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La disponibilidad de nuevas variedades de cítricos que contribuyan a ampliar el abanico de la oferta siempre es de gran interés entre los citricultores, máxime ... si se trata de opciones con calidad acreditada y opciones de cubrir huecos de mercado. Y éste es el caso ahora de la mandarina Vera, que se viene presentando como una novedosa opción de calidad y con buenas perspectivas comerciales, pero en cambio no se dispone aún de plantones para que los agricultores puedan empezar a cultivarla. Una vez más, la acostumbrada contradicción: tenemos cosas de interés, pero los responsables retrasan la decisión de sacarlas para que los viveros puedan multiplicar el material ya saneado y se pongan a producir plantones que a continuación adquieran y planten los citricultores interesados.
En el Instituto Valenciano de Investigaciones Agrarias (IVIA) radica la responsabilidad de decisión, de entregar ya a los viveros el material necesario (varetas de injertos) para su rápida multiplicación; por tanto, es competencia de la Conselleria de Agricultura, de la que depende el citado centro de investigación.
Al parecer el retraso se debe sobre todo a una falta de acuerdo interno sobre la cuantía de los royalties, por planta o superficie, que deberán pagar los futuros productores y el consiguiente reparto entre quienes ostenten derechos de obtención. Porque ésta es una variedad registrada (o patentada), como tantas otras, y de igual modo habrá que abonar royalties, aunque se espera que sean moderados, al tratarse de una institución pública. Pero lo más importante es que se actúe ya con la necesaria rapidez, porque en caso contrario se sabe lo que ocurre: acabamos devaluando lo propio, aunque sea de calidad, mientras que el interés se desvía hacia la adquisición de variedades que entran de fuera a cualquier precio y con dudas de calidad, pero con la evidencia de lo ya disponible.
Vera es hija de Clemenules y otro mandarino (no es del todo seguro de cuál porque ocurrió por polinización abierta). En el proceso de verificación y estudio en el IVIA y la Estación Experimental Agraria de Vila-real se ha comprobado durante años su gran calidad (como la madre) y productividad, así como su precocidad (maduración óptima a primeros de octubre). Al ser híbrido triploide no puede contener semillas en caso de polinización cruzada ni provocarlas en otras variedades colindantes. Sus ramas no tienen espinas ni presentan agallas multiyemas, característica negativa en otras clementinas precoces, a las que supera además con mucha mayor calidad gustativa y contenido de zumo (más del 50%). No sufre alternaria y el único problema fisiológico potencial apreciado es el rajado de algunos frutos, lo que se resuelve con tratamientos de giberélico y calcio en primavera. Ahora solo falta que el IVIA entregue el material de multiplicación a los viveros para que puedan producir plantones, se cumplan las expectativas generadas y se pruebe su cultivo en múltiples ubicaciones, con distintas combinaciones de patrones, suelos, agua y climas.
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