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Gabriel Echávarri, Susana Díaz y Ximo Puig, al inicio del mitin celebrado ayer en la antigua cochera de tranvías de Alicante como cierre de la campaña provincial.
Susana Díaz se pone de ejemplo para dejar solo dos opciones: el PP o el PSOE

Susana Díaz se pone de ejemplo para dejar solo dos opciones: el PP o el PSOE

La presidenta andaluza pasa de puntillas sobre la corrupción y le recuerda a Puig que «hay que renovar»

José Vicente Pérez Pardo

Viernes, 22 de mayo 2015, 01:17

La presidenta en funciones de Andalucía, Susana Díaz, puso como ejemplo su situación de bloqueo institucional en el Parlamento regional para mostrar la necesidad del bipartidismo. Redujo la dicotomía electoral en la Comunitat Valenciana a dos opciones: el PP o el PSOE, «Fabra o Ximo, los que gobiernan para los de siempre o para todos».

De esta manera, eliminó de un plumazo el nuevo escenario político tan diversificado que las encuestas apuntan. De las nuevas formaciones como Podemos o Ciudadanos, «a la primera oportunidad que han tenido han demostrado que se han puesto en el pelotón detrás de Rajoy, haciéndole la pelota». Se refería a si misma, ya que ninguna formación la ha apoyado como presidenta, al no obtener la mayoría absoluta. No obstante, auguró que será presidenta «se ponga Rajoy como se ponga», a pesar de que no solo el PP no la apoya, tampoco el resto.

La también secretaria general de la federación más numerosa fue la gran estrella del mitin central de campaña del PSPV en Alicante. Los socialistas reunieron un millar de personas en la antigua cochera de tranvías, en el alicantino barrio de Babel, para escuchar al candidato a la Alcaldía de Alicante, Gabriel Echávarri; a la invitada Susana Díaz y al líder del PSPV, Ximo Puig, que cerró el acto por deferencia de la lideresa andaluza. Un gesto a su «amigo» Ximo Puig, a quien no paró de elogiar. También acudieron los candidatos socialistas de toda la provincia a este mitin.

Citó a Antonio Machado, andaluz como ella, para decir que Puig es un hombre «honesto», capaz de «sentir lo que siente su pueblo». Se permitió darle varios consejos al candidato valenciano como que mime a los autónomos y comerciantes, «que son los que levantan la persiana y los fríen a impuestos». También a la clase media, «que se ha empobrecido». Y se dirigió directamente a Ximo Puig: «Hicimos algo muy grande en los 80, pero hay que renovar». Uno ya estaba, la otra no.

De entre lo mejor de la etapa socialista de Felipe González, Díaz destacó la sanidad universal, pero también la educación. La presidenta andaluza utilizó un discurso muy cercano, de tal forma que a veces parecía que hablaba el primer Felipe. Comentó anécdotas de la Casa del Pueblo, de sus abuelos, de que ella fue la primera universitaria de su familia. Con todo ello, se llevó al público de calle durante el mitin y también después. Se pasó más de veinte minutos rodeada de admiradores, haciéndose fotos con ella y dándole besos. Puig miraba desde el estrado y Echávarri la esperaba en un lado.

«Nuestra bandera», dijo Susana Díaz, «es la igualdad», un detalle que rescató de la etapa de Zapatero. Pasó debe puntillas sobre la corrupción, que afecta también a Andalucía con numerosos casos como los ERE, Mercasevilla, los cursos de formación o Aznalcóllar. Sólo hablo tangencialmente de que en la papeleta socialista iba también la transparencia, porque «en política no se puede ganar dinero» y quien lo quiera «que lo haga fuera».

«Ese es nuestro reto», lanzó a Puig.

El secretario general del PSPV recogió el guante y dobló la apuesta: «O Fabra es presidente o todos nosotros somos presidentes». Muy ufano estaba con el «pinchazo» del PP en la plaza de toros de Valencia y con algunos gritos de «presidente» que le llegaban del público.

Así lo resumió todo: «O izquierda o derecha, todo lo demás son cuentos chinos». Y no quiso comparaciones odiosas: «¿Cómo vamos a ser iguales los verdugos que las víctimas?», se preguntó Puig.

Ximo Puig no fue tan ambicioso como Díaz en lo demás. Se excusó en el 30% de exclusión social y que el PIB es doce puntos menos que la media nacional en la Comunitat como punto de partida. «Hay que intentar rehabilitar lo que hay», manifestó Puig poniendo como ejemplo la Ciudad de la Luz. Pidió a Fabra que pare la subasta.

La manera de salir de la crisis no es con más dinero, porque «la deuda no es progresista», ya que deja el pago «para los no nacidos».

Puig tampoco se comprometió mucho mas allá de prometer «devolver la dignidad a la política» porque está «harto» de la corrupción.

El candidato socialista a la Alcaldía de Alicante, Gabriel Echávarri, abrió el acto con un discurso de cifras y propuestas. Volvió a anunciar que su primer decreto será la apertura de comedores escolares, que costará 400.000 euros, que quitará a los adornos florales.

También anunció que los 3.500 pisos vacíos que calculan que hay en la ciudad se cederán para realojo de desahuciados. Por lo menos, los que sean de bancos. «Si no, no trabajarán con el Ayuntamiento».

Quiso recordar al auditorio que la candidata popular, Asunción Sánchez Zaplana, «era y es la consellera del copago».

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