escala del trinquet ya estaba llena de aficionados llegados de todos los puntos de la geografía valenciana. Nadie quería perderse el espectáculo.
Hubo también pleno de autoridades, con representantes de la Generalitat, Diputació de València, ayuntamiento de la ciudad, de Faura, de la Federació de Pilota Valenciana, de la empresa Val Net, y de medios de comunicación, además de algún que otro obsequio a título particular.
Álvaro saltó al trinquet con el público puesto en pie y recorrió el pasillo que formaron sus compañeros, pilotaris y expilotaris, que quisieron estar a su lado en un trance que para otros sería traumático, pero que el de Faura califica sinceramente como un alivio. Los últimos meses no han sido fáciles. Sus poderes entraban en un suave aterrizaje, y Álvaro no quería verse bajando escalones. Ahora afronta el día después con tranquilidad, asegura. Ayer por la noche hubo cena de jugadores y amigos, y muchos le animaban a desmelenarse y celebrarlo a lo grande. Él respondía que quería salir a correr a primera hora de la mañana de hoy.
Al final del pasillo formado por los pilotaris antes de la partida se encontraba Paco Cabanes 'Genovés'. El abrazo que se dieron ambos fue el momento culminante de la tarde. Pelayo se vino abajo cuando Álvaro levantó el brazo de Paco, reconociendo que en el Olimpo hay muchos dioses, pero Genovés sólo hay uno.
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Después, Paco y su hijo José Cabanes 'Genovés II' le entregaron una foto enmarcada de los dos pilotaris en el trinquete de Sagunt y, de nuevo, los decibelios se dispararon. Los últimos 40 años de la pilota se resumían en carne y hueso, con el de Faura de blanco por última vez.
Cerró los actos de homenaje el propio Álvaro, que se dirigió al público para reiterar su mensaje de agradecimiento y perdón: «Gracias a todos. Haberme aguantado durante 22 años es para haceros un monumento. Pido perdón a mis compañeros por si alguna vez les he dicho una mala palabra, y a la gente del público, de la escala, por si alguna vez he tenido un mal gesto. Os pido perdón de todo corazón», acertó a decir, emocionado.
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También hizo un llamamiento a los no habituales en el trinquete, que ayer fueron legión en Pelayo: «Hacéis falta todos, espero que muchos de los que venís por primera vez os quedéis. Yo ya me daría por satisfecho con eso», dijo el jugador, que no pudo contener las lágrimas al hablar de Faura, y se despidió con un «hasta siempre».
Despedida de rojo
Cuando finalizaron los reconocimientos empezó la partida, un encuentro que reproducía la última gran rivalidad de la escala i corda: Álvaro contra Genovés II. Ayer se rompió en Pelayo una norma no escrita, la de que el trío siempre va de azul cuando se mide a una pareja. La organización hizo la excepción porque el rojo campeón ha sido siempre el color del de Faura.
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El encuentro empezó de forma eléctrica, con los dos equipos afinados, como si estuviese en juego un Circuit Professional. Pero lo cierto es que la pareja formada por Genovés II y Javi se escapó desde el iguales a 25, cerrado con un quince que hizo levantarse de sus asientos a los espectadores, que se frotaban las manos ante lo que se avecinaba.
En el siguiente juego empezó el recital de Genovés II, que dibujó los mejores quinces de la tarde para escaparse en el marcador. También le ayudó, y mucho, Javi. En el bando rival, a partir de la igualada a 25 y la mejora de la pareja, se apagaron todas las luces. Poco a poco, los tres jugadores perdieron la inspiración y la partida mutó en un monólogo de los de azul. El resultado del encuentro, sin embargo, no empaña un adiós ejemplar de una de las máximas figuras de la historia.
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Álvaro eligió Pelayo por su significado, por su historia, por estar en la capital. También porque este legendario trinquet fue su gran feudo, donde conquistó buena parte de los títulos individuales en su carrera, y también por equipos. Su paso por este trinquete, por Guadassuar, por Vila-real y por el frontón Barón de Cheste ponen el punto final a la gloriosa carrera del primer gran atleta de la pilota valenciana.
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